MÉXICO (AP) -- El hipódromo más importante de México cobra vida a las 5 am de cada día, cuando cientos de trabajadores de las cuadras comienzan a tomar uno por uno los 1.400 caballos de carreras para que galopen alrededor de la pista para su entrenamiento diario antes de lavarlos y alimentarlos.

A pesar de que el Hipódromo de las Américas no figura entre las primeras pistas de carreras en América Latina debido a sus bolsas pequeñas, hierve en actividad, con jinetes atraídos por la vecindad de México con Estados Unidos.

"Aquí los jinetes sueñan con ir a Estados Unidos para trabajar, no quedarse en México", dijo Ricardo Mar, el director del hipódromo.

En promedio, el ganador recibe una bolsa de 2.300 dólares, lo suficiente para pagarle al jinete y cubrir dos meses de gastos para el caballo.

"No tenemos suficientes personas apostando, así que no podemos obtener las apuestas que quisiéramos para dar premios más altos", dijo Mar.

Pero los premios bajos no evitan que jinetes de toda América Latina lleguen a la Ciudad de México con la esperanza de ganar una reputación que les permita aventurarse a Estados Unidos, donde un jinete de los mejores puede ganar millones de dólares. Entre quienes lo han logrado están el ganador del Derby de Kentucky Víctor Espinosa, Mario Gutiérrez y el panameño Elvis Trujillo.

Muchos de los trabajadores de las cuadras en esta pista de 71 años de antigüedad han trabajado en Estados Unidos, un aliciente más para los jinetes, que desean saber cómo funcionan las cosas en los hipódromos estadounidenses.

El trabajador de cuadras Carlos Moreno, de 22 años, vivió por un tiempo en Estados Unidos, donde su padre laboraba en pistas de Detroit, Indianápolis y Houston y le enseñó sobre los caballos de carreras.

"Los caballos son nuestros amigos y me gusta trabajar con ellos todos los días", dijo Moreno, a pesar de que recientemente uno de ellos lo pateó en la cara.

Moreno sufrió una herida en la nariz y algunos moretones. "Pudo haber sido mucho peor", dijo, en perfecto inglés. Cada cuadra del hipódromo tiene por lo menos un altar con una imagen de la Virgen de Guadalupe, patrona de México.

Una de tantas tareas de los empleados del hipódromo es guiar los caballos por una piscina de hidroterapia. La terapia, de bajo impacto, busca ayudar a los animales a recuperarse más rápido del ejercicio riguroso y las carreras.

En el hipódromo también sueñan las mujeres. Isabel Garrido, Eunice Piña y Alejandra Luna, toman turnos para hacer ejercicios para montar caballos de carreras en las cuadras del hipódromo.

"El heno es pesado, pero tienes que ser fuerte para montar a caballo", dijo Garrido, de 27 años, quien recientemente debutó como aprendiz de jinete. Luna, de 15 años, abandonó recientemente la escuela secundaria a fin de entrenar y volverse una jockey de tiempo completo y espera debutar el próximo año en la Ciudad de México