Hace un par de semanas, en una fiesta cerquita de la Misión San Xavier del Bac, vi a una estrella de la música. Este hombre alto, ligeramente encorvado, se colgó su acordeón alrededor del pecho y sus dedos empezaron a hacer sonar el ritmo musical de la gente del desierto.

Era Daniel Joaquin, y la música que tocaba se llama waila.

Joaquín no es glamoroso y nunca ha salido en la portada de la revista de la música popular, Rolling Stone. Está a kilómetros de distancia de la cultura pop convencional.

Pero, dicho de forma simple, Joaquin es un auténtico astro musical, un tesoro cultural, un embajador de los Tohono O’odham y de su alegre música. Junto con sus hermanos y sus sobrinos, Joaquin tomó la música de la gente del desierto que vive en la desmadejada tierra entre el sur de Arizona y el norte de México, y la esparció en lugares y escenarios reservados sólo para unos cuantos artistas.

Los Joaquin Brothers (o Hermanos Joaquín) expusieron la emblemática y energética música de los Tohono O’odham a una gran audiencia. Con sus saxofones, su acordeón, bajo sexto, guitarra, bajo y batería, esta legendaria banda waila mostró la innovadora convergencia de la música de los Tohono O’odham con la mexicana y la europea.

Para algunos, esta música es un revoltijo de polca, chotis y cumbia. Para Joaquin, un músico autodidacta que toca al menos seis instrumentos, la waila es una música feliz.

“Me hace sentir muy bien”, dijo Joaquin cuando los visité a él y a su esposa, Pat, una filipina-china, en su casa en el sur de Tucsón.

Él tiene 73 años y pocas veces toca fuera de su casa. Admite estar un poco oxidado y fuera de ritmo, pero sigue siendo una figura musical clave de nuestra zona fronteriza.

Los Joaquin Brothers se han presentado en el festival Tucson Meet Yourself y otros del área, entre ellos el antiguo Festival de la Waila que fue patrocinado por la Sociedad Histórica de Tucsón. El grupo ha expuesto la música instrumental de baile social en varias ciudades de Estados Unidos y en Toronto, Canadá.

Pero el encumbramiento de la banda se dio el 11 de junio de 1992, cuando los Joaquin Brothers se presentaron en el Carnegie Hall de la Ciudad de Nueva York, uno de los mayores escenarios musicales de este país. Era la primera vez, y quizá la última, que artistas Tohono O’odham alcanzaban ese escenario.

A Joaquín se le llenan los ojos de lágrimas cuando recuerda el día en que la banda tocaba en Tucsón y un hombre vestido de corbata caminó hacia él y le preguntó si los Joaquin Brothers estarían interesados en viajar a la Ciudad de Nueva York.

“Yo estaba súper feliz cuando me volteé y se los dije a los muchachos”, dijo Joaquin.

Él y su esposa publicaron el año pasado un breve libro sobre su vida atinadamente titulado “Los Joaquin Brothers: En mis propias palabras, desde Covered Wells al Carnegie Hall”.

El hermano mayor de Joaquin, Angelo Joaquin Sr., empezó el grupo en Los Ángeles en 1957. Angelo, quien murió en 1995, se había ido de Arizona a California para trabajar, como lo habían hecho otros O’odham, quienes en ese tiempo eran conocidos como pápagos, que fue el nombre que se les dio cuando llegaron los colonizadores españoles, en el siglo 16.

Cuando la banda se creó, Daniel estaba en el área de Phoenix en un escuela para nativoamericanos. Ahí aprendió a tocar el saxofón con la banda de la escuela.

La música era una parte integral de la vida de los hermanos Joaquin, quienes nacieron en Covered Wells, a unas 20 millas al noroeste de Sells, en la Reserva Tohono O’odham. Escuchaban a los músicos tocar las guitarras y los violines. Veían a la gente bailar, bailar y bailar.

La palabra “waila” se deriba de “baile”.

Después de que Joaquin terminó la escuela, su hermano lo invitó a unirse a la banda, la cual estaba de regreso en Arizona. Joaquín incorporó al ensamble su saxofón, en remplazo del violín. Después a prendió a tocar el acordeón. Entre los otros miembros del grupo están un tercer hermano, Fernando, y los sobrinos Ron, Jerome y Leonardo Joaquín.

La banda se presentaba dentro y fuera de la Nación Tohono O’odham. Muchas veces tocaban desde la puesta del sol hasta el amanecer en ceremonias de la tribu. Frecuentemente tocaban por muy poco dinero o incluso gratis.

Aparte de su música, Joaquin trabajó por 30 años con la minera Asarco en Sahuarita y también fue vaquero y participó en varios rodeos professionales en el estado y la región.

A lo largo de la vida el grupo, los Joaquin Brothers hicieron sólo un disco, “The Joaquin Brothers — Play Polkas & Chotis”. Ni siquiera se grabó la presentación en el Carnegie Hall. Joaquin dijo que no sabe bien por qué la banda no grabó más.

Dijo que ellos simplemente querían hacer sentir bien a la gente.

O quizá solamente, como el poeta que recita sus versos sólo para escucharlos flotar, los Joaquin Brothers tocaban su música por el placer de hacerlo, para darles a los bailarines y a los escuchas el gusto de sentir la música en el momento y dejar que las notas se disipen.

Al parecer, algunos músicos no nacen para grabar discos sino para tocar por placer.

Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al 573-4187.