Para Estados Unidos de Norteamérica, los Juegos Olímpicos son las competencias en las que se saben eternos favoritos, ya que en casi todos los deportes (sean de conjunto o en solitario) en los que participan son candidatos a llevarse la codiciada medalla de oro.

Comprobar lo anterior resulta fácil, pues sólo es necesario buscar en internet una relación del medallero histórico para verificar que el país de las barras y las estrellas encabeza la lista, duplicando en cantidad las preseas obtenidas por el el eterno segundo lugar (y su eterno rival): Rusia.

Eso sí, las experiencias de vida que acompañan a sus atletas más famosos son dignas de contarse en una gruesa y conmovedora biografía (están los casos de Michael Phelps, Floyd Mayweather Jr., Jesse Owens, Carl Lewis, Mark Spitz, etc.) y no pocas están llenas de escándalos con los cuales se podría producir de una versión cinematográfica llena de dramatismo, fracasos, triunfos y reivindicaciones.

La historia de Tonya Harding es de las que resultan más interesantes por el tipo de hechos que ocurrieron y, sobre todo, por el deporte en el que se presentó: el patinaje artístico. Y es que esta competencia suele distinguirse más por la belleza de sus trazos, la apariencia estética de sus ejecutantes y la delicadeza de sus presentaciones que por sus historias oscuras.

I Tonya (Craig Gillespie, 2017) es la sorprendente y torcida historia de la patinadora profesional Tonya Harding, la cual fue interpretada magistralmente por Margot Robbie (dicen que su trabajo huele a nominación al Oscar), quien luego de realizar algunos papeles sobresalientes (The Wolf of Wall Street y Suicide Squad) se ganó a pulso su primer protagónico de peso.

La cinta abarca la vida de la deportista desde su complicada niñez, en donde tuvo que soportar una disciplina férrea impuesta por sus entrenadores y una presión casi patológica por parte de su propia madre (Allison Janney), hasta que conquistó la fama, momento en el cual su carrera se vino abajo de una forma escandalosamente espectacular.

La dos veces olímpica, segundo lugar mundial y la primera mujer estadounidense en completar el complejo salto conocido como triple axel (entre otros muchos logros) tiene en su registro otros hechos mucho menos loables, los cuales convirtieron a este personaje público en uno de los más deplorados de la historia.

La parte oscura en la vida de Harding comenzó cuando un tal Shane Stant, contratado por su ex esposo Jeff Gillooly (Sebastian Stan) y su guardaespaldas Shawn Eckhardt (Paul Walter Hauser), atacaron a Nancy Kerrigan, quien en ese momento era la más dura rival de Harding para asistir a los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994.

La cinta está llena de personajes pintorescos, sombríos y ridículos, los cuales resultaron muy adecuados para contar esta historia llena de humor negro que corresponde a la perfección con los hechos que le ocurrieron a la protagonista en ese entonces y posteriormente.

Un ejemplo de lo anterior es lo siguiente: resulta que la verdadera intención de los atacantes era romperle la pierna a Kerrigan para evitar con ello que fuera una amenaza para los intereses de Harding; sin embargo, la herida quedó en un moretón y, ya recuperada, Kerrigan obtuvo la medalla de plata en los juegos mientras que Harding quedó octava.

Lo peor estaba por venir: muy pronto las sospechas de que Harding había tenido algo que ver en el ataque hacia su rival crecieron, al grado de que el eco en los medios orilló a llevar el conflicto a un juicio en donde todo fue descubriéndose poco a poco, con las consabidas traiciones del caso y una vergüenza pública imborrable.

Hasta la próxima semana.