KAUFMAN, Texas. (AP) -- Funcionarios del orden en todo Texas permanecían el lunes en estado de alerta tratando de proteger mejor a fiscales y su personal, luego del asesinato de un fiscal del distrito cuyo asistente fue baleado apenas hace dos meses.

El sábado, el fiscal del distrito del condado Kaufman, Mike Mclelland, y su esposa, Cynthia, fueron hallados muertos a tiros en su casa. Las autoridades no han dicho mucho sobre sobre la investigación, incluyendo si tienen alguna pista o una teoría sobre los motivos de los asesinatos.

Pero las conjeturas abundan, con algunos mencionando un posible involucramiento de grupos racistas blancos.

El propio McLelland, en una entrevista con Associated Press poco después del asesinato del jefe del departamento de prisiones de Colorado el mes pasado, mencionó la posibilidad de que Tom Clements hubiese sido baleado por una pandilla de racistas.

McLelland dijo que su oficina había procesado varios casos contra pandillas racistas, que tienen una fuerte presencia en el condado Kaufman, una zona mayormente rural con una población de 140.000 personas.

"Le propinamos algunos golpes duros a la Hermandad Aria en esta zona el año pasado", dijo.

El fiscal asistente del distrito Mark Hasse fue muerto a tiros el 31 de enero en un estacionamiento cerca de su oficina en la corte.

McLelland dijo que él llevaba una pistola a todas partes en la ciudad, un suburbio del área de Dallas. Él pensó que un ataque contra él sería más probable al aire libre. Le había advertido a todos los empleados de su departamento que estuvieran constantemente en alerta.

El número de ataques contra fiscales, jueces y altos funcionarios de la ley se ha incrementado en Estados Unidos en los últimos tres años, de acuerdo con Glenn McGovern, un investigador de la fiscalía del condado de Santa Clara, California, que sigue esos casos.

El alguacil del condado Kaufman, David Byrnes, dijo muy poco el lunes sobre la investigación del caso McLelland, y esquivó preguntas sobre posibles sospechosos. Dijo que se iba a fortalecer la seguridad en el edificio de la corte en Kaufman, pero declinó decir cuáles otros pasos pudieran tomarse para proteger a los fiscales.

McLelland, de 63 años, fue el 13er fiscal asesinado en Estados Unidos desde que la Asociación Nacional de Fiscales comenzó a llevar la cuenta en la década de 1960.