Era 1949, cuatro años después del final de la destructiva Segunda Guerra Mundial, y algunos chicos de los barrios de Tucsón estaban ansiosos por unirse a las filas militares.

“La mayoría de mis amigos del barrio, en Sur Tucsón, se estaban uniendo, y mis dos primos también”, dijo Edward Lovio.

El primo mayor de Gilbert Romero, veterano de la Segunda Guerra Mundial, lo animó a enlistarse. Y lo hizo, igual que su primo Henry Valdenegro; ambos eran de Barrio Viejo.

Se unieron a una unidad reservada de la Corporación de Marines (Marine Corps), conocida como Easy Company, el 13 Batallón de Infantería. Pero un año después, eso era cualquier cosa menos fácil, cuando más de 230 reservas de E Company fueron activados y enviados a la península de Corea para participar en una nueva guerra.

Los veteranos que sobreviven, quienes rondan los 80 años de edad, sus esposas, hijos y amigos, se reunieron el sábado 19 de julio en el salón del Marine Corps League Detachment, en East 29th Street, en Sur Tucsón, para reencontrarse unos con otros, actualizarse y recordar a aquellos que ya murieron.

Y como son tucsonenses y marines, se la pasaron muy bien, se tomaron sus cervecitas y contaron anécdotas. “El problema es que no podemos decir mentiras”, dijo Lovio, quien después de la guerra se unió al Departamento de Bomberos de Tucsón y se jubiló como jefe de batallón. “Todos estábamos ahí”.

Easy Company tiene un lugar especial en la historia de Tucsón. Esa unidad fue en buena parte integrada por chicanos, hijos y nietos de inmigrantes mexicanos. Se sentían tentados a enlistarse porque era algo que podían hacer y una forma de ganarse unos centavitos extra.

Lovio se unió un día después de haber cumplido 17, un año menos de la edad mínima. Sus dos primos también entraron a la reserva. Henry Parra tenía 18 y Albert Armenta 16. Nadie revisó las edades ni las firmas de los papás, dijo Lovio.

Una vez que los marines de Tucsón llegaron a la línea de batalla, crecieron rápidamente.

Cuando Lovio llegó el primero de abril de 1951 –después de haber cumplido los 18, porque su mamá informó al Departamento del Navy sobre su verdadera edad- fue enviado al frente como observador de avanzada para una unidad de artillería.

Un día, patrullando, una explosión en la parte posterior de su pequeña columna envió a Lovio volando por unos 4.5 metros (15 pies). La metralla en su lado izquierdo lo dejó fuera de acción durante dos semanas. Lo parcharon y lo enviaron de nuevo al frente.

Romero no volvió a la batalla después de que fue herido. Los médicos creyeron que estaba muerto.

Romero llegó a Inchon, Corea, el 15 de septiembre de 1950, en el aniversario de la Independencia de México. Para este soldado mexicoamericano, ese era un día de celebración. Pero en la guerra no había nada festivo.

A principios del siguiente año, luego de que la congelada zona de guerra empezara a ablandarse, Romero fue herido en la pierna y espalda. Pero en abril de 1951, vivió un milagro.

Una ametralladora roció su unidad en la ladera de un cerro. Una bala penetró su barbilla, destrozando su mandíbula y la mayoría de sus dientes. Una segunda ronda le perforó el pecho.

Romero fue evacuado en un helicóptero, pero el fuego enemigo lo derribó. Los soldados lo bajaron de la montaña en una camilla y lo pusieron en un camión.

El camión fue emboscado. Golpearon a Romero dos veces en su pierna derecha. El convoy se reanudó y fue atacado de nuevo. Una vez más lo hirieron en la pierna izquierda.

En el hospital de campo los médicos dijeron que Romero, quien iba inconsciente, no sobreviviría. Pero un auxiliar médico lo reconoció como compañero tucsonense y miembro de E Company de los Marines.

William Fisher, quien después trabajaría por muchos años como educador en el Distrito Escolar Unificado de Tucsón, puso un escapulario en las manos de Romero. Cuando llegó a un hospital militar en Japón, Romero, quien recibió dos condecoraciones del Corazón Púrpura, seguía aferrado al escapulario.

El sábado pasado, un guardia de honor presentó la bandera y se pasó lista a los 14 marines de E Company que han muerto desde su última reunión en el 2010: Ángel Angulo, Rudy Arriaga, Ángel Carranza, Robert Castro, Benny Cruz, Geo Granillo, Ernest Higuera, Héctor León, Héctor Morales, Marty Ramírez, William G. Valenzuela, George Oxman, William Fisher y Sam Carpio.

Con menos de 70 de sus elementos vivos, E Company va en descenso. Semper Fi.



Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón.