Hasta donde la maestra jubilada Dora Martínez puede recordar, amigos y familia siempre se han reunido en la casa de su familia en el sur de Tucsón para venerar a la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre. Es una tradición iniciada por su ya fallecida madre, Juanita Martínez, devota creyente de la Virgen de Guadalupe, la santa patrona de México y las Américas.

En abril, Dora Martínez se fue a Japón para dar clases de inglés durante un año. Fue difícil dejar a su familia, especialmente a su papá, Alejandro Martínez. Y conforme la primavera en Japón se convirtió en verano y después en otoño, Martínez pensó en el noveno aniversario de la muerte de su mamá, el cual estaría seguido por las celebraciones anuales del 12, con el mariachi y el cariño de todos.

Esta sería la primera vez que ella no estuviera presente. Les dijo a su familia y amigos que no regresaría.

Pero el martes 12 de diciembre, en el cuarto trasero de la casa de los Martínez, el cual también es una capilla, Dora Martínez estaba sentada a un lado de su papá mientras rezaban el rosario con sus invitados y cantaban “Las Mañanitas” a la Virgen.

“No quería que mi papi estuviera solo”, dijo Martínez. “Esto es muy importante para mí”.

Los lazos familiares, la tradición y el claro llamado de su mamá y de la Virgen Morena trajo a Dora Martínez de regreso a casa para participar del amor y las conexiones creadas por su familia durante más de 50 años en el barrio Mission Manor por la Avenida 12 y Valencia Road.

“Tenía que venir a casa”, dijo.

En muchas casas e iglesias de Tucsón, del estado, y del resto del país, y a lo largo de México y los países de Latinoamérica, la fe se hace presenta las noches del 11 y 12 de diciembre para honrar a la Virgen, de quien se dice que se apareció milagrosamente a Juan Diego en la Ciudad de México en 1531. Rezan y realizan procesiones, cantan y comparten comida.

Aunque la Virgen de Guadalupe se ha convertido en un ícono cultural omnipresente –su imagen aparece en bolsas para el súper, en cortinas, camisetas e innumerables artículos-, sigue teniendo una poderosa fuerza religiosa, e incluso sociopolítica. La gente invoca su nombre. Pide su intercesión. Incluso los que no so son religiosos están apegados a ella.

“Yo no soy una persona religiosa”, dijo Dora, “pero veo a la Virgen de Guadalupe como una conexión cultural muy fuerte”.

La familia Martínez empezó a realizar su noche anual de devoción en cuanto se mudaron a esa casa. Dora Martínez dijo que su mamá escogió específicamente esa calle para vivir por el nombre: Santa Maria. Con el paso del tiempo, conforme la reunión fue atrayendo a más gente, Alejandro Martínez, empleado de construcción y soldado de infantería de combate en la Segunda Guerra Mundial, merecedor de una Estrella de Bronce, agregó un cuarto a la casa para que cupiera la gente y después cerró el patio para crear un espacio más grande.

La noche del martes 12, la casa estaba llena, con unas 50 personas. “Así es como me gusta”, dijo Dora.

Una extensión de luces coloridas enmarcaba el techo y había una tira de luces detrás del altar. En la parte superior del altar, cubierto con un mantel blanco, había imágenes de la Virgen, otras figuras religiosas, flores, un pequeño crucifijo y una gran foto de Juanita Martínez cargando a una de sus nietas. Una imagen más grande la Virgen, réplica de la que está en la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, estaba a un lado.

Antes de que Juanita muriera, la familia quitaba el altar después del día 12. Ahora permanece ahí todo el año.

Y por toda la casa hay numerosas imágenes religiosas en las paredes, en la repisa de la chimenea, en las mesas, entre ellas, 64 imágenes de la Virgen. También hay otro tipo de imágenes, como más de 10 posters enmarcados de la Conferencia del Mariachi de Tucsón. La música de mariachi es muy cercana a la veneración de la Virgen. El hermano mayor de Dora, Roberto Martínez, fue integrante por muchos años del Mariachi Cobre, creado en Tucsón y actualmente establecido en Florida.

La noche del 12 estuvo dedicada a la Virgen, pero también fue una noche para recordar la generosidad de Juanita Martínez. Dora dijo que su madre siempre ayudó a los demás. Era incansable, dijo Dora Martínez. “Era una súper mujer”.

Cuando la muerte empezó a rondarla, Juanita Martínez le pidió a su familia que siguieran siendo devotos a la Virgen. Pero fue algo más que un deseo de muerte, dijo Dora. Su mamá les pidió que se lo prometieran.

Así es que cuando Dora se subió al avión que la traería a casa, se embarcó en una peregrinación personal. Estaba cumpliendo su promesa a su madre y a la Virgen de Guadalupe.

Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al 573-4187.