Por lo que a mí respecta, reconozco que los géneros cinematográficos que mejor me han respondido en mi búsqueda personal de emociones son dos: el de terror y el de misterio, y más cuando se les adereza con ese par de ingredientes de lujo que son la intriga y el suspenso.

Esa cuota de sufrimiento/angustia/sustos que recibo en el lapso de dos horas (no me juzgue usted mal) son mi ideal de entretenimiento, de ahí que en mi lista de películas favoritas abunden ejemplos que oscilan entre ambos géneros.

Aún recuerdo la tarde en que vi, en una sola función, las que coloqué con el paso de los años a la cabeza de mi Top Ten de las mejores cintas de terror-suspenso de la historia: "Evil Dead" (Sam Raimi, 1981), con su "gore" extremo, y "The Exorcist" (William Friedkin, 1975), con su ritmo perfecto. Ambas logran eso que en mi opinión deben buscar este tipo de obras: asustar, asquear e intrigar.

Pero lograr tal efecto no es tan simple. Se cuenta que la cinta de Raimi fue una verdadera tortura para sus actrices, quienes tuvieron que cubrir sus ojos con unos gruesos y duros pupilentes blancos para caracterizarse y realizar con credibilidad sus aún escalofriantes secuencias de posesión.

"The Exorcist", por su parte, tiene ya un séquito de imitaciones que se han colgado de su éxito incluyendo la palabra "exorcismo" en el título, pero la verdad es que del montón hay sólo un par de trabajos apenas respetables.

Para suerte de los miles de fans que hemos elevado a la cinta de Raimi a un lugar de culto, hay que decir que su 'remake' no sólo cumple con el pendiente de no maltratar su esencia, sino que posee lo propio como para ser respetada por sí misma.

"Evil Dead" (Fede Álvarez, 2013) es un producto bastante aceptable, y no lo digo contagiado por el entusiasmo de ver finalmente el "remake" de una de mis predilectas, sino que en verdad hay para aplaudirle a su director, un uruguayo bastante prometedor, su empeño por desplazar los poco efectivos recursos del CGI (en este tipo de cine) y recurrido más al auxilio del maquillaje y las prótesis realistas.

Y es que la diferencia se siente: no es lo mismo ver ojos, brazos, manos, sesos y salpicaduras de sangre generados por computadora a que personas de carne y hueso trabajen con sus propias manos, pasta, yeso, látex, miel y colorantes.

La trama respeta más o menos la premisa de la original: con la intención de ayudar a Mia (Jane Levy) en sus problemas de adicción, cinco amigos viajan a una solitaria cabaña ubicada en medio del bosque. Estando ahí, luego de algún rato de diversión, chistes y coqueteos de rutina, dan con un misterioso libro con el cual despiertan, sin querer, a un espíritu maligno que se va apoderando de ellos y aniquilando uno a uno.

Es cierto, hay guiños frecuentes de Álvarez a la obra del otrora director de la trilogía de Spider-Man (recordemos que éste último funge como productor ejecutivo al lado del inigualable Bruce Campbell, protagonista de la versión ochentera); sin embargo, más que un "reboot", la cinta del uruguayo se las arregla para ser mucho más que un tributo.

Para aplaudir está, por un lado, una semejanza digna de reconocimiento: la versión de 2013 no se queda atrás en el nivel de "gore" gráfico logrado por la del 81. Para lamentar un poco, eso sí, está el asunto del humor negro y absurdo de la original, que en la nueva brilla por su ausencia. Es obvio que el "remake" buscó su propia personalidad.

RECOMENDABLE sólo para los de estómago resistente y fans del terror duro y el "gore" gráfico. Ojo, si es usted fan de la saga de Raimi, recuerde que no hay que ponerse pesimista y hacerla menos por ser "remake". Otra recomendación: vea aquí el corto que le dio a Álvarez pase directo para dirigir en Hollywood: youtube.com/watch?v=-dadPWhEhVk