Need for Speed es actualmente uno de los videojuegos más populares en esa industria de sofisticado entretenimiento que, en algunos de sus casos, sí resulta impresionante en cuanto a sus gráficos que cuidan cada detalle hasta la exageración, alcanzando una veracidad realmente sorprendente.

El juego, también conocido como NFS, fue desarrollado en un principio por la empresa canadiense Distinctive Software, la cual realizó ensayos interesantes en el año de 1990 en un juego llamado Test Drive, mismo que evolucionaría después en Test Drive: The Duel (1992) y que se transformaría finalmente en el mundialmente conocido NSP (1994).

A partir de entonces las versiones fueron llegando al mercado al ritmo de casi una nueva por año, siendo la de la actualidad una de las más espectaculares en el renglón de realismo y, por lo que se descubre luego de leer un poco de literatura al respecto, el que más adrenalina hace correr en las venas de los animosos gamers.

Los criterios se dividen en serio a la hora de clasificar y hacer una lista del Top Ten de entre toda la oferta disponible; sin embargo, sí hay cierto consenso a la hora de hablar de los principales: Fórmula 1 (F1), Motorsport, Top Gear, Gran Turismo, Burnout Paradise, el mencionado NFS y hasta Mario Kart.

Pero mientras el debate se calienta en algunos de esos blogs de obsesivos jugadores, uno de esos juegos puede presumir ya de contar con una aceptable versión cinematográfica: “Need for Speed” (Scott Waugh, 2014), una cinta dirigida por un ex stuntman (doble) y protagonizada por el recién egresado de una de las series de televisión más galardonadas de los últimos años: Aaron Paul.

Sinceramente, no creo que al espectador que busque esta opción en las carteleras de cine le va a quitar el sueño que el guión de la cinta se sienta vacío y sin sentido, pues lo que querrá ver mientras consume sus palomitas y se bebe su refresco serán persecuciones, volteretas, choques de autos deportivos de lujo, los cuales corren a gran velocidad y se destruyen masivamente.

Paul encarna a Tobey Marshall, un ex convicto recién salido de la cárcel que ha pasado una buena temporada tras las rejas por un crimen que, obviamente, no cometió, y a causa, sobre todo, de su adicción por competir en carreras de autos callejeras (sí, del tipo de The Fast and the Furious).

Dolido por la muerte de su amigo Pete, Tobey se involucrará de nueva cuenta en una carrera a campo traviesa (organizadas por un tal Monarch, interpretado por un exagerado Michael Keaton) con la intención de vengar a su amigo y derrotar al odioso Dino Brewster (Dominic Cooper), su rival.

La cinta, la verdad, no es otra cosa que un pretexto para reproducir en cine algunas de las secuencias que han hecho famosa esta serie en las consolas de todo el mundo: correr a toda velocidad mientras se derrumban muros y postes de luz, se destruyen autos y patrullas de policía (las cuales siempre van a hacerse presentes en la persecución al protagonista), se saltan puentes y se toman atajos imposibles.

Efectivamente, ya hay quejosos en las redes de fans que reclaman con todas sus vísceras que no hay choques suficientes, que hacen falta más helicópteros acosando al personaje principal, que eran necesarios más policías involucrados en el escape, que Aaron Paul será muy buen actor, pero que seguramente no ha jugado ninguno de los títulos de la saga, que… en fin.

Mejor, aquí (caja anexa) les presento mis predicciones para los premios Oscar que se entregan el domingo 2 de marzo.

La próxima semana veremos a cuántas le acertamos.