HAY UN CAMINO PARA SALIR DE ESTA ESPIRAL NEGATIVA, PERO IMPLICA TRABAJO EN CONJUNTO

La pobreza no es una sentencia de vida

2013-08-15T12:00:00Z La pobreza no es una sentencia de vidaStephanie Innes La Estrella De Tucsón Arizona Daily Star
August 15, 2013 12:00 pm  • 

Hace cinco años, Souleymane Barry, su esposa y su hija llegaron a Estados Unidos sin nada, venían de Guinea, al oeste de África. Y dado que entraron en calidad de inmigrantes, no recibieron ayuda federal como refugiados.

Los niños inmigrantes son dos veces más susceptibles de vivir en pobreza que los nacidos en el país. Y cada año, miles de refugiados y de inmigrantes llegan a Arizona.

Pero esta familia tuvo algunas ventajas: hablaba inglés, utilizaba un carro donado y pudo vivir por varios meses con un pariente en Green Valley.

La esposa de Barry, Fatimatu Bah, estaba embarazada, por lo que pudo recibir Medicaid, el seguro médico que el gobierno otorga a la gente de bajos ingresos. Medicaid cubrió el nacimiento de su hijo, Umar, ahora ya con 5 años de edad.

Nunca más la familia recibió otro tipo de fondos del gobierno.

Barry tuvo tres empleos en los primeros dos años: uno en KFC donde ganaba el mínimo, otro como almacenista de Walmart y uno más como jardinero.

Cuando habían logrado ahorrar lo necesario, la familia se mudó a Tucsón para que Barry, de 41 años de edad, asistiera al Colegio Comunitario Pima (PCC), donde obtuvo una licencia pública certificada como enfermero. Bah, de 33 años, trabajaba como técnica con los pacientes de un centro de rehabilitación.

Ahora la familia está ahorrando para una casa. Barry debe 7 mil dólares de su préstamo estudiantil, el cual está pagando gracias a su trabajo de tiempo completo en una casa de rehabilitación y asilo de ancianos donde gana 24 dólares por hora. Su esposa aspira a ir a la escuela para capacitarse para un mejor empleo. Su hija Samira, de 11 años, habla de algún día llegar a ser maestra de matemáticas.

Pero una garantía con la que la familia no cuenta es un seguro médico. Una enfermedad o lesión grave podría echar abajo todo eso por lo que han trabajado tan duro en este tiempo.

Otros factores

A otras personas, las familias desintegradas y las adicciones les dificultan el avanzar en la escala socioeconómica.

Breaunna Liggett, ahora de 27 años de edad, empezó a usar drogas a los 13 porque se sentía rechazada por su madre. Ahora vive con sus dos hijos en un albergue para mujeres operado por la Misión de Rescate Gospel (Gospel Rescue Mission).

El dinero para la renta se lo gastaba en drogas, pero está luchando contra su adicción.

"Mi hijo de 3 años estaba enojado y yo no era capaz de entenderlo. Darme cuenta de eso me partió el corazón", dijo. "Lo abandoné emocionalmente. Yo no estaba ahí para él. No jugaba con él ni hacíamos cosas juntos".

Liggett se ha mantenido alejada de las drogas desde octubre, y asegura que está decidida a volver con su esposo y ser una mejor madre. No quiere que sus hijos experimenten el mismo rechazo que ella sintió de niña cuando vivía en Kansas. Fue criada por sus abuelos, a pesar de que su mamá vivía en la misma ciudad. A su papá lo vio una sola vez.

La falta de habilidades para ser padres

Algunos niños encuentran el camino a la estabilidad con la ayuda de algún familiar, un maestro u otro adulto que se interese en ellos. Pero no todos.

Kathy Rau, directora ejecutiva del Centro de Defensa Infantil del Sur de Arizona (Southern Arizona Children's Advocacy Center) ve a padres de familia muy seguido. El Centro organiza las visitas de papás cuyos hijos están bajo la custodia del estado porque sufrían abuso o negligencia.

Ha visto a padres que teniendo autorización de visitar a sus hijos durante una hora regresan a sus pequeños a los 30 minutos. Algunas veces los papás llaman para pedir que les cambien su cita porque es muy temprano y quieren dormir.

Muchos de estos papás simplemente no saben cómo ser padres. No tienen horarios regulares. Abusan del alcohol o usan drogas durante toda la noche, con sus niños en la habitación.

No se molestan en llevar a sus hijos a la escuela. Parejas sentimentales van y vienen.

Toman malas decisiones.

Rau, quien por más de dos décadas fue investigadora del Departamento de Policía de Tucsón, afirma que muchas familias pobres sí son funcionales. Ella misma vio a muchas familias de bajos recursos viviendo en casas limpias y en un ambiente amoroso. En muchos casos los abuelos vivían con ellos, así es que nunca faltaba comida en la mesa.

"Muchas familias que viven en la pobreza hacen un excelente trabajo en la crianza de sus hijos", dice. "Mucha gente con dinero lo hace fatal. La paternidad se trata más bien de lo que se elige".

Las malas decisiones suelen derivar en un hogar caótico y doloroso para los niños.

Personal médico del Centro de Defensa Infantil visita casas donde los niños viven entre excremento y comida perdida regada en el suelo. Les ha tocado ver a bebés con mordeduras de ratas y a niños pequeños con los dientes podridos. Encuentran casas cubiertas de botellas vacías de alcohol, cajetillas de cigarros, envolturas de comida chatarra y agujas para las jeringas con que se drogan.

"Hay un efecto a largo plazo", dice Rau. "Por supuesto que un niño no puede concentrarse en un entorno caótico. No pueden llegar a su casa y hacer su tarea".

Lo que significa para los niños

Antonio Rubio-Marshall, a sus 20 años, acaba de graduar de la preparatoria.

Habiendo vivido su infancia en una familia fracturada por el abuso de sustancias tóxicas, la violencia doméstica y las enfermedades mentales, estuvo en grave riesgo de no graduarse jamás.

Rubio-Marshall ama a su mamá y se siente su protector. Pero admite que el ambiente que ella creó no siempre fue saludable.

El novio de su mamá bebía demasiado. El hombre llevó a uno de sus amigos a vivir con ellos en la casa rodante que compartían, así es que a Rubio-Marshall lo mandaron a dormir al piso. El novio seguido se botaba en el baño, algunas veces no utilizaba el escusado y dejaba orina y excremento en la tina, las paredes y el piso.

De niño pasó mucho tiempo solo. A veces lo invadía el coraje y navajeaba llantas de carros en su vecindario. De adolescente empezó a usar drogas y alcohol y muy seguido faltaba a la escuela.

Lo que lo salvó, cuenta, fue una maestra que lo invitó a vivir con su familia, con la condición de que dejara las drogas y el alcohol. Él anhelaba tanto una vida familiar, que dejó de emborracharse y de drogarse.

Su nuevo hogar no se parecía a ningún sitio donde él hubiera vivido antes. Era cálido y limpio, con horarios para levantarse, para realizar sus actividades y para las comidas.

Su maestra lo conectó con un programa local llamado Jóvenes por Cuenta Propia (Youth On Their Own), el cual lo ayudó a retomar la escuela. El programa recompensa económicamente a los niños que vuelven a la escuela y mantienen una C como promedio mínimo.

Los líderes de Youth on Their Own aseguran que los jóvenes sin hogar que no concluyen la preparatoria corren alto riesgo de terminar tras las rejas.

Ahora Rubio-Marshall vive sin drogas, comparte un departamento con un amigo y se mantiene a sí mismo con un empleo de medio tiempo. Espera ingresar al Colegio Comunitario Pima en el otoño si consigue ayuda financiera (financial aid) y está emocionado con su nuevo trabajo como mesero en un restaurante local.

Su objetivo es trabajar en un centro de educación temprana, porque quiere ayudar a los niños a convertirse en adultos exitosos.

Aun así, los efectos de su infancia siguen ahí. Se le dificultan la lectura y la escritura. Nadie le leía cuando niño, y no sabe si eso mermó sus habilidades.

Además, el estado congeló el Medicaid para los adultos solteros y sin hijos. No tiene seguro médico y, quitando las limpiezas dentales gratuitas que le proporcionaron en Youth on Their Own, no ha visto a un dentista en años.

Expertos nacionales y líderes locales coinciden en que hay un camino para salir de esta espiral. Pero ello implica el trabajo conjunto, y los sectores privado, público y sin fines de lucro de Tucsón suelen operar de forma aislada, aparentemente sin conocimiento de lo que están haciendo los otros.

El trabajo se duplica. Los esfuerzos pasan desapercibidos.

Un primer paso importante es ampliar la conciencia, dice Gerald F. Kicanas, arzobispo de la Diócesis Católica Romana de Tucsón.

"Entremezclados con la riqueza y la oportunidad están la pobreza y la desesperanza en nuestra comunidad", afirma. "Los pobres aquí pueden ser invisibles, quedar ocultos.

"Tucsón es una comunidad que se preocupa. Que toda esa gente en nuestra comunidad viva por debajo de la línea de la pobreza, merece nuestra atención.

"Una comunidad prospera cuando todos y cada uno de sus miembros tienen un lugar, una voz y una oportunidad de éxito".

Las reporteras Patty Machelor, Carli Brosseau y Emily Bregel contribuyeron a este reportaje.

Contacta a Stephanie Innes en sinnes@azstarnet.com o al 573-4134.

English version

Poverty is not a life sentence.

Souleymane Barry, his wife and daughter arrived here from Guinea five years ago with nothing. But they came as immigrants, so they got no federal refugee support.

Immigrant children are twice as likely to be poor as those who are native-born. And each year, thousands of refugees and immigrants move to Arizona.

The family had some advantages: They spoke English, had use of a donated car and were able to live with a relative in Green Valley for a few months.

Barry's pregnant wife, Fatimatu Bah, qualified for Medicaid, a government health insurance program for low-income people. That covered the birth of their son, Umar, who is now 5.

The family never took any other government money.

Barry worked three jobs those first couple of years: a minimum-wage job at KFC, stocking at Walmart and landscaping.

When they'd saved enough, the family moved to Tucson, where Barry, 41, attended Pima Community College and became a certified licensed public nurse. Bah, 33, worked as a patient technician in a nursing home.

The family is saving for a house. Barry has $7,000 left on his student loans and is paying it back with a $24-per-hour, full-time job at a nursing home. His wife hopes to go to school for job training. Their daughter, 11-year-old Samira, talks about becoming a mathematics professor one day.

One thing the family has not secured is health insurance. A major illness or injury could undo everything they've worked so hard for.

Other factors

Fractured families and addiction hinder others' climb up the socioeconomic ladder.

Breaunna Liggett, 27, felt rejected by her mother and turned to drugs at age 13. Now she lives with her two kids in a women's shelter run by the Gospel Rescue Mission.

She'd been spending the rent money on drugs, but is trying to kick her addiction.

"My 3-year-old had anger I couldn't conceive. Seeing it broke my heart," she says. "I neglected him emotionally. I wasn't there for him. I didn't play with him or take him to do things."

Liggett has been drug-free since October and says she's determined to reunite with her husband and be a better mother. She doesn't want her children to experience the rejection she felt growing up in Kansas. She was raised by her grandparents, even though her mother lived in the same town. She met her father just once.

Lack of parenting skills

Some children find their way to a stable life with the support of a relative, teacher or other adult who cares. Some don't.

Kathy Rau, executive director of the Southern Arizona Children's Advocacy Center sees parents often. The center hosts visits for parents whose children are in state custody due to abuse and neglect.

She has seen parents who are allowed an hour of visiting time hand their babies back after 30 minutes. Sometimes parents call to say they want to change their time so they can sleep.

Many of these parents simply don't know how to parent. They don't have regular schedules. They abuse alcohol or use drugs all night with their kids in the room.

They can't be bothered to get their kids to school. Boyfriends and girlfriends come and go.

They make bad decisions.

Rau who spent more than two decades as an investigator for the Tucson Police Departmen, said many poor families are functional. She saw many low-income families living in clean homes in a loving environment. Grandparents often lived with them, and there was always food on the table.

"A lot of families living in poverty do a great job raising their children," she says. "A lot of people with money do a terrible job. Parenting is more about choices."

Bad choices often yield a chaotic and heartbreaking home life for children.

Medical staff at the child advocacy center visit homes where children live with feces and spoiled food on the floor. They have seen babies with rat bites and toddlers with rotting teeth. They visit homes strewn with empty alcohol bottles, cigarette packs, fast food wrappers and drug needles.

"There is a long-term effect," Rau says. "In a chaotic environment, of course, a child can't concentrate. They can't go home and do their homework."

What it's like for kids

Antonio Rubio-Marshall just graduated from high school at age 20.

Given his childhood in a family fractured by substance abuse, domestic violence and mental illness, he was at high risk of never graduating at all.

Rubio-Marshall loves his mother and feels protective of her. But the environment she created was not always healthy, he admits.

Her boyfriend drank too much. He let his buddy move into the trailer they shared, so Rubio-Marshall slept on the floor. The boyfriend often passed out in the bathroom, sometimes missing the toilet and leaving urine and feces in the bathtub, on the walls and the floor.

As a child, he spent a lot of time alone. Sometimes he got angry and slashed tires in the neighborhood. As a teenager, he turned to drugs and alcohol and often missed school.

What saved him, he says, was a teacher who invited him to live with her family - but only if he stopped drinking and using drugs. He wanted a family life so badly that he quit booze and dope.

His new home was like nowhere he'd ever lived. It was clean and loving, with set times for getting up, doing chores and eating meals.

His teacher connected him with a local program called Youth On Their Own, which helped him to get back on track in school. The program financially rewards kids for going to school and maintaining an average of at least a C.

Homeless youths who don't finish high school are at high risk of ending up behind bars, Youth on Their Own leaders say.

Today Rubio-Marshall is drug-free, shares an apartment with a roommate and supports himself with part-time jobs. He is hoping to start Pima Community College in the fall if he can secure financial aid, and he is excited about a new job waiting tables at a local restaurant.

His goal is to work in early-childhood education because he wants to help kids grow up into successful adults.

The effects of his childhood linger, however. He struggles with reading and writing. No one read to him as a child, but he doesn't know if that affected his skills.

Also, the state froze single, childless adults out of Medicaid, a government health insurance program for the poor. He has no health insurance and, aside from a free teeth cleaning through Youth on Their Own, hasn't seen a dentist in years.

There is a way out of this spiral, national experts and local leaders agree. But it means working together, and Tucson's private, public and nonprofit sectors too often operate in silos, seemingly unaware of what the others are doing.

Work is duplicated. Efforts go unnoticed.

An important first step is broader awareness, says Roman Catholic Diocese of Tucson Bishop Gerald F. Kicanas.

"Interspersed with wealth and opportunity in our community is poverty and a sense of hopelessness," he says. "The poor here can be invisible, hidden.

"Tucson is a community that cares. That many in our community live below the poverty line has to get our attention.

"A community thrives when all in the community have a place, a voice and an opportunity to succeed."

Reporters Patty Machelor, Carli Brosseau and Emily Bregel contributed to this report.

Contact reporter Stephanie Innes at sinnes@azstarnet.com or 573-4134

Datos del reportaje

Esta investigación fue impulsada por un informe de la Oficina del Censo de Estados Unidos que indica que Tucsón, con más de 1 de cada 5 personas viviendo en la pobreza, ocupa el sexto lugar en pobreza entre las áreas metropolitanas importantes de la nación.

Los críticos dicen que el informe, basado en la Encuesta de la Comunidad Americana del 2011, es errónea, ya que no tiene en cuenta la demografía única de Tucsón.

Pero al enfocarnos en los datos de diversas maneras nos encontramos con una verdad coherente e indiscutible: Demasiados tucsonenses son pobres, y los niños están en la peor situación.

En el Arizona Daily Star se examinaron cada una de las causas de la pobreza y las posibles soluciones.

En esta edición: Tucsón es un pueblo pobre, pero la pobreza se puede superar. Historias de algunas personas que han superado este mal.

semana Pasada: ¿Por qué tenemos pobreza? Las mayores exigencias económicas han derivado en que menos personas pobres estén recibiendo asistencia social.

23 de Agosto: Sembrando las semillas para combatir la pobreza: fomentar la lectura es un gran paso, afirma el Alcalde de Tucsón.

No te pierdas la serie especial completa sobre pobreza en azstarnet.com/poverty, y únete a la discusión en los comentarios de los lectores o en la página de Facebook del Arizona Daily Star.

Los 20 trabajos

más comunes en el condado Pima

Profesión promedio Ganancias Por hora anuales

Vendedores $9.72 $20 mil 220

Representantes de servicio al cliente $12.58 $26 mil 160

Cajeros $9.33 $19 mil 400

Trabajadores de cocina y preparación de comida $8.68 $18 mil 060

Enfermeros registrados $31.88 $66 mil 310

Meseros y meseras $8.77 $18 mil 240

Empleados de oficina $13.12 $27 mil 280

Secretarias y asistentes administrativas $14.79 $30 mil 770

Gerentes generales y de operaciones $35.09 $72 mil 980

Empleados de almacén $10.50 $21 mil 840

Trabajadores de mantenimiento y limpieza $10.89 $22 mil 660

Supervisores de oficina y empleados de apoyo administrativo $20.40 $42 mil 430

Ayudantes de la salud en el hogar $10.15 $21 mil 100

Asistentes de maestros Dato no disponible $21 mil 710

Supervisores de vendedores $17.35 $36 mil 080

Cocineros de restaurantes $10.63 $22 mil 110

Obreros de carga y almacenamiento $10.15 $21 mil 110

Trabajadores de mantenimiento y reparación $14.90 $30 mil 990

Maestros de primaria, excepto los de educación especial Dato no disponible $37,830

Fuente: Oficina de Estadísticas Laborales. Cifras en dólares

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