En la nueva película de Pixar, “Coco”, hay una escena en la que la abuela estruja cariñosamente a su nieto Miguel, un niño que aspira a ser músico y que confronta el disgusto de su familia hacia su sueño musical. En otra escena, la abuelita se quita la chancla cuando encuentra a Miguel platicando con un mariachi y amenaza al espantado músico con un temible chanclazo.

Marcela Davison Avilés ve esas dos escenas y muchas otras del exitoso filme, que rinde homenaje a la tradición mexicana del Día de los Muertos y a los lazos familiares, y siente una profunda satisfacción. “Siento que derramé mi corazón nogalense en este proyecto”, dijo Davison, hija de inmigrantes mexicanos.

Y así fue.

Davison, nacida en Nogales y criada en Tucsón, fue la principal consultora cultural que ayudó a Disney, compañía que alberga a Pixar, a que “Coco” quedara bien. La película es un rotundo éxito comercial. Ha roto récords de taquilla en México desde su estreno en octubre y por tres semanas consecutivas ha sido la de mayor recaudación en Estados Unidos desde que empezó a exhibirse el mes pasado. Además, a la película le ha ido excepcionalmente bien en Europa y es todo un éxito en China.

Su éxito desbocado ha demostrado que una película que no presenta personajes de piel clara ni ojos azules puede atraer a una audiencia mundial. “Coco” está basada en la cultura mexicana y en imágenes que los espectadores, principalmente latinos, y un amplio número de críticos cinematográficos han adulado por su autenticidad y su honestidad.

“Coco” es una película histórica para Disney, que no hace mucho tiempo luchaba ante legítimas críticas de ignorancia y apropiación cultural. Y una buena parte del mérito corresponde a Davison y a su equipo de consultores, que incluye al caricaturista editorial Lalo Alcaraz y al dramaturgo Octavio Solís, quienes fueron contratados específicamente para ayudar al equipo creativo, donde estaba del codirector de la película Adrián Molina, a captar de forma certera el espíritu y las sensibilidades de la cultura mexicana.

Para lograrlo, Davison hurgó profundamente en sus recuerdos fronterizos de Nogales. La película no trata de narcotraficantes cruzando la frontera ni de inmigrantes indocumentados, dos de los temas candentes de la política actual, sino de las conexiones familiares y la devoción y del amor a las tradiciones y a los ancestros. Es sobre los valores familiares que Davison, egresada en 1976 de Rincon High School, aprendió desde niña y sigue practicando en su vida adulta con su familia en el sur de Arizona y en México.

“Traté de ayudar a mis compadres y comadres de Pixar a entender que en Nogales todo mundo era cariñoso”, dijo Davison acerca de la comunidad amorosa durante una entrevista telefónica el mes pasado desde su oficina en el norte de California, donde maneja su empresa de consultoría The Chapultepec Group.

La conexión cultural entre el sur de Arizona y el Sur de California no es nada nuevo. Desde el músico Lalo Guerrero hasta la cantante Linda Ronstadt, ambos de Tucsón, y ahora con Davison, los arizonenses del sur han influenciado nuestras piedras de toque latinas emanadas de Los Ángeles, una meca cultural.

El papá de Davison trabajó en la Base de la Fuerza Aérea Davis-Monthan. Pero ella pasó innumerables fines de semana y días de verano en la casa de su nana materna, Consuelo Escalada de Avilés, quien vivía en Crawford Street en Nogales, Arizona, a un par de cuadras de la línea fronteriza, desde donde los agentes estadounidenses de inmigración saludaban a la abuela de Davison por su nombre. Davison también pasaba tiempo con sus primos en Sonora. Sus raíces mexicanas se extienden a Guadalajara, donde nació su mamá y donde su abuelo era charro.

Aunque “Coco” es un reflejo general de la infancia de Davison, es la abuelita de Miguel en la película la que le recuerda mucho a su Mamá Consuelo: una mujer fuerte, la matriarca que mantiene unida a la familia con su amor, sabiduría, dedicación y su chancla.

“Puedo escuchar a mi abuela diciéndome ‘malcriada’”, dijo una nostálgica Davison.

En “Coco”, la abuelita es universal. La abuela de Miguel cruza las líneas raciales y étnicas. Es la nana de todos.

Pero la autenticidad de Miguel, de su nana y su familia, y de sus ancestros a los que visita en el otro lado, quizá no habría sido tal sin la percepción que Davison y sus colegas imprimieron al proyecto.

A Davison, quien ya había sido consultora de Disney en varios proyectos de televisión, le pidieron que se uniera al proyecto en el 2013. El filme, que aún no tenía título y del que sólo se sabía que sería una cinta animada sobre el Día de los Muertos, estaba en desarrollo.

Disney, ajeno a la historia y la sensibilidad cultural, intentó resevar los derechos de “Día de los Muertos”. Le llovieron las críticas. Uno de los más voraces fue Alcaraz, creador de la tira cómica “La Cucaracha”, que satirizó a Disney con un Mickey Mouse parecido a Godzilla llamado “Muerto Mouse”.

Davison dijo que ella no dudó sobre incorporarse al entonces controversial proyecto. Lo vio como una oportunidad de ayudar a Disney a enderezar el barco ante la comunidad latina y ser parte de un proyecto que dejaría un legado. Pensó que ella podía navegar las turbulentas aguas culturales de Disney con sus conocimientos y habilidades para ayudar al equipo de Disney y a Pixar a cerrar la brecha.

“Sentí que desde el primer día yo lo haría bien”, dijo. “Era mi trabajo traerlos de regreso y ayudarlos a entender”.

Davison se prometió a sí misma y a Disney/Pixar que el equipo de consultoría cultural sería transparente y cándido. Pero agregó que no sacrificaría su integridad ni la de sus compañeros consultores a expensas del filme.

“Todos sentimos que era una historia en proceso”, dijo Davison.

Y la historia salió bien.

Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al 573-4187.