Sumamente difícil resulta en estos momentos evaluar la pertinencia de una represalia militar por parte de Estados Unidos contra Siria, o mejor dicho, contra el gobierno dictatorial que rige a dicha nación.

Es muy claro que el uso de armas químicas no tendría por qué ser -y muy probablemente no sería- tolerado por Estados Unidos en épocas normales. Eso como una realidad del mundo en que vivimos, gústele o no a quien sea.

El pequeño problema es que no estamos viviendo tiempos “muy normales” que digamos, y las razones para oponerse a un nuevo envolvimiento estadounidense en el Medio Oriente tienen hoy tal vez más peso que nunca. Con todo, sería un “trago difícil de pasar”, y por cierto no conveniente para nadie, el que el régimen sirio no pagara en alguna forma y medida por su canallesca acción.

Por cierto, me pregunto en dónde están todas las organizaciones “defensoras” de los derechos humanos latinoamericanas tan rápidas para saltar y ladrar contra Estados Unidos, pero que acostumbran quedarse tan quietecitas cuando un gobierno opuesto a Occidente lleva a cabo este tipo de atrocidades… ¡Ah!, sí, claro, pues están ya ¡protestando contra Estados Unidos por un ataque que todavía no sucede! claro, si no, dónde, ¿verdad?

Dejando de lado el intento de análisis básico acerca de la conveniencia o no de un ataque contra Siria, el punto que llama enormemente nuestra atención hoy día es la posición de la administración Obama y la ironía ante la posibilidad de que el Presidente se “consiga” su primera guerra verdaderamente propia (aunque Afganistán ha sido llamada la “guerra de Obama”, en realidad inició con la administración Bush).

Al respecto, lo que no podemos dejar de observar es que no es lo mismo, en una democracia, criticar todas las decisiones de un presidente en funciones, incluidas aquellas en política exterior, que estar sentado en la silla de éste, enfrentando realidades para las cuales en el fondo no hay decisiones óptimas. Barack Obama insinuaba que pacificaría al mundo cual “espíritu santo”, y la realidad le demostró –o mejor dicho, les demostró a todos aquellos que se lo creyeron- que las cosas sencillamente no son así.

De hecho, la relativamente exitosa política exterior de la actual administración –aunque por otro lado los republicanos se nieguen a reconocerla- se debe en gran parte a que el actual Presidente habla como Barack Obama pero en buena medida actúa como George W. Bush. Tratar de arrastrar a Estados Unidos a un conflicto en donde hoy por hoy los intereses estadounidenses no están bajo la amenaza de un peligro claro e inminente no le hubiera sido “perdonado” a un presidente republicano, y la oposición en estos momentos sería mucho más activa y vociferante. Hablar bonito paga, de eso no hay duda.

Luego, la búsqueda de una autorización congresional por parte del Presidente nos muestra el intento por “distribuir” una responsabilidad que debiera –al menos hasta el momento- recaer en él y sólo en él. Si el Congreso niega tal autorización, como muchos ya lo están calculando, será más que interesante observar el camino que tomará la administración dada “la urgencia” existente por castigar al régimen sirio y que no ha dejado de ser enfatizada por sus funcionarios en los últimos días, así como la facultad que tiene el Presidente de hacerlo por sí solo. A menos, claro, que el plan ruso de última hora le salve la cara al Presidente.

Otra vez, ahí está el político “poco convencional” que en realidad es bastante convencional.

Una vez que el castigo contra Siria tuviera lugar, habría mil cosas que pudieran salir mal y comprometer a Estados Unidos en un conflicto sangriento y de duración indeterminada. De nuevo, ¡qué ironía si el destino le juega al presidente Obama esa mala broma!, en alguna medida manchando su legado y su aura de “buen entendedor del mundo” que tanto ha promovido.

Por cierto, ya hay legisladores que mencionan que con este asunto de Siria en el Congreso y ante los otros varios y también urgentes temas que esperan su turno para ser abordados, ¿qué cree?, que la reforma migratoria se puede ir hasta el 2015. ¿Habrá alguien a quien le extrañe?

Contacta a Martín Mendoza al correo electrónico mfmtuc@yahoo.com.