Por Joseph Treviño

La Estrella de Tucsón

Provisto de un aparato respiratorio, el señor Richard Aros, de 73 años de edad y recuperándose de una serie de enfermedades, recibe pocas visitas y vive solo en su departamento en el sur de Tucsón.

Pero este martes, Aros no está solo en su casa en Court Blanche –un complejo habitacional para personas de edad avanzada-, pues lo acompaña Héctor Mendoza, un señor vivaz de Sonora, quien suele acompañarlo en paseos, visitas al doctor y a hacer ejercicio. Mendoza pertenece a un equipo pequeño pero comprometido de adultos mayores que tienen una meta en común: apoyar a otras personas de la tercera edad que requieren de ayuda, como Aros.

“Héctor es muy amable”, dijo Aros, mientras reposaba en su mullido sillón, en su limpia y moderna sala ante un televisor de pantalla gigante, donde arriba descansa un retrato de su esposa, fallecida hace algunos años. “Me trae mucha alegría”.

Mendoza y otros 43 voluntarios forman el equipo de “Senior Companions” (Amigos Acompañantes), quienes van por toda la ciudad ayudando a personas de la tercera edad que están demasiado frágiles para ayudarse a sí mismos o que han sido declarados incapacitados por alguna enfermedad crónica.

Los Amigos Acompañantes, dijo Frances Coleman, directora del programa para Our Family Services, data desde la administración del entonces presidente Richard Nixon, quien viendo que cada vez más y más personas de la tercera edad no tenían nadie que viese por ellas y terminaban en asilos, impulsó el programa federal a principios de la década de los setentas.

La soledad es mala consejera

El programa se instaló en Tucsón desde hace 12 años mediante Our Family Services, una agencia no lucrativa con base en el 3830 de East Bellevue. Los Amigos Acompañantes son reclutados de la misma comunidad, dijo Coleman.

Más de la mitad de los Amigos Acompañantes -25 de ellos- son bilingües y varios de ellos hablan exclusivamente español, dijo Coleman. Los directores buscan que tanto los acompañantes como las personas que reciben la ayuda se compenetren, por lo que es importante el idioma y que las personas tengan una cultura similar.

Los acompañantes laboran un promedio de 25 horas por semana, sin tomarse vacaciones, dijo Coleman. Tanto para la persona incapacitada o agobiada por los problemas de salud que suelen venir con una edad avanzada como para sus familiares, el cuidar de ellos suele estar lleno de estrés, pues los hijos o seres queridos tienen que conllevar sus obligaciones diarias con su cuidado, dijo Coleman.

“Esto permite que el senior se quede en su casa y nunca tenga que terminar en un asilo. Mucha gente termina ingresada porque no hay nadie que los cuide o los familiares están sobre estresados y ya no pueden seguir”, dijo Coleman, quien ha trabajado por más de 30 años.

Coleman gusta citar de un estudio de la Universidad Brigham Young, de Utah, y de otro realizado en Inglaterra que concluyeron que la soledad es más mala para la salud que fumar 15 cigarros por día y peor que la obesidad y que no hacer ejercicio, especialmente para las personas mayores.

Coleman asegura que para combatir la soledad que aqueja a muchas personas mayores y para ayudarlas en sus tareas están gente como Mendoza, un ex músico de boleros jubilado todavía con dejos de galán mexicano de la época de los tríos. Mendoza, quien antes de jubilarse era un guitarrista de tríos, ahora orgulloso se ha convertido en un amigo acompañante de señores como Aros.

O ahí está Irma López, quien a sus 75 años de edad, esta ex carpintera oriunda de Nogales, Sonora, conduce en su carro a otras señoras que padecen de varios males a la farmacia o las saca a pasear. Hace 10 años, López padecía de depresión, pero cuando comenzó a trabajar como Amiga Acompañante, el saber que ayudaba a otros le trajo la felicidad que no había encontrado.

Dijo: “Ser Amiga Acompañante también me ayudó a mí”.

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