Desde el inicio de la administración del presidente Barack Obama tuvimos la impresión de que el problema migratorio no era ciertamente una de sus prioridades. Siempre ha sido obvio que en sus metas políticas principales nunca ha destacado la solución al desastre en que se convirtió el sistema que regula la inmigración a Estados Unidos.

Sin embargo, hay que decirlo, tampoco se le había visto como un líder ignorante ni carente de conciencia respecto a todo ello. Su contradictorio actuar había podido ser siempre enmarcado dentro de la típica mezquindad de los políticos, que prefieren tanto en función de sus ideas como de sus conveniencias, asignar mayor importancia a determinados asuntos y no tanta a otros.

Además, claro está, su fina oratoria le ha permitido por cinco años ya, especular con los sueños de justicia de un segmento de la población de este país y con las posibilidades reales de concretarlos. Hablar bonito y no invertir un ápice de capital político paga, y bien, después de todo. “No son ustedes una urgencia para mí, pero tampoco los voy a olvidar”, podría ser la síntesis de la postura de Obama tanto con la comunidad indocumentada como en forma más amplia con los latinos en general, para los cuales la inmigración es uno de los principales temas, si bien, claro está, no el único.

Tal postura había resonado bien, había funcionado, ya que por desgracia encuadra bastante con la idiosincrasia de los liderazgos hispanos en Estados Unidos: “Háblame bonito, al oído, aunque no te esfuerces en absoluto por mí, dime cuánto me valoras, no importa en realidad cómo me trates”.

La estupidez nativista de muchos republicanos (y la cobardía del resto) le cayó como anillo al dedo a Obama, ya que sin reparar mucho en su desinterés por el tema, siempre ha sido posible culpar a la demencia del partido del elefante por todo el infortunio del inmigrante indocumentado. La locura republicana se caracteriza por el enorme orgullo que siente por sí misma, por la ruidosa celebración de su propia ceguera.

La hipocresía demócrata, en cambio, es mucho más refinada, más laboriosa, más dada a invertir un poco, lo estrictamente necesario, eso sí, para que parezca que el corazón le sangra de dolor por las injusticias, aunque en el fondo no haya muchas diferencias prácticas entre ambos partidos respecto de ciertos temas.

Para acabar pronto, aunque Obama no sea George W. Bush (quien, pésele a quien le pese, sí metió “el resto” por una reforma migratoria y aun así fracasó), la esperanza con él seguía viva. Decimos “seguía” porque continuar hoy siendo aun moderadamente optimistas en relación a lo que Obama piensa y en realidad quiere hacer respecto al inmigrante indocumentado es algo ya sumamente difícil, por decir lo menos.

Es más que claro hoy que todo el asunto lo tiene sin preocupación alguna, o incluso pudiera ser que su visión de lo que es “resolver el problema” fuese muy distinta de lo que nos ha estado contando y de lo que queremos creer. Bastante siniestra, por cierto.

Lo único que Obama no ha dejado de hacer es deportar gente como desesperado e incumplir cínicamente compromisos adquiridos, como aquel relacionado con no atender al estado de Arizona cuando sus policías detuvieran a inmigrantes indocumentados no criminales. Mentira tras mentira tras mentira.

No bien acabado de terminar el problema presupuestal que mantuvo cerrado al gobierno, y al país al punto del desastre con su deuda, lo primero que se le ocurrió decir es que es justo el tiempo para resolver el tema de la reforma migratoria. Poco le importa que el problema financiero de la nación haya sido sólo pospuesto, pues únicamente se dio una solución temporal de aquí a principios de año, y lógicamente todos los esfuerzos políticos de todo mundo tienen que ser enfocados en eso. ¿Creerá que es tiempo para chistes?

Cuidado, mientras Obama bromea, el movimiento pro inmigrante está dando claros signos de agotamiento y resquebrajamiento. Lo que pasa es que inexplicablemente algunos en él le siguen creyendo al Presidente todavía.

Contacta a Martín Mendoza al correo electrónico: mfmtuc@yahoo.com.