BRASILIA (AP) -- La presidenta Dilma Rousseff afirmó el miércoles que Brasil podría recurrir a las fuerzas armadas para contener posibles protestas violentas durante el próximo Mundial de fútbol.

Según la gobernante, el país tiene planes para reforzar la seguridad en las 12 ciudades sede del Mundial que involucra los diferentes cuerpos policiales con una inversión de 1.900 millones de reales (791 millones de dólares).

"La Policía Federal, la Fuerza Nacional de Seguridad, la Policía de Carreteras, y todos los órganos del gobierno federal están listos y orientados para actuar dentro de sus competencias", dijo Rousseff en una entrevista con radioemisoras del estado nororiental de Alagoas. "Si fuera necesario, movilizaremos también las fuerzas armadas".

La presidenta contestó así a una consulta sobre cómo responder a las protestas que se han dado en varias ciudades brasileñas en las que han participado grupos denominados "black blocs", cuyos integrantes se presentan enmascarados y causan destrozos a edificios y vehículos.

"En relación con el Mundial estaremos muy bien preparados para garantizar la seguridad de los aficionados, turistas, selecciones y jefes de estado que van a visitarnos. Estoy segura que haremos la Copa de las Copas", afirmó, un mantra que ha repetido para aplacar los temores de que el país no esté preparado para celebrar el torneo.

Rousseff recordó que la violencia en tales manifestaciones llevó la semana pasada a la muerte de un camarógrafo de televisión en Río de Janeiro, al ser golpeado por un fuego artificial lanzado por un manifestante. Dos personas fueron detenidas por el incidente.

"Yo defiendo toda y cualquier manifestación democrática", manifestó la presidenta en la entrevista. "Pero repudio completamente el uso de la violencia en las manifestaciones y considero inadmisible actos de vandalismo en un país democrático. Personas que matan, hieren o destruyen patrimonio público y privado son criminales y deben ser tratados así".

El gobierno teme que durante el Mundial se repita la ola de manifestaciones que estremeció el Brasil en 2013, en momentos que el país celebraba la Copa Confederaciones, una especie de ensayo antes del Mundial.

Una de las banderas de los manifestantes es el repudio al elevado costo de organización del máximo torneo del fútbol mundial, incluyendo la construcción o modernización de estadios.