NARAHA, Japón (AP) -- Dos años después que una triple calamidad azotó la costa noreste de Japón -un terremoto, un tsunami y un desastre nuclear-, hay escombros que se ciernen como amenaza para la región, pues contienen asbesto, plomo, policlorobifenilos y, tal vez lo más preocupante, desperdicio radiactivo de la planta nuclear de Fukushima Dai-Ichi.

Hasta ahora, la eliminación de desperdicios que dejaron los desastres es desaseada. Los trabajadores, que muchas veces carecen de supervisión, capacitación o equipo adecuados, han dispuesto de la basura contaminada con escaso cumplimiento de las normas o de la seguridad, ya que el crimen organizado se ha infiltrado en el proceso de limpieza.

Los investigadores apenas están comenzando analizar las muestras ambientales en busca de posibles implicaciones para la salud de las toxinas que se hallan en la zona de desastre y que incluyen dioxinas, benceno, cadmio y otros desechos, dijo Shoji F. Nakayama, del Instituto Nacional de Estudios Ambientales, que está afiliado al gobierno.

Además de algunas encendidas reacciones a algunas sustancias en el polvo y los escombros, los riesgos de largo plazo son poco claros, dijo el funcionario.

La cantidad de escombros y de vehículos y motocicletas aplastados y desperdigados por la costa sólo dan una idea de la cantidad de basura que se ha retirado hasta ahora de las líneas costeras y valles rivereños que fueron arrasados por el maremoto del 11 de marzo de 2011. Para retirar, separar y procesar los escombros -y una extensa cantidad de suelo contaminado con radiación y otros desechos cerca de la planta en Fukushima- el gobierno depende de las grandes compañías constructoras cuyos sistemas de subcontratación en diversas capas están infiltrados por bandas criminales, conocidas como yakuza.

En enero, la policía arrestó a Sumiyoshi Kai, un importante miembro de la segunda yakuza más grande del país, bajo la sospecha de enviar ilegalmente a tres contratistas a Date, una ciudad en Fukushima que batalla con contaminación relativamente alta, a través de otra constructora y de quedarse con una tercera parte de su salario.

Kai dijo a los interrogadores que se le ocurrió hacer dinero en los proyectos de limpieza porque el pago diario, por el equivalente a entre 160 y 180 dólares, era mucho mayor que para otros trabajos de construcción, dijo el portavoz de la policía Hiraku Hasumi.

Durante mucho tiempo, los gánsters han estado involucrados en el manejo de los desperdicios industriales, y la policía sospecha que los malhechores tienen como objetivo sistemático los proyectos de reconstrucción, estafar con esquemas de crédito a costo bajo a los residentes afectados por el desastre y movilizar ilegalmente trabajadores de limpieza y construcción.

Mientras tanto, los trabajadores se quejan de los descuentos a sus salarios, la falta de pago de la prima por los trabajos de riesgo -que debería ser de unos 110 dólares por día- y del inadecuado equipo de seguridad y capacitación para manejar los desperdicios tóxicos que están sacando de poblados, costas y bosques después de que se fusionaron los núcleos de tres reactores en la planta de Fukushima Dai-Ichi liberando radiación al aire, suelo y océano que lo rodea.

"Sólo somos parte de un problema extendido", dijo Nakamura, un trabajador de 56 años que sólo quiso dar su apellido por temor a represalias. "Todos, desde burócratas y gigantes de la construcción hasta delincuentes tatuados están tratando de sacar provecho de los proyectos de descontaminación. Y el gobierno se hace de la vista gorda".

Carencia de mano de obra, supervisión laxa y grandes cantidades de dinero para la limpieza son una receta para timar. Y mucho dinero está en juego: la limpieza de un segmento de 20 kilómetros (12 millas) cuya contaminación excede 10 veces los límites de radiación permitidos costará 22.500 millones de dólares, dijo Yoshinari Yoshida, funcionario del Ministerio del Medioambiente.