Por estos días, en donde quiera podemos leer y escuchar cuáles son las características que debe tener una reforma migratoria integral. Todo eso suena muy bien.

El problema es que en términos reales, no solamente no hay nada que nos asegure que ésta se logrará sino que tampoco hay nada tangible que nos indique que el debido proceso para obtenerla en verdad tendrá inicio.

Sabemos, y se ha estado escuchando en la prensa, que después de este primer semestre del año las cosas se complicarían, porque se estaría ya entrando de nuevo en lo que a veces se siente como una perpetua época electoral en Estados Unidos, con elecciones al Congreso cada dos años, y con sus tiempos de campaña y precampaña extendiéndose cada vez más.

Las próximas son en noviembre de 2014. El pequeño gran detalle estriba en que la agenda, o sea la cantidad y la importancia de los asuntos pendientes tanto para la Presidencia como para el Congreso con carácter de urgentes, está demasiado cargada.

Podemos iniciar con el intento que el presidente Obama estaba supuesto a hacer para impulsar un más estricto control de armas, el cual es políticamente hablando tan o más complicado que el tema migratorio. Aunque por otro lado, con las medidas anunciadas al respecto la semana pasada por el Presidente, que parecieron francamente -como se dice en el futbol americano- un "despeje" (punt), éste nos dejó la impresión de intentar algo que sabe hacer de maravilla: lavarse las manos y señalar al Congreso como responsable de las verdaderas medidas necesarias.

Pero aun en el caso de que en este asunto no se diera la trifulca política que parecía avecinarse, el tema de las finanzas públicas del país tiene el potencial para dejar muchas cosas por fuera del trabajo legislativo en los próximos meses.

Con el Presidente asegurando que no se meterá en negociaciones para aumentar el límite de la deuda nacional, se esperaba que los republicanos de la Cámara de Representantes incluso negaran tal ampliación o al menos amagaran con hacerlo si no se recortaba el gasto presupuestal. Sin embargo, parece ser que la estrategia será autorizar un aumento de corto plazo para retomar la pelea en marzo, cuando la urgencia sería mayor para ambas partes en cuanto a llegar a un acuerdo.

No es sólo un asunto de capital político, lo es hasta de tiempo legislativo disponible. Con la situación así, ¿quién podría culpar a la Casa Blanca de no empujar otros asuntos en el Congreso?

Ni modo que lo hagan los liderazgos latinos, los cuales, por otro lado, están más que contentos con todo lo que el presidente Obama hace -o deja de hacer- y celebran medidas migratorias ejecutivas que, si bien ayudan, jamás tienen la certidumbre en el tiempo que tiene la acción legislativa.

Menos cuando, por increíble que parezca, por lo visto hay funcionarios de segundo, tercero y cuarto nivel que obedecen las órdenes presidenciales sólo cuando y como les da la gana. ¿Será acaso que así la Casa Blanca trata de quedar bien con ambos lados en el problema?

Ahí está como ejemplo el raro y muy comentado intento de deportación de familiares de la activista dreamer de Phoenix Erika Andiola, en donde si estas personas fueron blanco de inmigración sólo por el hecho de ser quienes son, es algo muy grave, y si fueron después liberadas sólo por eso, lo es todavía más.

En cualquier caso sería una manipulación de los compromisos de la administración Obama, la cual sigue rompiendo familias todos los días. Familias que no tienen más delito que buscar ganarse la vida trabajando y estudiando.

Por supuesto que esperamos que se logre la reforma, pero no estaríamos demasiado sorprendidos si no sucede así.

Después de todo la Casa Blanca ya "le tiene tomada la medida" a la gente en este problema, y hoy por hoy además tiene en verdad muchas cosas urgentes en la estufa.

Contacta a Martín Mendoza al mfmtuc@yahoo.com