Por Joseph Treviño y Perla Trevizo

La Estrella de Tucsón

Con cada vez más mujeres y niños de Centroamérica que cruzan el desierto de Arizona, un obispo de Guatemala estuvo en Tucsón para pedir que sus connacionales fuesen tratados con compasión.

El obispo Álvaro Ramazzini encabeza la diócesis de Huehuetenango, región de donde provienen la mayoría de inmigrantes de Guatemala que pasan por Arizona, ya sea con rumbo a otros estados o a Tucsón o Phoenix.

Ramazzini, de 66 años de edad, quien estuvo el jueves 6 en Tucsón y el Sur de Arizona, se reunió con algunos funcionarios de inmigración, impartió a charla en Armory Park y dijo una misa en el hogar de un líder de la Nación Tohono O’odham en el distrito de Chukut Kuk, cerca de la frontera con Sonora, México.

Además, Óscar Padilla, el ex cónsul de Guatemala en Phoenix y ahora ministro de Relaciones Exteriores, pasó un par de días en Tucsón para hablar del creciente número de mujeres y niños que cruzan la frontera.

Las cifras de centroamericanos que intentan cruzar la frontera sin documentos sigue en ascenso, especialmente en el sector del Valle Rio Grande de Texas, seguido por el sector de Tucsón.

Desde el 2011, el número de menores sin ser acompañados por sus padres que fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza en el sector de Tucsón subió un 54 por ciento, de seis mil a nueve mil 70, en el año fiscal que concluyó el 30 de septiembre del 2013. En el sector del Valle Rio Grande, el número de menores sin sus padres que fueron detenidos se cuadruplicó de cinco mil a 20 mil durante el lapso fiscal del año pasado.

El número de arrestos que realizó la Patrulla Fronteriza que fueron clasificados como “otros que no son mexicanos” en el sector de Tucson subió de unos 11 mil a cerca de 20 mil el pasado año fiscal. En el sector de Rio Grande, el número incrementó de 21 mil en el 2011 a 97 mil el año pasado.

Por su parte, el Obispo dijo que los guatemaltecos y otros inmigrantes suelen ser vistos injustamente como enemigos.

Dijo que entiende las implicaciones políticas y los debates afiebrados que el tema migratorio suele provocar. Y durante una plática en el centro comunitario Armory Park añadió que el debate va más allá de lo político e incluso de la ética moral, agregando que los inmigrantes a menudo son vistos injustamente como enemigos.

“Lo único que queremos es ir a Estados Unidos, trabajar un poco, ganar dinero, regresar a mi país y ayudar a mi familia, pero cuando llego ahí me ven como enemigo”, dijo el Obispo, parafraseando a sus connacionales inmigrantes.

Sobre la problemática del incremento de las mujeres y niños que suelen cruzar la frontera solos, Ramazzini dijo que se debe en parte a que éstos han sido separados de sus familias. Los padres de los niños a menudo están en Estados Unidos y no pueden volver por falta de documentos.

Dijo: “Estos niños quieren reunirse con sus familias”.

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