La duda de la semana: hablar de “Río 2” (Carlos Saldanha, 2014) y darle gusto a los papás con todo y sus críos con la secuela de esa colorida cinta infantil llena de música a imágenes exóticas, o dejarme llevar por mis gustos personales y ocuparme del estreno de horror más llamativo en lo que va del año: “Oculus” (Mike Flanagan, 2014), trabajo que tiene el acierto de mezclar una historia más o menos original con buenas dosis de misterio y sustos.

¿Por qué hablar de Rio 2? Bueno, por varias razones: primeramente, porque será una cinta que, tal y como lo hizo su predecesora, será bastante entretenida para públicos de todas las edades (pero que será olvidada en un par de semanas, por supuesto), y porque mientras la veamos acomodados en nuestras butacas escucharemos sin duda las risas de los infantes que llevamos a la función.

Oculus, por otro lado, no se queda atrás en cuanto a atractivo, sobre todo porque su historia (partida en dos épocas y con los mismos dos protagonistas pero en distintas edades), satisfará a aquellos adictos al cine que no tienen problema en reconocer que tanto mérito tiene llorar, reír y suspirar en la sala, como temblar de miedo y brincar del susto.

La cinta animada, por un lado, retoma la historia de Blu (Jesse Eisenberg), su pareja Jewell (Anne Hathaway), quienes se dan cuenta de que no son los únicos de su especie, y junto a Rafael (George López), Nico (Jamie Foxx) y Pedro (Will I Am), sus vivarachos hijos, se internarán en el corazón del Amazonas para encontrar a otros guacamayos pintorescos en vivo, en directo y a todo color.

El filme de terror, por su parte, nos presenta a Tim (Brenton Thwaites), un joven de 21 años que desde los 9 se la ha pasado encerrado en una institución mental, ¿la razón?, aparentemente Tim a los 9 años mató a su padre (Rory Cochrane) luego de ver cómo éste asesinara a su madre (Katee Sackhoff). Lo extraño aquí es que Kaylie, su propia hermana (Karen Guillian), asegura que todo ocurrió a causa de un espíritu maligno que vive en un espejo antiguo localizado en el interior de la casa.

Lo seductor de la cinta familiar radica no tanto en que Jewell encontrará en el Amazonas a su mismísimo padre, o que Blu se sentirá amenazado por Roberto (Bruno Mars), un antiguo amigo de su esposa, incluso tampoco por el acecho de la malvada Niguel (Jemaine Clement), sino porque el domesticado guacamayo se las verá duras en este nuevo entorno salvaje mientras se enfrenta a la amenaza constante del hombre por deforestar la selva.

Si la cinta no puede atreverse a presumir de originalidad en la trama, sí puede hacerlo con respecto a los números musicales y el espectáculo visual, elementos que seguramente deslumbrarán a los asistentes, sean niños o adultos.

Finalmente, hay que decir que el gancho de la historia de horror lo advertiremos desde el inicio, sobre todo por su guión inteligente, ingenioso y entretenido. Y es que ya era tiempo de ver una cinta de horror que retomara el tema de la posesión y la maldición de una manera distinta, es decir, sugiriéndola, no explicándola infantilmente, cosa que siempre se agradece.

Es verdad que Oculus no desaprovecha para nada los tradicionales violinazos ni los azotes al piano para provocar saltos en la audiencia, pero sí acierta en dejarle al espectador pistas y sugerencias para que éste experimente (mientras le piensa) algo de miedo en su interior.

Ahí tiene usted el menú; la decisión de saltar del susto o cantar del gusto es suya. Hasta la próxima.

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