Rick Wiley / La Estrella de Tucsón

A los republicanos ya se les está haciendo “bolas el engrudo” con su más que anunciada derogación de la Affordable Care Act (ACA), mejor conocida como Obamacare.

Se supondría que el tema con el que más han machacado en términos de políticas públicas sería algo mucho más sencillo de concretar cuando se cuenta con mayorías en ambas cámaras y se ocupa la Casa Blanca. Bueno…..admito que eso de “ocupar la Casa Blanca” es un decir, más bien digamos que el Presidente no es demócrata.

Es que la realidad es necia, ni duda cabe. Ahora los liderazgos republicanos en la Cámara de Representantes pretenden hacer lo mismo de lo que acusaron a los demócratas en su momento: empujar la legislación en salud sin miramientos, aprovechando su mayoría. La hipocresía y la contradicción es los de los políticos estadounidenses, pero en este caso se aprecia una diferencia clara en ambos partidos.

Mientras que en su momento, en parte por compartir ideas, en parte por disciplina partidista, los demócratas estuvieron de acuerdo en dar un cheque en blanco a sus líderes y al mismo presidente Obama, los republicanos no parecen estar muy cerca que digamos de ese punto.

Hay diferencias marcadas en al menos tres grupos de republicanos. En realidad esto se puede ver como distintos grados del mismo desplante ideológico: destruir y retroceder en lo ganado, si bien esto sea imperfecto, sin tener propuestas claras que realmente resuelvan el problema.

De entrada están los radicales que han etiquetado el plan de Paul Ryan como “Obamacare Lite” y que quieren cambios más “profundos”. En otras palabras, quieren más gente de nuevo sin cobertura de salud y mayor dificultad para obtenerla en términos de costo. Aquí y para ello manejan ese eufemismo de “acceso a la cobertura”, que no es más que una mala broma que sustituye palabras más francas como: “lo puedes adquirir, ya sabes cómo, pero lo tienes que pagar y nadie te ayudará con eso”.

En el punto que pudiéramos ubicar como el otro extremo, están los que se preocupan por cuánta gente pudiera quedar fuera y por el peligro que corre la expansión del Medicaid. Casi se puede decir que aquí están los republicanos que tienen conciencia de lo que vendría, pero no el suficiente valor político como para llamarle a las cosas por su nombre.

El enorme problema para los republicanos es que esta postura se expande en el Senado, en donde no se le ve ningún futuro a la propuesta de Ryan una vez que saliera de la Cámara de Representantes.

Viene entre ambas la propuesta misma de Ryan que a veces quieren hacer pasar como mesurada y a veces como agresiva, dependiendo de la conveniencia del momento. Éste se vanagloria de desaparecer el mandato individual de adquisición de seguro médico o tener que correr con la pena fiscal correspondiente de reducir los subsidios y de que el gobierno participe a través de créditos fiscales, ojo, basados en edad y no en ingreso.

Lo curioso de Ryan y la facción más “realista” económicamente hablando es que no tienen una cifra que hable del costo de su propuesta. Parece otra broma, otro mal chiste, pero no lo es.

Resulta que “los amos de la política fiscal responsable”, los cuales todo lo ven como un desperdicio de recursos del contribuyente, quieren sustituir un enorme programa de salud con otro del que no tienen remota idea de cuánto costaría.

Éste, de entrada, puede acabar en los hechos subsidiando a través de créditos fiscales a gente que no necesita la ayuda y, por otro lado, dejaría sin cobertura de salud a una cifra estimada entre cinco y 22 millones de individuos, dependiendo de quién haga la estimación. Claro, cuando pretenden dejar fuera las estimaciones de la Congressional Budget Office (CBO) porque ya sospechan lo que éstas arrojarán, las cosas se empiezan a entender un poco mejor.

Lo que se ve claramente es lo que siempre hemos sabido: al Partido Republicano no le interesan cambios en verdad profundos, ni a la ACA ni al sistema de salud en su conjunto, que eliminen por ejemplo la redundancia de servicios prestados, el desperdicio o las demandas frívolas a médicos y hospitales.

Lo que en realidad los consume por dentro es, en primer lugar, que su demagogia ideológica alcance para hacer creer, como una ilusión, que el gobierno no interviene o interviene lo “menos posible” en el sistema de salud. Ello, aunque sea un hecho que ningún sistema de salud que en verdad funcione en el mundo está sujeto únicamente “al mercado”, sin decisiva intervención gubernamental.

En segundo lugar, el tratar de la forma más mezquina posible de que el legado más importante y visible de la administración Obama desaparezca. Esa es la realidad, llamémosle a las cosas por su nombre.

Al intentarlo, están ante una prueba mayor y un riesgo político gigantesco, el cual, irónicamente, no sabemos cuándo sería mayor, si fracasando en el intento o lográndolo.

Contacta a Martín F. Mendoza en: mfmtuc@yahoo.com.