Cortesía / Agencia Reforma México Escena de la película “Ahí está el detalle”, la mejor de Cantinflas, de acuerdo al Top Five de esta columna de cine.

Hay razones de sobra para nombrar Época de Oro a ese cine mexicano que abarcó aproximadamente 25 años (de mediados de los treintas hasta finales de los cincuentas). Por un lado, la abundante producción comprendió todos los géneros y, por el otro, se logró construir una industria gracias a la confección de una cantidad considerable de estrellas redituables en la taquilla.

Sus figuras máximas fueron Pedro Infante, Pedro Armendáriz, Jorge Negrete, María Félix, Luis Aguilar y, por supuesto, el inigualable Mario Moreno “Cantinflas”, quienes trascendieron el mote de estrellas para convertirse en ídolos (quien quiera incluir aquí a Germán Valdés Tin Tan, adelante).

Calificado como el cómico más grande del mundo por el mismísimo Charles Chaplin y en su momento el actor mejor pagado del mundo gracias a la taquillera “Around the World in Eighty Days” (Michael Anderson, 1956), Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, alias Cantinflas, es de los pocos mexicanos que pueden presumir de haber sido requeridos por Hollywood para entrar en plan grande.

Con el pretexto del próximo estreno de “Cantinflas” (Sebastián del Amo, 2014), biopic sobre la vida del insuperable Mimo de México, en Palomeando queremos recoger y comentar a manera de homenaje los mejores trabajos que, a nuestro criterio, representan lo mejor de este genio inmortal. Por cierto, todas fueron dirigidas por Miguel M. Delgado.

5.- “El Siete Machos” (Miguel M. Delgado, 1951), porque, aunque no tenga los mejores diálogos y juegos de palabras tan distintivos del cómico, es un deleite verlo dejando de lado un poco su imagen de “pelado” para emular a Jorge Negrete o Pedro Infante, ya sea seduciendo a chicas guapas, retando a duelo a tipos peligrosísimos o defendiendo al desamparado a punta de pistola. Lo destacado: El tic en el ojo.

4.- “Si yo fuera diputado” (Miguel M. Delgado, 1952), en donde un peluquero se lanza como diputado, una situación inmejorable para que el cómico aderece cada discurso proselitista con su muy peculiar estilo. Lo destacado: Se rumora que Cantinflas escribió este guión influenciado por “El gran dictador” (1940), de Charles Chaplin.

3.- “El gendarme desconocido” (Miguel M. Delgado, 1941), en donde el popular personaje se ubica del lado de la ley al encarnar al conocido Agente 777. En esta cinta, a además de torturar a sus superiores e instructores con sus enredosos comentarios, también se da el lujo de resolver un caso policiaco de importancia. Lo destacado: Su frase “¡ausórdeneneees jefeeee!”

2.- Como para el segundo puesto no me pude decidir entre “¡A volar joven!” (Miguel M. Delgado, 1947) y “Romeo y Julieta” (1947), declaro un empate. De la primera puedo decir que pocas cintas me han hecho reír tanto como la historia de este soldado incapaz de seguir órdenes. Lo destacado: Los tanques de guerra, las armas y las numerosas explosiones hablan de una producción bastante respetable.

La segunda se justifica por el título mismo: basta imaginar al actor y su lenguaje entrecortado, intentando emular al adolescente enamorado de Verona para comenzar a carcajear. Lo destacado: Cantinflas en mallas (a media cadera, por supuesto) y con sombrero de pluma declamándole poemas a su Julieta.

Antes de ir al número uno de este conteo, vale la pena hacer un par de menciones honoríficas que me remuerde no incluir: “El Bombero Atómico” (1950) y “Un día con el Diablo” (1945), que en mi opinión le pueden dar pelea a cualquiera de las incluidas en esta lista.

1.- “Ahí está el detalle” es, sin duda, la número uno y el momento cumbre del actor, tanto por los ingeniosos juegos de palabras como por lo cómico de sus situaciones. Es ésta, además, la cinta en donde más luce su personaje de “peladito”.

La historia versa sobre un vago que se hace pasar por un tal Bernardo, el desaparecido hermano de la señora de la casa, condición que el vago de Cantinflas aprovecha al máximo. Lo malo ocurre cuando el impostor debe enfrentar un juicio por un crimen cometido por el verdadero Bernardo. Lo destacado: Cada palabra del siguiente monólogo:

“Mira, ya no me defiendas, manito. Señor juez, yo pido la palabra y creo que tengo derecho, porque ya es mucho aguantar a este individuo. No quiero que al agarrar la misma, se me quiera tomar, por tomar… que así sea. Este individuo desde un principio se vio la mala intención… señores del jurado, no, no, no quiero tampoco… ¿Por qué? Mire usted. A usté le consta. Yo tengo un… a usted le conozco muy bien señor, y yo no quiero tampoco que se me tome y se me subaje en esta forma, porque soy macho en cualquier terreno y a mí no… Yo pido que se fusile al señor este y al otro señor y a todos y a usted… contra usté no pido nada porque ya me cansé, ¡materialmente!”. (Ahí está el detalle, 1940).

POSTDATA: Quiero aprovechar este espacio para hacer mención de la partida de otro genio de la comedia. Adiós al versátil Robin Williams, el más grande stand up y uno de los tipos más agradables de todos los tiempos.

Descanse en paz.

Ernesto Portillo Jr. is editor of La Estrella de Tucsón. He can be reached at 573-4187 or netopjr@tucson.com