CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Las mujeres que trabajaban en ABC Toys, una fábrica ubicada en el segundo piso de un edificio de la popular colonia Obrera de la Ciudad de México, eran tan discretas que, cuando la estructura se derrumbó a causa del sismo de la semana pasada, pocos de sus vecinos se acordaban de ellas.

A su muerte, mantuvieron casi el mismo anonimato: las autoridades las identificaron tan solo como “cuatro mujeres taiwanesas” en una lista de extranjeros que fallecieron a causa del sismo de magnitud 7,1.

Pero Helen Chin, Amy Huang, Carolina Wang y Gina Lai tenían nombres e historias que encontraron un repentino final bajo los escombros del número 168 de la calle Bolívar.

El edificio de cristal y concreto que albergaba a una serie de negocios taiwaneses de juguetería y tecnología, así como una compañía de ropa propiedad de un inmigrante argentino, es donde murieron casi todos los extranjeros que fueron víctimas del terremoto.

Además de las cuatro mujeres taiwanesas, entre las víctimas se cuenta al judío argentino Jaime Askenazi, a quien sus amigos llamaban “Che”, y a Pepe Lin, un taiwanés y padre de dos hijos que llegó a México después de vivir su infancia en Paraguay.

“Al igual que muchos, vino en busca de más suerte”, dijo Margarita Cohen, una familiar lejana de Askenazi.

Sus números son bajos, pero sus vidas en conjunto permiten dar un vistazo a la situación migratoria reciente que se vive en México. Con el estrechamiento de lazos comerciales entre China, Taiwán y México, una nueva ola de inmigrantes llegó para invertir en fábricas y abrir negocios de exportación e importación. Grandes números llegan desde otras naciones de Latinoamérica, ya sea con la esperanza de ingresar a Estados Unidos, o de mejorar su situación económica en México.

“Le encantaba estar aquí”, dijo Moisés Lin, hermano menor de Pepe Lin. “Tuvo la oportunidad de venir y se arriesgó”.

Los comercios ubicados en el 168 de la calle Bolívar se localizaban en cuatro pisos de oficinas dentro de un edificio de concreto color rojo y ventanas polarizadas. Ninguna de las empresas contaba con más de media decenas de empleados y es posible que no hubiera más de 50 personas dentro del edificio al momento del temblor.

ABC Toys tenía una sala de exhibiciones y sus oficinas administrativas, mientras que Lin estaba al frente de Dashcam System México, una compañía de cámaras de seguridad para vehículos, que se ubicaba en el cuarto piso. En ese mismo nivel, Diesel Technic, una compañía alemana de autopartes, operaba un espacio de exhibiciones.

A pesar de que el edificio parecía viejo y con pobre mantenimiento, Moisés Lin y otros amigos y familiares de los que trabajaban ahí no recordaron un momento en el que se quejaran de no sentirse seguros.

En su lugar, veían la modesta oficina ubicada en una colonia llena de almacenes y tiendas de conveniencia como un símbolo de oportunidad.

Carlos Liao, el presidente de la Oficina Económica y Cultural de Taipéi en México, dijo que entre las cuatro taiwanesas había una que recientemente se había graduado de la universidad, una madre de una niña de 3 años y una familia de madre e hija que trabajaban juntas. Entrevistas con familiares y amigos revelaron más detalles sobre quienes eran.

Helen Chin salió hace una década de Taiwán con su esposo y sus tres hijos. Su hija, Amy Huang, trabajaba con ella en ABC Toys, una empresa familiar.

Chin no hablaba español pero, al parecer, su hija se adaptó rápidamente al nuevo hogar de la familia. Aprendió el idioma y tenía un cerrado círculo de amigos mexicanos con los que salía de viaje. En las fotografías de sus travesías se observa a Huang sonriendo en la playa, en un crucero y en una fiesta de cumpleaños. En una de las imágenes, aparece acompañada de sus amigos frente a un enorme globo aerostático con la forma de un mariachi mexicano.

Mercedes de la Fuente, quien conoció a Huang por una amiga en común cuando asistían a la misma universidad, dijo que la joven de 23 años estaba emocionada cuando obtuvo su credencial para votar, y bromeaba con su acento asiático que ya era mexicana.

Recientemente había asumido el liderazgo del negocio familiar, después de que a su padre le diagnosticaran cáncer, relató De la Fuente. La recién graduada parecía comprometida en llevar al éxito a ABC Toys.

“Sus planes estaban en ABC Toys”, dijo De la Fuente.

Lin, quien trabajaba dos pisos arriba de las mujeres, también fue empleado de ABC Toys en algún momento, según su hermano. Nacido en Taiwán, Lin se mudó con su familia a Paraguay durante su infancia. Ahí, su familia administraba un restaurante taiwanés en la capital, y Lin ayudaba a cuidar de su hermano menor.

Nacido con el nombre de Lin Chia Ching, adoptó el nombre de José cuando se mudó a Paraguay.

Después de mudarse a México cuando tenía alrededor de 30 años de edad, sus amigos comenzaron a llamarlo Pepe, un sobrenombre habitual que se les da en México a las personas de nombre José.

Askenazi también llegó a México en su adultez, en busca de prosperidad.

“Argentina estaba muy mal y México se desarrollaba muy bien”, dijo Cohen.

En México, su familia creció hasta incluir siete hijas y un hijo. Su empresa de ropa daba empleo a varios miembros de la comunidad judía en la Ciudad de México, y una vez que su compañía se estableció, Askenazi fue reconocido por su generosidad, relató Cohen.

Sus amigos le llamaban Che, como se llaman entre amigos en Argentina.

El 19 de septiembre, los cinco estaban dentro del 168 de la calle Bolívar cuando la tierra comenzó a remecerse. Videos de algunos testigos muestran que el edificio se derrumbó en cuestión de segundos, dejando en su lugar solo una nube de polvo gris.

Entre las estrechas comunidades taiwanesas y judías no tardó en esparcirse la noticia de que algunos de sus miembros estaban atrapados bajo los escombros. En Paraguay, Moisés Lin llamó repetidamente al celular de su hermano sin conseguir respuesta.

Al principio mantuvo la calma, pero comenzó a preocuparse cuando lo telefoneó su cuñada para decirle que había intentado sin éxito localizar a su esposo durante todo el día.

La familia Lin abordó un avión desde Paraguay y llegó al día siguiente a la Ciudad de México. Cuando vieron la pila de escombros de lo que solía ser el 168 de Bolívar, Moisés Lin no podía creer que su hermano podría estar muerto.

Una ambulancia llegó y partió con un cuerpo recuperado de los escombros. Después otro. Los trabajadores encontraron ropa de mujer y vestidos en medio del derrumbe.

“No puede ser Pepe”, se murmuraban entre los miembros de la desesperada familia.

En tanto, familiares y amigos de Huang y Chin iniciaron un enorme esfuerzo a través de internet para localizarlos, publicando imágenes y solicitando cualquier información disponible.

Varias horas después del sismo, Moisés Lin dijo que su familia recibió una inesperada llamada telefónica desde el celular de Pepe Lin. La voz del otro lado de la línea no era la de su hermano, sino la de un rescatista. Dijo que habían encontrado el celular destruido en el cuerpo de un hombre, y habían podido recuperar la tarjeta SIM con sus contactos.

“¿Pueden venir a revisar si se trata de su hermano?” preguntó el hombre.

“Fuimos a la morgue. Sí, era mi hermano”, dijo Moisés Lin.

Las cuatro mujeres taiwanesas fueron encontradas sin vida entre los escombros en los primeros tres días después del terremoto. Liao, quien pasó horas en el lugar de la búsqueda y acompañó a los familiares, dijo que la fuerza del derrumbe dejó los cuerpos casi irreconocibles.

Uno de ellos fue identificado por una marca de nacimiento, otro por sus joyas. El último de ellos se pudo identificar con la ayuda de su acupunturista.

Se trasladó en avión a dos monjes budistas desde Los Ángeles para una ceremonia tradicional que se realizó desde el fin de semana y hasta el lunes, el séptimo día de su deceso, cuando muchos de los taiwaneses creen que el muerto pasa del mundo de los vivos al cielo, según relató Liao.

Desde entonces, Moisés Lin dijo que se pregunta sobre el edificio en el que su hermano intentaba forjar su futuro. Se pregunta por qué la compañía no eligió un espacio con mejor mantenimiento. Pero considera que, ahora, esas preguntas son en vano y no intenta angustiarse por eso.

“Una parte de mí está frustrada”, dijo. “Pero no puedo sentir eso, porque si lo hago, mi hermano no descansará en paz”.

Los cuerpos de las cuatro mujeres y de Pepe Lin fueron cremados. Sus familiares iniciaron hace poco el proceso para llevar sus restos a casa.

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