¡Gracias a la vida!... y a Michelle

2013-11-28T00:00:00Z 2013-11-28T13:53:35Z ¡Gracias a la vida!... y a MichelleVerónica Cruz La Estrella de Tucsón Arizona Daily Star

Uno de los puntos en la lista de cosas por hacer de Michelle Marmion Orozco es lograr una diferencia significativa en la vida de alguien. Esa oportunidad le llegó en septiembre.

Se dio cuenta de que era compatible para el trasplante de riñón que necesitaba su amigo de la preparatoria Tony Badilla. La operación se realizó a mediados de octubre.

“Creo que esto es lo que me permitirá quitar ese pendiente de mi lista”, dijo ella.

Michelle y Tony, ambos originarios de Tucsón, estaban en el mismo grupo en la preparatoria Cholla Magnet. La generación que egresó en 1987 era muy unida. Se unieron por la tragedia que vivieron a principios de su último año escolar, cuando dos de sus compañeros murieron en un accidente automovilístico.

Aun así, Michelle y Tony nunca fueron amigos cercanos.

En los años recientes se habían visto en eventos deportivos. Las hijas de Tony y de Michelle jugaron en el mismo equipo de futbol.

“Me rompía el corazón cada vez que lo veía, porque uno podía darse cuenta de que su salud estaba mal”, dijo Michelle.

DIABETES

E INSUFICIENCIA RENAL

A Tony le diagnosticaron diabetes en el año 2000.

Al principio, siguió una dieta estricta en la que contaba los carbohidratos, sobre todo observaba la ingesta de azúcar. Pero algunas veces aflojaba el ritmo: Ese dulcecito o una sodita no me van a hacer daño, pensaba. Y luchaba.

“Te metes en la carrera de cuidar tu salud y dices ‘ah, lo estoy haciendo bien’, y entonces aflojas el paso y te enfermas otra vez y dices ‘ah, tengo que ser más cuidadoso’”, contó Tony.

La salud de Tony realmente empezó a deteriorarse hace seis años. Este maestro de matemáticas de secundaria se sentía siempre cansado. En un momento tuvo que dejar de entrenar a sus dos equipos juveniles de futbol.

Tony entraba y salía de emergencias o del hospital por infecciones en la vejiga y por heridas y cortadas infectadas. Tiene neuropatía diabética, un daño nervioso que afecta sus pies, manos, intestinos y ojos.

Tuvo desprendimiento de retina causado por la retinopatía diabética y las cataratas.

En un periodo de dos años, Tony ha visto a 12 diferentes especialistas por diversas complicaciones derivadas de la diabetes.

“La diabetes es una enfermedad terrible”, dijo. “La diabetes no te mata, sino todo lo que te ocasiona”.

En diciembre de 2011, hizo una cita con su doctor para un examen físico. Su peso se había disparado de 140 a 206 libras, porque estaba reteniendo muchos líquidos.

Se tatuó en el antebrazo la fecha 16 de diciembre de 2011.

“Ese fue mi último día de trabajo, fue el último día de mi vida tal como yo la conocía, porque al día siguiente mi mundo entero cambió”, dijo Tony.

Ese día su esposa lo llevó a la sala de emergencias del Centro Médico de la Universidad de Arizona. Estaba al borde de la muerte.

Durante los 13 días que estuvo internado, Tony fue diagnosticado con insuficiencia renal en fase terminal. Sus riñones estaban funcionando al 7 por ciento de su capacidad. Un año antes funcionaban al 78 por ciento.

MANTRENERSE VIVO

Tres veces a la semana, durante cuatro horas diarias, Tony era conectado a las máquinas.

En los días buenos, después de la sesión hacía un poco de trabajo en su taller. En los días malos simplemente dormía durante horas en su casa, al suroeste de la ciudad.

LA DESESPERACIÓN

En el verano de 2012, Tony ingresó a la lista de espera para un trasplante de riñón. Eso no aumentó sus esperanzas.

Hay gente que pasa hasta seis años esperando antes de llegar al primer lugar de la lista, le explicaron los médicos. Pero si encontraba un donante, la espera sería significativamente menor.

Anna, la esposa de Tony, envió un mensaje por Facebook a familiares y amigos explicándoles la situación de Tony y pidiéndoles que consideraran la posibilidad de ser evaluados como posible donantes.

Michelle fue una de las personas que recibió el mensaje.

“Podías sentir la desesperación en las palabras que ella escribió, de verdad”, dijo Michelle. “Y sabías que si ella lo estaba publicando así es porque era algo grave. Para contactar a cualquiera, a todo mundo que conociera, sabías que era algo bastante serio”.

Y Michelle conocía bien esa sensación de desesperación.

A su hermana menor, Tiffany, le encontraron leucemia a los 8 años. Se la controlaron por dos años, pero después recayó.

Tiffany necesitaba trasplante de médula y ni Michelle, quien estudiaba la preparatoria en ese tiempo, ni sus dos hermanos ni sus papás resultaron compatibles.

“Eso nos acabó, estábamos devastados”, dijo.

Después Tiffany estaba ya demasiado enferma para un trasplante y murió cuando tenía 13 años.

“Cuando ese mensaje llegó, lo sentí muy cerca y creo que por eso escuché con tanta atención y lo consideré, porque yo sabía exactamente por lo que estaban pasando”, dijo Michelle.

Michelle llamó al coordinador del trasplante de Tony y se agregó a la lista de posibles donantes. Había unas cuantas personas arriba de Michelle en esa lista.

En agosto empezaron los exámenes para Michelle. Ella se lo dijo únicamente a sus hijos y a su novio.

El proceso consistió en el monitoreo de su presión arterial, un estudio de orina, muchos análisis de sangre, otras pruebas y una evaluación psicológica. Le hicieron muchas preguntas para tener la certeza de que ella estaba segura de lo que iba a hacer.

En una de las taquizas que acostumbra celebrar con sus padres y otros miembros de la familia cada semana, Michelle les informó que si recibía el visto bueno donaría un riñón a Tony.

Su padre se opuso. Decía que ella y Tony no eran familiares ni amigos cercanos. Le pidió que pensara en qué pasaría si uno de sus tres hijos algún día necesitaba un trasplante de riñón.

Ella respondió que si eso sucedía, ella tendría la esperanza de que “alguien actúe tal como yo lo estoy haciendo ahora”.

Al día siguiente, 11 de septiembre, Michelle Marmion Orozco recibió la aprobación para ser la donante del señor Tony Badilla.

La llamada Sorpresa

El 11 de septiembre, Tony pasó casi todo el día solo en casa, viendo documentales y programas sobre los ataques del 2001 al World Trade Center. Contempló su propia muerte.

Ese mismo día, Michelle preguntó a los Badilla si podía ir a casa de ellos esa noche. Los Badilla no tenían idea de qué buscaba.

Tony bromeó, “quizá quiere darme un riñón”.

Michelle prefirió llamarlos. Fue entonces que le dio la buena noticia a Tony. Su esposa rompió en llanto.

“Fue un impacto total. Una sorpresa total. Yo podía ver a algunos de mis muy, muy cercanos amigos de ahora ir a hacerse las pruebas, pero, y eso es lo increíble, esto salió de la nada, de la bondad de su corazón de querer ayudar a otro ser humano. Fue increíble”, narró Tony.

La operación se programó para unas semanas después.

BAILANDO DE NUEVO

La cirugía duró cerca de cuatro horas.

Michelle y Tony estaban en el mismo quirófano. El equipo que la atendía a ella le quitó un riñón. El equipo que lo atendía a él se lo trasplantó.

Apenas unas horas después del trasplante, el riñón empezó a funcionar y por primera vez en dos años Badilla pudo orinar.

En las semanas siguientes a la cirugía, el cuerpo de Marmion Orozco se ha estado adaptando al proceso.

Michelle bromea con que ahora Tony es en parte fanático de los Dallas Cowboys. Él preguntó si la hija de ella ahora tenía que llamarlo tío.

Los médicos advirtieron a Michelle, quien es una buena jugadora de volibol y de softbol, que debe escuchar a su cuerpo y guardar reposo durante su recuperación.

También Badilla se ha estado adaptando. Tiene consultas quincenales para revisar sus niveles y ajustar su medicamento. Toma más de 12 medicinas.

Tuvo que volver al hospital unas cuantas semanas después de la cirugía porque una infección alteró sus niveles de sodio.

Pero hasta ahora su riñón está funcionando bien y, para su alivio, no hay más diálisis.

Tony pensaba que su vida tendría que seguir en pausa por muchos años más, a la espera de un trasplante. Ahora está concentrado en salir adelante y estar saludable.

“De repente algo maravilloso pasa, y es como, bien, me dispongo a seguir con mi vida ahora”, dijo.

Desearía poder volver al salón de clases algún día, pero no está seguro por su alto riesgo a contraer infecciones.

“Yo sólo estoy esperando el día en que él pueda llevarme a bailar otra vez”, dijo Anna, su esposa.

Tony dijo que esta experiencia le ha enseñado a no encerrarse en las cosas negativas sino concentrarse en lo positivo.

“Tu perspectiva de la vida cambia cuando sucede algo así”, dijo Tony. “Me he dado cuenta en los últimos dos años que eso de no preocuparse por asuntos menores es muy cierto, si desperdicias tu tiempo preocupándote por pequeñeces que no puedes controlar estás desperdiciando tu vida”, dijo Tony.

Michelle sabe que tomó la decisión correcta y está complacida de haber podido darle a Tony una segunda oportunidad en la vida.

“Él era maestro, y él se preocupaba por los niños de nuestra comunidad, hacía trabajo voluntario y muchas cosas maravillosas, y no veo a Tony echando a perder la oportunidad de volver a hacer todo eso”, dijo Michelle.

“Y esa es otra de las razones por las que yo hice esto, porque sabía que él lo apreciaría. Sabía que él tomaría este regalo y correría con él”, dijo.

ENGLISH

One of the items on Michelle Marmion Orozco’s list of things to do is to make a significant difference in someone’s life. That chance came in September.

She found out she was a match for her high school friend Tony Badilla’s kidney transplant. The procedure was completed mid-October.

“I think this is the one that lets me check that off the list,” she said.

Michelle and Tony, both Tucson natives, were in the same class at Cholla High Magnet School. The graduating class of 1987 was tight-knit, brought together by tragedy at the beginning of their senior year when two classmates were killed in a crash.

Still, Michelle and Tony were never close friends.

In recent years they saw each other at sporting events. Tony’s and Michelle’s daughters played on the same soccer team.

“It just broke my heart every time I saw him because you could see his health was failing,” Michelle said.

DIABETES AND KIDNEY FAILURE

Tony was diagnosed with diabetes in 2000.

At first, Tony followed a strict diet, counting carbs and watching his sugar intake. But then there were times he slacked off. That candy or soda wouldn’t hurt, he thought. He struggled.

“You go into spurts of taking care of yourself and it’s like ‘oh I’m doing good and then you don’t take care of yourself and you get sick again, and it’s like ‘oh, I’ve gotta be more diligent,” Tony said.

The last six years Tony’s health really began to decline. The middle school math teacher was tired all the time. He eventually had to stop coaching his two youth soccer teams.

Tony was in and out of urgent care and the hospital for bladder infections, and infected cuts and burns. He has diabetic neuropathy, nerve damage that affects his feet, hands, intestines and eyes.

He’s had a detached retina caused by diabetic retinopathy and a cataract.

In a two-year span, Tony had seen 12 different specialists for various complications from diabetes.

“Diabetes is such a terrible disease,” he said. “The diabetes doesn’t kill you, it’s what it does to everything else.”

In December 2011, he made an appointment with his doctor for a physical. His weight had ballooned from 140 pounds to 206 pounds because he was retaining so much water.

He inked on his forearm the date Dec. 16, 2011.

“The was my last day of work, that was my last day of life as I knew it because the next day my whole world just changed,” Tony said.

That day his wife took him to the University of Arizona Medical Center emergency room. He was on the edge of life.

During his 13-day hospital stay, Tony was diagnosed with end stage renal disease. His kidneys were functioning at 7 percent of their ability. The previous year they were at 78 percent.

Staying alive

Three times a week for four each day, Tony was hooked up to the machines.

On good days, after his sessions, he would do some work in his workshop. On bad days he would sleep for hours in his southwest-side home.

DESPERATION

In the summer of 2012 Tony was added to the kidney transplant list. He didn’t get his hopes up.

People spend up to six years waiting before they get to the top of the list, doctors told him. But a donor were found, the wait would be significantly reduced.

Anna sent a message on Facebook to family and friends explaining Tony’s situation and asking people to consider being tested as a possible donor for him.

Michelle was one of the recipients.

“You could hear the desperation in the words that she was putting, you really could,” Michelle said. “And you knew that her posting it this way that it was pretty serious. To reach out to anybody and everybody you knew it was pretty serious.”

Michelle knew that feeling of desperation well.

Her younger sister Tiffany was diagnosed with leukemia at age 8. She went into remission for a couple of years, but then relapsed.

Tiffany would need a bone marrow transplant and neither Michelle, who was in high school at the time, nor her two brothers or parents were a match.

“It killed us, we were devastated,” she said.

Tiffany was too ill for a transplant and died when she was 13.

“When that message came out, it hit close to home and that’s why I think I listened so carefully and I considered it because I knew exactly what they were going through,” Michelle said.

Michelle called Tony’s transplant coordinator and added herself to the list of possible donors. There were a few others ahead of Michelle on the list.

In August, Michelle’s testing began. She told only her children and boyfriend.

The process involved blood pressure monitoring, a urine study, a lot of blood work, other tests and a psychological evaluation. Michelle was asked many questions to ensure she was certain about the procedure.

During a weekly taco dinner with her parents and other family members, Michelle announced that if she received the OK she would donate her kidney to Tony.

Her father resisted. He said she and Tony weren’t family or close friends. He asked what would happen should any of Michelle’s three children need a kidney.

She told them if her children needed a transplant she would “hope that somebody would step up just like I’m doing.”

The following day, Sept. 11, Marmion Orozco, was given approval to be Badilla’s donor.

‘SHE’S PROBABLY SELLING AMWAY’

Tony spent most of Sept. 11 home alone watching documentaries and shows about the World Trade Center attacks. He contemplated his own mortality.

That same day Michelle asked the Badillas if she could give come over later that night. The Badillas had no idea what she wanted.

Tony joked “maybe she wants to give me a kidney.”

Michelle called instead. That’s when she gave Tony the good news. His wife broke into tears.

“It was a total shock. Total shock. I could see some of my really, really close friends right now go and get tested but, that’s what so amazing, it was totally out of the blue, goodness of her heart wanting to help another human being. It was just amazing.”

The procedure was scheduled a few weeks later

DANCING AGAIN

The procedure lasted about four hours.

Michelle and Tony were in the same surgery room. Her surgical team removed the kidney. His team did the transplant.

Just a few hours after the transplant, the kidney began functioning and for the first time in two years Badilla was able to urinate.

In the weeks since the surgery, Marmion Orozco’s body has been adjusting to the procedure.

Michelle jokes that now, Tony is part Dallas Cowboys fan. He asked if her daughter would now have to call him tio.

Doctors warned Michelle, an avid volleyball and softball player, to listen to her body and to rest during her recovery.

Badilla has been adjusting too. He has bi-weekly checkups to check his levels and adjust his medications. He takes more than a dozen medications.

He was readmitted to the hospital a few weeks after the surgery because an infection made his sodium levels unbalanced.

But his kidney is doing well so far and, to his relief, there’s no more dialysis.

Tony thought his life would have to be put on hold for several more years while he waited for a transplant. Now he’s focused on moving forward and getting healthy.

“All of a sudden a great thing happens and it’s like all right I get to get on with my life right now,” he said.

He hopes he can return to the classroom one day, but isn’t sure because of his increased risk of infection.

“I’m just looking forward to the day when he can take me dancing again,” Anna, his wife, said.

Tony said the experience has taught him not to dwell on the negative things and focus on the positive.

“Your perspective on life changes when something like this happens,” Tony said. “I’ve come to realize over the the last couple years don’t sweat the small stuff really is true, if you waste your life worrying about the little things you can’t control you’re wasting your life,” Tony said.

Michelle knows she made the right decision and is grateful to have been able to give Tony a second chance at life.

“He was a teacher, and he cared about kids in our community and he volunteered his time and did all these wonderful things and I don’t see Tony ruining the chance of being able to do that stuff again,” Michelle said. “And that was one of the other reasons why I did it, because I knew he would appreciate it. I knew he would take this gift and run with it,” she said.

Contacta a Verónica Cruz al 573-4224 o en vcruz@azstarnet.com.

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