Ernesto Portillo Jr. / La Estrella de Tucsón

Karina Orduño y su hija Alin Rodríguez son líderes en programas de la YWCA.

Ernesto Portillo Jr. / La Estrella de Tucsón

La Navidad les llegó con una semana de anticipación a unas 70 inmigrantes latinas.

Cada una de ella recibió algo, pero no eran regalos, por lo menos no del tipo de regalos que uno compra en una tienda u ordenar en línea. Estas mujeres trabajaron por eso que orgullosamente llegó a sus manos: certificados por sus logros.

Las mujeres, casi todas nacidas en México, habían participado en el Instituto de Liderazgo para Latinas, ofrecido a través del Centro para las Oportunidades Económicas de las Mujeres en la YWCA del Sur de Arizona. El sábado 16 de diciembre, las mujeres, la mayoría de quienes iban acompañadas por integrantes de sus familias, escucharon su nombre mientras caminaban al frente para recibir un abrazo.

“Ustedes son el corazón de esta organización”, dijo Alba Jaramillo, directora del instituto, a las mujeres en sus palabras de apertura. “Ustedes son el movimiento”.

Todas estas mujeres llegaron al país sin saber el idioma. Se esforzaron por encontrar trabajos y mantener unidas sus familias mientras asistían a las sesiones semanales. Varias de ellas son indocumentadas, y algunas son víctimas de abuso sexual y violencia doméstica. Todas son firmes sobrevivientes.

Cada una tiene su propia historia y sus batallas, y todas comparten el camino común al crecimiento personal y profesional a través del programa de liderazgo que las hará más fuertes para llevar cambios positivos a sus comunidades inmigrantes que han sido largamente difamadas.

“Ustedes son valientes y son líderes en la comunidad”, dijo Jaramillo en la YWCA, 525 N. Bonita Ave., a quienes en el futuro serán modelos a seguir.

Los talleres bilingües semanales abordaban diversos temas.

Algunas mujeres, habiendo completado diversas fases del programa, se ganaron el título de promotoras. Ellas darán asesoría y apoyo a mujeres que son víctimas de violencia doméstica. Otra sesión abordó en crecimiento personal y el manejo de las finanzas familiares. Una tercera se enfocó en el desarrollo profesional, incluyendo el abrir un negocio propio. El instituto también ofreció clases de ESL (Inglés como Segunda Lengua) y otras mujeres obtuvieron su GED, el certificado equivalente a la preparatoria, mediante el departamento de Educación para Adultos del Colegio Comunitario Pima.

Después de la ceremonia, Jaramillo escribió en su página de Facebook que el 96 por ciento de las egresadas del programa en los dos años anteriores han encontrado empleo, abierto o expandido sus negocios o regresado a la escuela para obtener su GED o hacer estudios superiores. Además, las egresadas han “creado un verdadero programa de becas y asesoría que abre espacio a otras latinas y otras mujeres inmigrantes hacia el liderazgo y a demandar justicia para nuestras mujeres inmigrantes en Arizona”, escribió. Adicionalmente, el programa enfatiza la defensa de los derechos de los migrantes y los trabajadores.

Muchas de las mujeres han participado en varios de los programas del instituto, subiendo cada vez más en la escalera.

Marlen Espinoza, quien recibió su certificado de GED y ha participado en varios talleres en los años pasados, llamó a sus compañeras a aprovechar al máximo los programas de liderazgo.

“No podemos quedarnos contentas con un paso o una clase”, las exhortó. “No, sigamos moviéndonos. Demos pasos, incluso si son pequeños”.

Para Ana P. Valdez, voluntaria líder del programa por más de un año, el programa de liderazgo es vital para el desarrollo de las mujeres en Tucsón. Incluso ha fomentado en ella el crecimiento como empresaria y defensora de víctimas de abuso doméstico.

“Es la cosa más enriquecedora que he hecho en mi vida”, dijo unos días antes del evento de graduación.

Para los mentores voluntarios, participar es su pasión, es su misión.

Imelda Esquer, madre de dos hijos quien además es estudiante en el Colegio Comunitario Pima y mentora, dijo “mi salario es la liberación femenina”.

El programa ha existido por casi 10 años, pero ha evolucionado en los dos años pasados, dijo Jaramillo.

“Hay un fuerte énfasis en en las asesorías y las becas, y ahora la capacitación y oportunidades en liderazgo son parte de cada una de las clases”, escribió en un correo electrónico. “Los programas ahora son dirigidos por pares y enseñados por las mismas mujeres”.

La construcción de confianza que lograron las mujeres es inconmensurable. Es la base para lograr más, para superar otros obstáculos, dijo Karina N. Orduño, otra líder voluntaria que ha estado en el programa durante cuatro años. Su objetivo es abrir un negocio y continuar su educación.

No son sólo mujeres adultas las que están involucradas. El instituto tiene un componente de liderazgo para las jóvenes. La hija de Orduño, Alín Rodríguez, una estudiante de 17 años de Flowing Wells High School, ha sido participante y líder juvenil durante tres años en el programa de madres e hijas y Y-Teens.

Para mantener el impulso, para asegurar el fortalecimiento de la comunidad y el desarrollo de nuevos y más líderes, Jaramillo instó a las egresadas a reclutar a familiares y amigas para la nueva serie de talleres que comenzará el 27 de enero.

Aquí es dónde y cómo comienza el cambio.

Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al 573-4187.