Papa visita a peregrinos, humildes y adictos

2013-07-24T20:39:00Z Papa visita a peregrinos, humildes y adictosThe Associated Press The Associated Press
July 24, 2013 8:39 pm  • 

APARECIDA, Brasil (AP) -- El papa Francisco aprovechó su última visita del día a un hospital para decir que la legalización del consumo de drogas no es la manera más efectiva para bajar su consumo, luego de una intensa jornada en la que hizo una emotiva suplica a los católicos del mundo para que rechacen el materialismo durante la primera misa pública que ofició en su primer viaje internacional como pontífice.

En su primer día completo de actividades en Brasil, Francisco viajó de uno de los santuarios más importantes de América Latina, la Basílica del Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, que él llamó un "santuario del sufrimiento humano" y luego a un hospital de Río de Janeiro que trata a drogadictos, donde denunció a los narcotraficantes como "traficantes de la muerte", que alimentan cotidianamente su sufrimiento.

"La plaga del narcotráfico, que favorece la violencia y siembra dolor y muerte, requiere un acto de valor de toda la sociedad", dijo el santo padre. "No es la liberalización del consumo de drogas, como se está discutiendo en varias partes de América Latina, lo que podrá reducir la propagación y la influencia de la dependencia química".

Agregó el problema debe ser atacado de raíz "promoviendo una mayor justicia, educando a los jóvenes en los valores que construyen la vida común, acompañando a los necesitados y dando esperanza en el futuro".

Se trata de un pronunciamiento inédito de parte de Francisco, quien sólo había mencionado en el pasado, pero de forma general, el flagelo de las drogas.

Pero, además fue una declaración política inusual por parte del jefe de la iglesia Católica, quien hasta ahora se ha mantenido alejado de tales asuntos.

Ambos encuentros, tanto en Aparecida como en el hospital, tuvieron como protagonistas a los marginados y humildes, lo que empiezan a dibujar el estilo que tendría su papado, para un pontífice que no se ha cansado de reiterar que la iglesia debe dedicarse a aliviar y atender a los pobres y a los que sufren.

En las palabras pronunciadas fuera del hospital, Francisco reiteró su prédica de la fe y el sacrificio, como lo hizo durante su homilía en el Santuario Nuestra Señora de Aparecida, ubicado a mitad de camino entre Río y Sao Paulo.

Allí, el pontífice instó a los católicos a oponerse a los "ídolos efímeros" del dinero, el poder y el placer.

Miles de católicos llenaron la Basílica y desafiaron la fría lluvia afuera del santuario con lonas y sombrillas para ver al primer papa latinoamericano que regresaba al continente dónde nació y en un santuario de gran significado para Brasil, el país con más católicos del mundo.

Aclamado por los católicos presentes en el templo, principal centro de peregrinación brasileña, el papa tuvo un emotivo momento cuando sus ojos se llenaron de lágrimas al encontrarse con la imagen de la Virgen de Aparecida.

Se inclinó ante ella y permaneció en silencio.

"Madre, te pedimos permanecer aquí, siempre acogiendo a tus hijos peregrinos y estar siempre a nuestro lado, acompañar a la gran familia de tus devotos, sobre todo cuando la cruz más nos pesa", dijo.

Luego la tomó en sus manos y abrazó la imagen.

Después puso la imagen sobre el vidrio que protege a la llamada "virgen negra" y se persignó.

"Es cierto que hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer", dijo Francisco en su sermón. "Con frecuencia se abre camino en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío y lleva a la búsqueda de compensaciones, de estos ídolos pasajeros".

Pidió, a su vez, dar aliento a la generosidad de los jóvenes y ayudarlos a construir un mundo mejor.

Los jóvenes, dijo Francisco hablando en portugués, "son un motor poderoso para la iglesia y para la sociedad. Ellos no sólo necesitan cosas. Necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo".

Francisco también exhortó a los católicos del mundo a mantener sus valores de fe, generosidad y fraternidad, un mensaje que se espera repita más tarde en el día, en una visita en un centro de rehabilitación de drogas en Río de Janeiro.

La iglesia está luchando en América Latina para impedir que los católicos emigren a las iglesias evangélicas y pentecostales que a menudo prometen ayuda en la búsqueda de la riqueza material, una atracción seductora en un continente plagado de pobreza.

Desde que inició su pontificado, la prioridad de Francisco ha sido acercarse a los pobres e inspirar a los líderes católicos a ir a barrios marginales y a las periferias de los países a predicar.

No fue casual, entonces, que el primer gran evento de su primer viaje al extranjero fuera una misa en la Basílica del Santuario de Nuestra Señora de Aparecida. En la pequeña capilla, que atrae a 11 millones de peregrinos cada año, se organizó una importante reunión de obispos de América Latina en 2007 que, bajo la dirección del entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, propuso una declaración de principios sobre cómo revitalizar la fe en el continente.

Tras la misa, el papa caminó entre los fieles dentro del templo, estrechó manos y repartió besos y bendiciones a su paso, además de ser fotografiado por cientos de personas con cámaras o teléfonos celulares.

Al final de la visita, el papa Francisco ordenó que el vehículo abierto en el que viajaba el miércoles se detuviera para que pudiera besar a algunos niños y saludar a los fieles apostados a ambos lados de la calle.

El hecho ocurrió a la salida del seminario Bom Jesus. Francisco bajó del automóvil y caminó al lado derecho del auto, donde estrechó manos y un feligrés le acercó un niño pequeño, envuelto en un abrigo y un gorro, al que besó.

Después se trasladó al lado izquierdo del carro donde le acercaron otro niño de brazos, que también estaba bien abrigado, y al que también besó, antes de volver al automotor, en el que continuó su camino hacia el helicóptero que lo llevó a Sao José dos Campos, en su trayecto de regreso a Rio de Janeiro.

El hecho ocurrió dos días después de que el vehículo en el que se transportaba el lunes del aeropuerto al centro de Río de Janeiro, fuera sorprendido por cientos de fieles que se abalanzaron sobre el automóvil mientras que los escoltas papales los empujaban lejos de él.

Las escenas televisadas alarmaron a algunos jerarcas católicos y fieles y abrió un debate sobre el esquema de seguridad del sumo pontífice.

En Aparecida, los fieles se mantuvieron detrás de barreras metálicas resguardadas por la policía, por lo que nadie se pudo acercar al carro papal. A su llegada al santuario, el papa hizo el recorrido muy lento y los escoltas le acercaron cinco niños al carro para que los besara.

Poco antes, al concluir la misa, salió a un balcón que lleva el nombre de su antecesor, Benedicto XVI, desde donde dio una bendición a los miles de feligreses que lo aguardaban bajo la helada lluvia.

"No hablo brasileño, voy a hablar en español", dijo. "Le pido a la Virgen de Aparecida que bendiga a sus familias, a sus hijos, a sus padres, a patria", antes de lanzar una pregunta a los fieles: "¿una madre olvida a sus hijos?".

La multitud de más de 100.000 personas respondió en coro "no", a lo que el prelado les dijo "ella (la Virgen) no se olvida de nosotros, y ahora le vamos a pedir su bendición".

Con la imagen de la Virgen de Aparecida en las manos, el papa extendió la bendición a los fieles.

Pese al clima gélido, los feligreses vibraron con la presencia del carismático pontífice, que se encuentra en Brasil para participar en la Jornada Mundial de la Juventud.

"He estado levantada casi 24 horas, la mayor parte del tiempo en pie y bajo la lluvia y el frío, pero no siento dolor", dijo Nacilda de Oliveira Silva, una diminuta empleada doméstica de 61 años que apenas si podía ver lo que sucedía por encima de la barda de metal. "Me siento bañada en la gloria de Dios por causa del papa. Para mí es lo mismo que ver pasar a Jesús, así de conmovida me siento".

Antes de la misa, algunos peregrinos buscaron refugio del frío invierno, propio del hemisferio sur en esta época, debajo de lonas, mantas o sacos de dormir al tiempo que dejaron ofrendas dedicadas a la Virgen.

Después de la homilía, el papa también dijo a los fieles congregados afuera del templo que volvería a Brasil en 2017, cuando se cumplen 300 años de la supuesta aparición de la Virgen en el lugar.

Francisco luego fue al Seminario do Bom Jesus donde almorzaría con seminaristas, padres y obispos. Más tarde daría la bendición a unas 50 monjas que viven en tres conventos de clausura en el Santuario de Aparecida.

Algunos feligreses se mostraron molestos por no poder acercarse más y ver al santo padre como Joao Franklin, de 51 años, quien llegó a Aparecida desde el estado vecino de Minas Gerais.

"Levantaron un muro de Berlín entre nosotros y el papa, no nos dejaron acercarnos. Se ve que él quería acercarse pero la policía insistió en la separación", dijo Franklin. "Realmente me siento excluido por estas barreras, no me parece que sean necesarias".

La basílica tiene capacidad para 45.000 personas.

Miles de fieles ondearon banderas y entonaron el coro de "Francisco, Francisco" ante la llegada del papa al templo que recibe a peregrinos de todo el país que acuden a rendir ofrendas y rezar ante Nuestra Señora de Aparecida.

"Puede haber lluvia o sol, frío helado o calor sofocante, que miles y miles de personas vendrán a ver a nuestro papa porque esa es la fuerza de la fe del pueblo brasileño", dijo Taina Alves dos Santos, una secretaria de 29 años, tiritando de frío bajo la llovizna.

Lena Halfeld, un ama de casa de 65 años, trajo como ofrenda una caja de cartón llena de animales disecados, aparatos ortopédicos y otros objetos personales. También dejó una invitación a la boda de su sobrina en diciembre mientras pedía a la imagen de la Virgen que la bendijera.

"Tengo una fe real en los poderes de la Virgen de Aparecida", dijo Halfeld, quien hizo un largo viaje a la iglesia una vez por semana durante un año, durante una reciente enfermedad de su marido. "Ahora está curado, por lo que se lo debo todo a ella. No puedo pensar en un lugar más maravilloso para ver al nuevo papa".

Natalia Pereira, un estudiante de 16 años de una secundaria estatal oriunda de Sao Paulo, dijo que la fría lluvia que tuvo que soportar para llegar a la basílica constituyó una "prueba de fe".

"He estado despierta toda la noche en la fila, estoy empapada hasta los huesos y congelada, pero estoy tan emocionada que vale la pena", dijo Pereira, que intentaba protegerse de la llovizna bajo el enorme paraguas de un amigo. "Esta es la primera vez que veo a un papa y está una oportunidad única en la vida. No estaba dispuesta a dejarlo ir por un poco de lluvia".

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