SAN DIEGO.- Marco Rubio es lo mejor que podría haberle sucedido al Partido Republicano en mucho tiempo, incluso si algunos de sus correligionarios conservadores no se dan cuenta de ello.

Muchos parecen pensar que Rubio, que es parte de la "Pandilla de los Ocho" del Senado, que patrocina un proyecto de ley de reforma migratoria, está siendo manipulado por los demócratas. Otros piensan que este hijo de inmigrantes cubanos ha vuelto a sus raíces. Pensaron que iban a tener un senador republicano que resulta ser latino, y ahora se han encontrado con un latino que resulta ser senador republicano.

Los de la derecha necesitan ver en Rubio lo que éste realmente es -una brújula que apunta a los valores conservadores tradicionales.

Lo indispensable que es Rubio para su partido se vuelve claro cuando se lo oye en programas radiales conservadores defendiendo la propuesta de reforma migratoria que él ayudó a forjar. Rubio desafía a sus correligionarios conservadores cuando les recuerda los principios en que se supone que deben creer e insiste en que los observen.

Por ejemplo, Rush Limbaugh, el locutor de radio conservador, ha pasado más de 20 años encomiando la magnética capacidad del Partido Republicano para ganarse conversos y reclutar miembros nuevos. Hay pocas cosas de las que Limbaugh guste hablar más que de cómo el Partido Republicano es el verdadero partido de la libertad y las oportunidades, y cómo sus mensajes y sus valores son enormemente superiores a los del Partido Demócrata, que predica dependencia. Si se coloca a ambos partidos en el terreno de las ideas, ha dicho a menudo Limbaugh, los principios conservadores ganan siempre.

Entonces, imaginen mi sorpresa cuando, durante una reciente aparición de Rubio en el programa de Limbaugh, el locutor de pronto pareció no estar seguro del sermón que ha estado predicando durante casi toda su carrera. Limbaugh explicó a Rubio que a él, y a muchos otros conservadores, les inquieta que la ley cree millones de nuevos electores demócratas, a los que los republicanos nunca tendrían la oportunidad de alcanzar, para no hablar de convertir.

Esa idea no convenció a Rubio. Quizás recordó qué bien les fue a un par de presidentes republicanos en atraer a los electores latinos. Ronald Reagan obtuvo casi el 40 por ciento del voto latino en 1984 y George W. Bush ganó el 44 por ciento en 2004. Es difícil imaginar a cualquiera de esos dos hombres preocupados por la perspectiva de incorporar más latinos a las filas de electores, puesto que sabían que podían competir exitosamente por ellos.

En forma similar, Rubio dijo a Limbaugh que tiene confianza en que el mensaje de los republicanos es el correcto para los latinos -un aparato de gobierno pequeño, impuestos más bajos, matrimonio tradicional, etc. Adelante, legalicen a los indocumentados, dijo Rubio. Los republicanos se los pueden ganar. Limbaugh no quedó convencido.

Ten un poco de fe en el Partido Republicano, Rush.

Lo mismo puede aplicarse a Sean Hannity, otro locutor radial conservador, que también invitó a Rubio a su programa. A Hannity -que a menudo utiliza su programa para promover el patriotismo y denomina a los individuos que están de acuerdo con él "grandes estadounidenses"- le inquieta que esos millones de inmigrantes legalizados usen asistencia social.

Qué tontería. ¿No sabe, acaso, que la mayoría de los que reciben asistencia social no son inmigrantes sino nacidos en el país?

Rubio respondió diciendo a Hannity que, bajo la propuesta de ley del Senado, los indocumentados deberían esperar 10 años para obtener una tarjeta verde y un promedio de otros tres años para solicitar la ciudadanía estadounidense que los habilitaría para recibir asistencia pública. Son 13 años, dijo Rubio. Es totalmente poco realista pensar que esa gente va a aguantar, sin trabajar, más de una década para poder recibir beneficios. Ningún otro grupo de inmigrantes ha actuado así y tampoco lo hará este grupo, informó Rubio a Hannity. Trabajarán para progresar y mantener a sus familias. Y cuando llegue el momento de estar habilitados para recibir asistencia social, no la necesitarán. Así es como funciona la cuestión en la tierra de las oportunidades.

Ten un poco de fe en Estados Unidos, Sean.

Oigan, amigos. Es necesario que algunos de sus correligionarios escuchen realmente lo que Marco Rubio debe decir a su partido y a su país -y que se lo tomen a pecho. Es decir, si creen realmente lo que han estado predicando durante todos estos años.

La dirección electrónica de Ruben Navarrette es ruben@rubennavarrette.com.

© 2013, The Washington Post.