No hay paz para familiares de víctimas de Zetas

2013-07-26T09:48:00Z 2013-07-26T10:52:18Z No hay paz para familiares de víctimas de ZetasThe Associated Press The Associated Press
July 26, 2013 9:48 am  • 

SANTA MARIA ACUITLAPILCO, México (AP) -- Una cinta negra cuelga de la puerta principal de la casa de la familia de Pablo Cote desde que su cadáver fue hallado en una tumba común hace más de dos años. Cuando la familia se sienta a cenar, le hace una ofrenda, colocando un plato de carne con una salsa verde y tortillas en un altar con su foto.

Cote fue secuestrado cuando regresaba en auto desde la frontera con Estados Unidos al estado de Tlaxcala en marzo del 2011. Lo mataron a golpes durante una masacre de 193 personas, incluidos los pasajeros de un autobús, perpetrada por los Zetas en el estado de Tamaulipas, al noreste del país.

El líder de los Zetas Miguel Angel Treviño Morales, quien se cree ordenó esa y otras matanzas, fue capturado la semana pasada por marinos mexicanos que interceptaron su camioneta en una calle de tierra en las afueras de la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo. Su detención, no obstante, es escaso consuelo para los familiares de las víctimas de esas matanzas, que sufren pensando las crueldades que tuvieron que soportar antes de morir.

"Eso me lo he preguntado cientos de veces. ¿Él no tiene hijos, no tiene una madre, una hermana, una esposa, por las que sienta un dolor tan fuerte al momento en que alguien les haga daño?", comentó el hijo de Cote, llamado también Pablo. "Al día de hoy no me explico por qué (matarlos) de esa manera. Por qué con tal brutalidad".

Considerado por muchos el capo del narcotráfico más sanguinario de México, Treviño hizo matar en forma monstruosa no solo a mafiosos rivales sino también a personas inocentes de México, América Central y Estados Unidos. Su Cartel de los Zetas, una banda de corte militar, comenzó a funcionar como pistoleros del Cartel del Golfo. Cuando esos dos grupos se enemistaron en el 2010, los Zetas ya se habían hecho fama de carniceros. Antes de que se desenterrase el cadáver de Cote, los Zetas habían fusilado a 72 migrantes en el 2010. También dejaron la cabeza de una bloguera en su teclado.

Treviño se movía sobre todo en Nuevo Laredo y el estado de Tamaulipas, pero el reino del terror de los Zetas se sentía en todo el país. Cincuenta y dos personas murieron cuando le prendieron fuego a un casino en el centro industrial de Monterrey, en el norte, y varios periodistas del estado sureño de Veracruz fueron asesinados y descuartizados. Sus restos fueron colocados en bolsas de basura. Otros carteles respondieron con matanzas cada vez más escabrosas.

Treviño también hizo sentir su ira en Estados Unidos, donde Jorge Alfonso Avilés, de 19 años, de Laredo, Texas, pasó a engrosar la lista de víctimas en el 2006.

Por entonces Treviño todavía estaba aliado con el Cartel del Golfo y a los Zetas se les dio la misión de librar una guerra en Nuevo Laredo contra el Cartel de Sinaloa por las lucrativas rutas para transportar contrabando a Estados Unidos a través del puerto comercial más activo de la frontera.

La familia de Avilés niega que haya estado involucrado en el narcotráfico, pese a que un tribunal de Texas acusó a Treviño y sus secuaces del asesinato el 17 de febrero del 2010. Los fiscales dijeron que Avilés y un muchacho de 14 años fueron sacados de un local nocturno del lado mexicano de la frontera y llevados a un escondite, donde lo mataron a puñaladas.

Los asesinos usaron la sangre de Avila para brindar por la Santa Muerte, que es venerada por los narcos.

Su tía, María Angela Avilés, quien ayudó a criarlo luego de que sus padres se separaron, le imploró a las autoridades mexicanas que buscasen su cadáver.

"Ojalá ese hombre diga dónde están los cuerpos", expresó la mujer, aludiendo a Treviño. "Hizo sufrir a mucha gente inocente".

Muchas de las víctimas de Treviño fueron migrantes centroamericanos, ya que los Zetas se apoderaron de las rutas para llegar a Estados Unidos y las llenaron de muertos.

Delfino Cusanero dejó la pequeña casa de su familia con pisos de tierra en las colinas cercanas a la ciudad de Guatemala en marzo del 2011 para tratar de reunirse con cuñados suyos que trabajaban en la construcción en Estados Unidos. La esperanza de este hombre de 32 años era ahorrar dinero para comprarse un lote de tierra para cultivar maíz y poder arreglar la casa de la familia.

María Isabela de Cusanero le preparó un pequeño bolso a su esposo en el que incluyó algunas camisas, un par de pantalones y un plástico para protegerlo de la lluvia.

Nueve días después recibió una llamada del "coyote" que había contratado su marido para que lo ayudase a llegar a Estados Unidos, quien le dijo que los Zetas habían secuestrado a su esposo y a varias personas más cerca de la frontera.

En una segunda llamada un hombre le exigió 4.500 dólares para liberar a Cusanero. Su esposa consiguió el dinero como pudo con la ayuda de sus hermanos que residen en Estados Unidos y de otros parientes de Guatemala.

Pero lo único que recibió a cambio fueron los restos de su esposo, enviados un año después.

"Solo ceniza me dieron", comentó, agregando que no sabe si realmente eran las de su marido. "Yo estoy con duda porque no lo vi, esas cenizas no sé si son de él"

La mujer sostiene a dos hijas tejiendo en un telar túnicas tradicionales llamadas huipiles. Terminar una túnica puede tomar tres meses y cobra 40 dólares por cada una. Cuando se queda sin dinero, su familia la ayuda con comida y leña.

Dice que extraña al amor de su vida. "Es duro. Aunque yo pueda hacer un montón de cosas, él nunca va a regresar conmigo", afirma entre sollozos.

En Santa María Aguitlapilco, la viuda de Cote, Juana Teozol, también sufre.

Su esposo era de origen humilde, pero había abierto tres prósperos negocios --una tienda de comestibles, un negocio de vidrios y otro de venta de autos usados-- y había educado a sus hijos, uno de los cuales es médico mientras que el otro es dentista.

Cote regresaba a su casa en una camioneta que había comprado cerca de la frontera para vender en su negocio cuando se perdió el contacto con él. Un desconocido que respondió su teléfono celular dijo: "Dejen de molestarme. Él ya no tiene este teléfono. Si siguen molestando, ya verán lo que pasa".

Teozol se hace cargo de la tienda de comestibles, donde una de sus hijas cortaba un pollo en una tabla de madera a fines de julio y un cliente seleccionaba su pan preferido. La familia cerró el negocio de vidrios y Pablo hijo está administrando la venta de autos usados, pero ya no viaja al norte para comprar vehículos.

La viuda de Cote dijo que las pérdidas económicas que sufrieron no son nada comparado con el dolor que sienten. Jamás recuperó el cadáver de su marido, que estaba demasiado descompuesto como para que se pudiera hacer un funeral con ataúd abierto.

"Tuve que ir a una terapia. Pero la terapia no sirve", comentó la mujer. "Cuando lleva usted un dolor muy a fondo, una terapia no sirve", insistió.

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