Denise Chávez tiene comezón.

Es la comezón por escribir historias de la gente. No historias de cualquier persona sino cuentos sobre gente normal, de clase trabajadora, que vive en pequeños pueblos al norte de la frontera entre México y Estados Unidos. Los personajes de Chávez, conforme los va desarrollando, y como es de esperarse, tienen todos ellos sus propias comezones.

“Esta es gente real”, dijo la autora Denise Chávez, de Las Cruces, Nuevo México, un poblado sobre la carretera Interestatal 10, cerca de las mucho más grandes ciudades de El Paso, Texas, y Ciudad Juárez, Chihuahua.

Chávez regresa a Tucsón para el Festival del Libro en la Universidad de Arizona.

Participará en un taller de escritura el sábado 14, y el domingo 15 sostendré una una conversación pública con ella bajo la carpa de Nuestras Raíces a las 2:30 p.m. en el Mall de la universidad.

El más reciente libro de Chávez es “The King and Queen of Comezón” (El Rey y la Reina de la Comezón”) publicado el año pasado por la Editorial de la Universidad de Oklahoma. Chávez fue juez en la categoría de poesía del Festival del Libro de este año.

Entre su obra de ficción se incluye “The Last of the Menu Girls” (La última de las chicas Menu), una colección de cuentos cortos publicada por la Editorial Arte Público en 1986, y las novelas “Face of An Angel” (La Cara de un Ángel) en 1994 y la aclamada “Loving Pedro Infante” (Enamorada de Pedro Infante), del 2001, ambas publicadas por Farrar, Straus & Giroux.

Ha ganado varios premios, incluyendo el American Book Award y el Premio Aztlán Literary Prize. También ha escrito poesía y obras de teatro; impartió cátedra de escritura creativa en la Universidad Estatal de Nuevo México y fue directora artística del Festival del Libro de la Frontera en Las Cruces durante más de 25 años.

Ahora ella y su esposo son dueños de una librería y galería de arte.

Chávez nació y ha vivido casi los 66 años de su vida en Las Cruces. Los personajes que habitan sus historias son de su rincón de Nuevo México, pero podrían ser de cualquier pueblo fronterizo. Son “reales” en la fértil imaginación de la escritora de estas tierras, quien ha captado como nadie las peculiaridades y el patetismo de las comunidades fronterizas.

“Estos son personajes de nuestra realidad fronteriza”, dijo Chávez en una plática telefónica desde Las Cruces.

Igual que en sus conversaciones y sus historias, Chávez alterna entre el español y el inglés. Su lenguaje refleja los 150 años de fertilización cruzada de las realidades norteamericanas y mexicanas creadas y cimentadas a lo largo de la frontera.

Aunque mucha de la ficción y no ficción de la frontera es ocupada ahora por la inmigración, el narcotráfico y la militarización de más de 3,200 km en la región, Chávez se mantiene alejada de los titulares y se concentra en la cultura, el género y las clases económicas y raciales. Y sus temas son presentados con humor, a veces pícaro.

“Yo no quiero golpear a la gente en la cabeza”, dijo. Prefiere doblar a los lectores de la risa.

Quien en alguna época fue mesera durante seis años, Chávez con frecuencia utiliza bares y restaurantes como escenarios en los que sus personajes pasan gran parte de su tiempo soñando, quejándose, huyendo o ligando.

En “Comezón”, uno de sus personajes principales, Arnulfo Olivárez, halla refugio en Mil Recuerdos Lounge. Huye de la tristeza y la decepción de su casa con su sufrida esposa, Emilia, y sus hijas Juliana, quien está enamorada del Padre Manolito, el presumido sacerdote español del pueblo, y Lucinda, quien está enamorada del poco confiable Ruley Terrazas, hijo del aún menos confiable Cuco “Matamosca” Terrazas, jefe de la policía.

Y hay más personajes, todos ellos con sus propias comezones.

Entre mejor escritora es, Chávez evoluciona y crece. Más de su escritura, dijo, “estará más anclada en su tierra”. Tendrá raíces más profundas en las historias y experiencias de su familia.

Se siente en deuda con sus antepasados, con su madre (cuya imagen engalana la portada de “Comezón”) y sus dos hermanas, una de las cuales murió hace dos años.

Su comezón es por explorar y descubrir cuentos e historias de su familia y transformar los cuentos en ficción y no ficción. Esa es su manda, su compromiso, dijo.

Si no es ella, ¿quién escribirá las historias de su familia?

“Siento una deuda con mis antepasados”.

Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al (520) 573-4187. En Twitter: @netopjr.