MOSUL, Irak (AP) -- Para un teniente de las fuerzas regulares iraquíes, la lucha contra el grupo extremista Estado Islámico en Mosul es una búsqueda de venganza lenta y constante. Desde hace tres años trata de encontrar a dos miembros de la milicia radical de su pueblo que cree que mataron a su padre.

Asegura que si pilla a alguno de los dos, lo someterá a "una muerte lenta" y colgará su cadáver en un poste tras obligarlo a revelar donde está enterrado su padre.

Esta sed de venganza que se percibe tras las victorias militares sobre los insurgentes está alimentando asesinatos extrajudiciales de supuestos miembros del EI a manos de las fuerzas de seguridad iraquíes dentro y fuera de Mosul.

La semana pasada circularon videos en los que se ve a soldados que arrojan a presuntos militantes del EI al río Tigris por sobre un muro y luego les disparan.

Cuatro oficiales de distintas ramas de las fuerzas armadas iraquíes que hablaron con la Associated Press admitieron abiertamente que sus soldados mataron a presuntos combatientes del EI capturados y desarmados, y justificaron esas acciones. Igual que el teniente, hablaron a condición de no ser identificados porque saben que esas prácticas van en contra de las leyes internacionales, pero todos coincidieron en que la lucha contra el EI debe estar exenta de esas normas para la guerra en vista de la crueldad con que se manejaron los insurgentes.

Las matanzas, no obstante, podrían generar otro ciclo de la violencia que plaga este país desde hace una década, según Belkis Wille, de la agrupación defensora de los derechos humanos Human Rights Watch. Destacó que el EI pudo reclutar gente en el pasado precisamente por el descontento ante abusos, detenciones arbitrarias, torturas y matanzas extrajudiciales.

Si los abusos continúan, "verán que los árabes suníes querrán sumarse a cualquier organización extremista que surja en el futuro", aseguró. Acotó que ningún soldado u oficial ha tenido que rendir cuentas por estos actos.

El baño de sangre refleja lo personal que es para muchos la lucha contra el EI. Cuando esa organización tomó Mosul y asumió el control de buena parte del norte y el oeste de Irak en el 2014, se ensañó específicamente con miembros de las fuerzas de seguridad y sus familias, que fueron blanco de atrocidades. Cerca de Tirkrit, EI mató a unos 1.700 reclutas y los enterró en fosas comunes. Se cree que cientos de policías y soldados fueron asesinados, sin que los insurgentes intentasen siquiera esconder sus atrocidades.

El portavoz del ministerio de defensa, brigadier general Tahseen Ibrahim, dijo que las autoridades "no registran incidente alguno de matanzas por venganza, ni de parte de las fuerzas de seguridad ni de los residentes" de Mosul. "La situación está bajo control y no toleraremos ese tipo de acciones porque pueden generar violentas reacciones".

Pero un alto oficial admitió que sus soldados han matado a muchos presuntos militantes del EI que escapaban de Mosul mezclados entre civiles.

"Cuando un grupo de civiles nos dice, 'este hombre es daesh, sí, lo matamos'", declaró, usando el término árabe con que se conoce aquí al EI. El militar no quiso ser identificado por las posibles repercusiones legales de estas matanzas.

"Cuando te topas con alguien que ha matado a tus amigos, a tu familia, sí, a veces se cometen excesos. Para nosotros es algo muy personal", indicó. "Sé que algunos creen que este tipo de actos está mal. Pero los combatientes de daesh no son humanos. Yo soy el que conserva su humanidad".

El teniente relató que los dos hombres que mataron a su padre eran bien conocidos en su pueblo, una pequeña localidad al sur de Mosul. Aceptó contar su historia porque quiere que la gente entienda lo personal que es esta campaña para los soldados iraquíes. Dos compañeros de armas confirmaron la versión que dio. La AP no revela los nombres de los individuos que busca porque no tiene forma de confirmar independientemente si efectivamente eran militantes del EI.

El padre del militar era un oficial de las fuerzas de seguridad que combatió contra al-Qaida, la precursora del EI, y los dos hombres que busca el teniente habían sido expulsados del pueblo por sus lazos con al-Qaida. Regresaron tras la llegada del EI y mataron al padre. Los insurgentes mataron también a un tío y a más de una docena de amigos y familiares.

El teniente dijo que sus compañeros de armas conocen su historia y lo ayudan en su búsqueda.

Cuenta que interroga a los sospechosos de haber combatido con el EI que son detenidos. "En general solo les hago preguntas. Pero si sé que tienen sangre en sus manos, los mato en el acto".

Reveló que mató a más de 40 presuntos insurgentes, en combate o en ejecuciones. La mayoría, admitió, no tenían nada que ver con la muerte de su padre o sus parientes y amigos.

"No soy egoísta en mi revancha. Lo que hago es para todos los iraquíes", sostuvo.

Relató que en una ocasión las fuerzas regulares detuvieron a un tío de uno de los hombres que mató a su padre y él fue a interrogarlo.