Cuando un servidor visitaba el sur de Arizona, incluida la ciudad de Tucsón, dos o tres veces cada verano durante la década de los ochentas, era rara la tarde que no hubiera en el cielo barruntos de tormenta, rugidos de los nubarrones oscuros a los que había que tener bien "checados" para saber si venían en nuestra dirección o se "irían de largo".

En muchas de esas ocasiones los chubascos que traían nos daban una buena zarandeada. El olor a tierra mojada típico del "Sonoran desert" es algo grabado en las mentes de no pocos residentes de la región nacidos antes de esos años felices.

Son recuerdos de alguien que sin ser conocedor de las ciencias que definen estos temas puede atestiguar cómo ha cambiado el clima por estarlo sufriendo en carne propia. Sólo para estar seguros, hay que decir que jamás esta región del mundo ha sido precisamente un paraíso.

La conversación sobre las sequías siempre ha estado ahí, y la seguridad de que éstas caracterizan a las tierras donde nos tocó vivir jamás ha sido puesta en duda. Pero esto es diferente.

Lo que está sucediendo hoy día es como la materialización de un infierno "light".

El inconmensurable saldo en vidas humanas cobrado en días pasados por el incendio en Yarnell en la región norcentral del estado es además de una enorme tragedia, un recordatorio, uno más, de lo que todavía nos espera ante el cambio climático. Sequía extrema ante la falta de lluvias, total ausencia de humedad, y con un poco de viento, se consumen miles de acres de bosques en todas las regiones del estado.

Sólo en 2012 se quemaron nueve millones de acres en todo el país.

Aparte de lo más importante, las vidas segadas por los incendios, como las de los 19 bomberos de élite que heroicamente murieron el aciago domingo 30 de junio en Yarnell, podemos cuantificar saldos en otros renglones también. Propiedad e infraestructura, incluida vivienda de cientos de familias así como la afectación de enormes regiones verdes con los consabidos cambios ecológicos bruscos componen el resto del balance después de cada fuego forestal.

Que el clima está cambiando no es algo debatible.

Un servidor sigue teniendo dudas acerca de lo normal o anormal de la velocidad con que lo está haciendo, sobre todo si recordamos que la verdadera estadística de esto se define en el estudio de al menos miles de años. Aunque la mano del hombre en este cambio es innegable, el nivel en que la acción humana está provocándolo es algo más sobre lo que algunos tenemos dudas.

En realidad pienso que la politización de estos temas ha dañado la noble causa ambientalista al convertir a la ciencia en "flexible" herramienta de misiones ideológicas, pero eso es otro boleto. Lo más importante es tomar conciencia -y acción- en aquello en lo que sí estamos todos, o casi todos, de acuerdo. Asuntos como la zonificación para la construcción en zonas boscosas, o al borde de éstas, materiales para las mismas, regulaciones para la interacción del hombre con el bosque en términos recreativos, tratamiento preventivo de regiones forestales, etc., deben de estar hoy sobre la mesa.

Es, después de todo, suficiente con los rayos caídos del cielo en término de riesgos para las regiones secas. El "amor" del hombre por la naturaleza debe ser puesto a prueba a través de privilegiar la prudencia sobre el desplante exuberante.

Al mismo tiempo, esto es un ejercicio de autopreservación. No es justo que siga muriendo gente en incendios forestales. Sí, tal vez siempre haya valientes que traten de apagar los fuegos -como los Granite Mountain Hotshots-, que hagan el último sacrificio y den su vida para lograrlo, pero qué bueno sería que tuviéramos que llamarlos con menor frecuencia y urgencia.

Mientras grandes científicos, políticos y gobiernos se ponen de acuerdo en cuál es el origen del problema y cuáles son las grandes acciones a emprender para empezar a ver pequeños resultados en el largo plazo, tal vez existan otras pequeñas decisiones más locales y hasta más personales que puedan ir contribuyendo a revertir al menos algunos de los efectos del cambio climático.

Podemos tener un horrible calor, incluso espantosos fuegos inevitables, pero tal vez podemos tener menos muertes.

Contacta a Martín Mendoza en mfmtuc@yahoo.com.