Alguna vez leí en una entrevista hecha a Quentin Tarantino que el creador de Reservois Dogs, Pulp Fiction y Kill Bill aconsejaba a los nóveles aspirantes a cineastas que no esperaran apoyos de grandes productoras para iniciar su carrera en el cine.

“¡Toma una cámara y comienza a rodar tu película!”, recomendaba el director, quien estaba consciente (por haberlo vivido en carne propia) de que la vida pudo haber pasado frente a él sin que el destino le llevara hasta sus manos la ansiada oportunidad.

Que una persona con talento irrumpa en el medio utilizando sólo su ímpetu y recursos propios puede resultar muy bueno. Ahí están los casos de Stanley Kubrick, quien a los 24 realizó su film Fear and Desire (1953); M. Night Shyamalan que hizo Praying with Anger (1992) a los 22, el cual, como muchos de los que integran esta lista, protagonizó, editó, produjo y dirigió. También están Ti West, que a los 24 realizó The Roost (2005) y Martin Scorsese que con sólo 25 dirigió That Knocking at My Door (1967).

La lista incluye nombres como (fíjese usted) George Lucas con su THX1138 (1971), George A. Romero y su Night of the Living Dead (1968), Luis Buñuel con Un perro andaluz (1929), el propio Tarantino con Reservois Dogs (1992) y Darren Aronofsky con Pi (1998).

Es verdad que algunos de ellos tuvieron un leve impulso al contar con algún actor famoso o una productora indulgente que les diera un leve espaldarazo, pero es digna de mención la energía que estos cineastas tuvieron que aportar para sacar adelante su primer proyecto.

Eso sí, cuando el consejo de Tarantino es seguido por personas sin una pizca de talento y con el sentido del gusto totalmente atrofiado puede dar como resultado una cinta como The Room (Tommy Wiseau, 2003), la cual resulta ridícula en todos los sentidos: diálogos, actuación, edición y lo que quiera usted agregar.

Considerada como la peor película jamás filmada (superando, incluso, lo hecho por Ed Wood), The Room se fue transformado poco a poco en una especie de cinta de culto por lo ridículo y amateur de su propuesta, atributos (defectos) que la llevan a provocar risas embarazosas y llenas de pena ajena al espectador donde Wiseau, su director, guionista y productor, buscaba crear drama.

Dirigida por James Franco, The Disaster Artist (2017) es la versión cinematográfica de lo vivido por el propio Wiseau en el año 2001 para materializar “su visión artística” en su ya célebre The Room, una obra con la que él, algunos amigos cercanos y varios actores improvisados con hambre de fama intentaron ganarse un lugar en la industria.

Con ya más de 30 trabajos como director (entre cortos y largometrajes), The Disaster Artist es, sin duda, de lo mejorcito que Franco ha realizado hasta la fecha; y es que consiguió reproducir con credibilidad, a manera de un falso behind the scenes (detrás de cámara), el proceso creativo de la célebre obra, la estrafalaria personalidad de Wiseau y la dinámica de locura que rodeó a la producción.

Según algunas entrevistas, Wiseau se ha declarado relativamente satisfecho con el resultado (su fama, obviamente, ha crecido gracias a la cinta de Franco), aunque en lo personal me pregunto qué pensará realmente este actor al ver que su esfuerzo y su personalidad sirvieron para mostrar a un sujeto ridículo cuyo talento distaba infinitamente de sus deseos de triunfo.

El elenco que participa en el proyecto podría resultar hasta contradictorio por lo conocido de sus nombres, vea usted: Kristen Bell, Alison Brie, Josh Hutcherson, Lizzy Kaplan, Zac Efron, Megan Mullally, Bryan Cranston y Dave Franco.

Hasta la próxima.