Para muchos, que Disney le haya arrebatado la marca Star Wars a George Lucas (es un decir, ya que recibió una millonada por ella) fue lo mejor que le pudo haber pasado a la franquicia.

Y es que, si comparamos lo que hizo Lucas posterior a los episodios IV, V y VI (es decir, los episodios 1, 2 y 3) y lo que ha hecho la compañía de Mickey Mouse hasta ahora (Rogue One y The Force Awakens), el ya mítico creador de todo lo relacionado con la marca no sale tan bien parado.

Resulta curioso que de las tres precuelas que Lucas realizó, apenas la última de ellas (Revenge of the Sith) conserva un poco de la esencia que hizo exitosa a la serie, lo cual ilustra muy bien lo alejado que estaba el cineasta de su propio producto. En cambio, las cintas post Lucas mencionadas antes se sienten más cercanas al origen, tal vez porque fueron hechas especialmente por y para quienes más las respetan y conocen a profundidad: los fans.

Star Wars: The Last Jedi (Rian Johnson, 2017), el Episodio VIII de la saga, tiene principalmente tres líneas argumentales que avanzarán cada una por su lado y que tendrán que ver con los principales frentes de la historia que renació a partir de The Force Awakens.

Esas tres tramas son las siguientes: Rey y su camino al autoconocimiento (guiada por Luke), Leia y su lucha rebelde y, finalmente, Kylo y su camino franco hacia la perdición.

En la trama de Rey (Daisy Ridley) veremos lo siguiente: luego de la muerte del popular Han Solo (Harison Ford) la joven, todavía abrumada por las revelaciones sobre su identidad, arriba a un planeta desconocido para conocer en persona al legendario maestro Jedi Luke Skywalker (Mark Hamill).

Su objetivo es conocer los misterios de la mítica Fuerza que mueve los hilos del universo y, con la asesoría de Luke, entrenarse en ella para enfrentarse al Lado Oscuro, representado por el ambicioso y corrompido Kylo Ren, hijo de los héroes Leia y Solo.

Por otra parte, mientras Rey trabaja en el dominio del sable de luz y del control de la Fuerza, Leia (Carrie Fisher) y las fuerzas rebeldes están muy ocupadas enfrentándose a una nueva orden del imperio, encabezada por el general Hux (Domhnall Gleeson) y Snoke, el misterioso Líder Supremo (Andy Serkis).

La tercera trama importante tiene que ver con Kylo Ren (Adam Driver), ya reclutado a las filas del Lado Oscuro gracias a los Caballeros Ren. Desde esta posición el joven villano centrará sus esfuerzos en tratar de contactar al espíritu de su abuelo Anakin, quien fuera conocido, posteriormente, como el terrible Darth Vader.

Su obsesión principal es conocer el porqué de su derrota frente a una desconocida Rey, y no descansará hasta vengarse de ella a como dé lugar, aunque esto incluya el tener que agregarla a su causa.

La cinta pinta para repetir la misma tónica de The Empire Strikes Back (1980), la más oscura de la trilogía que dio inicio a todo ya que, por un lado, Rey será atraída hacia el mal y Leia, como ya todo sabemos, tendrá que despedirse de alguna manera del universo Star Wars.

Completan el elenco Gwendoline Christie, Laura Dern, Oscar Isaac, Benicio del Toro, Jon Boyega, Lupita Nyong’o y un montón de cameos que, seguramente, pasarán desapercibidos por todo mundo.

Hasta la próxima.