Poco ha permeado la delicada situación política y social actual en Sonora a la prensa arizonense. No deja esto de extrañar, ya que el seguimiento periodístico es otra área de cada vez mayor intercambio entre las entidades vecinas a lo largo de la frontera Estados Unidos-México.

Hablamos más que nada de los medios en inglés, pues la prensa en español, aún en incipiente desarrollo en el sur de Arizona, lleva a cabo más bien labores de relaciones públicas y promocionales cuando toca asuntos relacionados con el vecino estado.

La gota que ha derramado el vaso con la gente en Sonora es la andanada de nuevos impuestos, incluida la reactivación de la llamada tenencia vehicular, ya desaparecida en años anteriores por el gobierno federal, pues éste era el nivel de gobierno al que ese impuesto correspondía oficialmente desde 1968.

Al más puro estilo del "Nuevo Sonora" -ridículo apelativo éste con que el gobierno panista se hace llamar a sí mismo-, se le cambia de nombre y se pretende empezar a cobrar de nuevo en una despiadada ofensiva fiscal que ha acabado de despertar a la más bien apática clase media sonorense.

Las manifestaciones y todo tipo de expresiones en contra se han hecho escuchar y ver desde hace meses en Sonora, especialmente con la llegada del 2013.

El problema no es tanto un nuevo impuesto como lo es la situación financiera desesperada que vive el estado. Esta se había tratado de cubrir a como diera lugar, y sólo desde hace meses han empezado a admitirla sus gobernantes. Ahora, como es lógico, se culpa a las administraciones anteriores, y no con poca razón.

La realidad es que Sonora tiene mucho tiempo en lo que parece un concurso de malos gobiernos. Sin embargo, el problema estriba en que sea hasta hoy, obligado por las circunstancias, que el gobierno ceda su lugar a la verdad, ya que hasta hace pocos meses gritaba a los cuatro vientos la "fortaleza" de Sonora.

Entonces, aquí cabe preguntar, ¿en dónde quedó la bolita?

El gobernador Guillermo Padrés y sus colaboradores han llegado a la irrisoria posición de declarar que "no sabían" antes de tomar posesión lo mal que estaban las finanzas del estado. ¡Hágame usted el favor! ¡Tampoco dijeron mucho durante casi tres años! ¿Entonces?

El "Nuevo Sonora" ha pretendido gobernar desde la construcción de imagen mediática a un costo para el erario estatal que ya se puede usted imaginar. La exageración, la media verdad y hasta la mentira han sido las herramientas para cubrir no sólo la falta de sustancia sino también del más elemental oficio político del gobernador Padrés y sus funcionarios. Pura propaganda.

Ahí está, sin ir más lejos, el programa de reparación de escuelas y entrega de uniformes a los estudiantes que se maneja como la "transformación educativa" de Sonora.

El que se hable tanto en los medios locales de niveles de corrupción enormes no ha ayudado tampoco. Al más puro estilo priísta, pero sin la habilidad y la astucia para la trampa del tricolor, es como el PAN ha gobernado.

La sociedad sonorense en las calles no es algo común, al contrario. Tal vez desde el así llamado "Faustinazo" de 1967, en que se impuso desde el centro a Faustino Félix como gobernador, no se veía tanta inconformidad en las ciudades del estado. Esperemos que la violencia no se haga presente, como sucedió en aquellos días.

De entonces a la fecha, no creemos que el de Guillermo Padrés sea el peor de los gobiernos sonorenses, pero sí es muy posible que el más torpe y falto de recursos para el ejercicio del poder.

La actual administración estatal está efectivamente terminada ya, apenas a la mitad del camino. Será más que difícil que se embarque en nuevos desafíos de gran magnitud.

Sonora está quebrada. Ahora el reto de aquí al final es la paz social. Al menos eso que dejen.

Contacta a Martín Mendoza al mfmtuc@yahoo.com