Desde su extensa oficina en el piso 10 del Ayuntamiento de Tucsón, Richard Miranda observa la ciudad que una vez fue un vasto desierto y ahora se asemeja un poco a una pequeña urbe.

Desde ahí, Miranda casi puede divisar la construcción de las rutas de tranvías, las cuales, aparte de haber convertido el tránsito del centro en un constante embotellamiento, como en las grandes urbes, le están costando a la ciudad millones de dólares. A los alrededores se extiende la segunda ciudad más grande de Arizona, con un promedio de unos 520 mil residentes (el sector metropolitano casi llega al millón).

Es un reto abrumador, incluso para Miranda, un veterano policía que ahora tiene la responsabilidad de que los servicios básicos de la ciudad funcionen como pistones engrasados. Y ahora que ha pasado un año de haber tomado las riendas, Miranda dijo que ha tenido que aprender el proceso político, algo nuevo para él.

"Es un aprendizaje para mí", dijo.

VALORES FAMILIARES

Miranda concedió que toda su vida ha sido un aprendizaje. Primero de su padre, el señor Raúl Miranda, quien fue veterano de la Segunda Guerra Mundial al luchar en el Pacífico. Al volver de la guerra, Raúl se casó con Amalia, con quien tuvo un hijo (Richard) y una hija (Louisa).

Su padre, quien era un trabajador del asfalto, fue todo un modelo a seguir para Richard, dijo el Administrador de la Ciudad.

Creciendo entre la Avenida 12 y Valencia, desde una edad temprana Miranda demostró que bajo ese aspecto modesto, una mediana estatura y de joven poco parlanchín había todo un portento que no cesaba hasta conseguir su objetivo.

Rick Gonzales, un abogado y amigo de la infancia de Miranda con quien jugó beisbol infantil en el parque Mission Manor, evocó que Miranda siempre fue disciplinado.

"Era muy competitivo y jugaba duro", dijo Gonzales. "Siempre lideraba de una forma callada, sólida. Sabías que si él estaba en tu equipo no se iba a rendir".

Tras graduarse de la Universidad de Arizona con un título de Administración de Empresas Públicas, Miranda se unió al Departamento de Policía de Tucsón en 1975. Duró siete años como patrullero, antes de pasar a puestos administrativos, y para principios de los noventas ya era capitán.

En 1998 fue nombrado Jefe de Policía. En el 2001, la Comisión de Acreditación de las Agencias Policiales (Commision for Acreditation for Law Enforcement Agencies, CALEA), una agencia internacional e independiente, tras un riguroso proceso de años reconoció y le extendió una credencial a la Policía de Tucsón, luego de pasar un examen de 394 normas que fueron desde el uso de la fuerza hasta la forma en cómo contrata agentes.

CALEA alabó a la agencia por aspectos desde el uso de un sistema automatizado en lugar de reportes policiacos en notas en papel hasta el entrenamiento y equipo sofisticado que usa su escuadrón de tácticas especiales.

Un tranvía llamado Tucsón

Tras dejar el Departamento de Policía luego de más 33 años ahí, Miranda se unió como asistente del Director de la Ciudad de Tucsón. Desde entonces, dos directores han sido despedidos, tras batallas con el Concejo y bajo acusaciones de una falta de transparencia y mal manejo.

El año pasado, el Concejo nombró a Miranda como Administrador de la Ciudad, el puesto más alto del gobierno local. Pero no ha habido tiempo para una luna de miel, pues la recesión no ha concluido del todo; aparentemente siguen los problemas de comunicación entre el personal del Administrador y el Concejo. En mayo, se descubrió que cuando los concejales votaron a favor de un incremento salarial de 5 millones de dólares para los empleados de la ciudad, el aumento realmente iba a costar 8 millones.

Luego está el tranvía, cuyos costos estratosféricos son mucho más de lo anticipado.

"El proyecto del tranvía es probablemente el proyecto de construcción más grande que esta ciudad ha visto. El ser puesto a cargo de eso, no sabiendo la diferencia entre un tranvía y un tren, y tener que obtener resultados pese a eso me ha causado que me rete a mí mismo", dijo Miranda.

Sin embargo, lo primero es lo primero, y eso es que la ciudad siga recibiendo un buen servicio de gobierno, con lo que se requiere de una buena fuerza laboral, dijo Miranda. El otro día, al subir el elevador, una empleada iba tarareando una canción. Al verlo, le ofreció disculpas.

"Le dije, 'no, eso me hace sentirme bien'. Eso me dice que los empleados levantan su cabeza y que están orgullosos de su organización", dijo.

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