Por alla a mediados de 20010, con Arizona en plena efervesencia y dividida en cuanto a la SB 1070, el gobierno de Sonora encabezado por Guillermo Pádres, dejo "clara" su postura al respecto, al menos tan clara como la puede dejar un político.

En forma respetuosa pero firme demostró al gobierno de Jan Brewer su inconformidad por las acciones persecutorias en contra del inmigrante indocumentado. Lo que una autoridad local-estatal, como el gobierno de un estado mexicano, puede hacer al respecto no es mucho y debe ser manejado con sumo cuidado.

Entonces todavía se recordaba aquel tremendo error de Pádres, cuando buscaba la candidatura de su partido y se dio el lujo de llamar "racista" a Janet Napolitano en el mismo contexto de las acciones de Arizona contra la inmigración indocumentada. Eso le acarreo toneladas de críticas a ambos lados de la frontera pues demostró no solo una enorme inmadurez política sino una aterradora desinformación, ya que en realidad Napolitano había estado deteniendo más que promoviendo una serie de acciones que los extremistas del capitolio en Phoenix, habían estado buscando.

Por azares del destino Pádres llego a la gubernatura en 2009, durante la peor época de la locura arizonense. Cuando Sonora incluso cancelo reuniones internacionales con Brewer, y lo mejor de todo, lo hizo de forma respetuosa pero sin titubeos, su gobierno gano reconocimiento. La administración de Pádres había sido exhortada por distintas organizaciones de los dos países así como por la prensa a fijar posturas. Al hacerlo muchos aplaudimos.

Es por eso que cuando el gobierno de Sonora decidió más o menos un año después, el hacer -literalmente- como que nunca nada había pasado, causo extrañeza. Al menos nos la causo a algunos.

De ninguna manera se desea una mala relación con Arizona, (además de cualquier manera el comercio y la economía fluyen en un curso natural hasta cierto punto), pero esa postura de "Brewer nuestra gran amiga" como que es bastante desafortunada.

El "¿Para qué reñir?" como ya lo declaro Pádres en una ocasión cuando periodistas le preguntaban al respecto es un cambio de actitud que luce más bien como un cambio de calcetines ante un problema que esta tan vivo o más hoy, como lo estaba en 2010. De cualquier forma Brewer sigue hablando "pestes" tanto de México como de su gobierno a cada oportunidad.

Es de entenderse que un gobierno estatal tiene muchos asuntos y objetivos -incluidos los comerciales- que atender, pero esto se podría seguir haciendo al mismo tiempo que se muestra que el abuso que el estado de Arizona ha cometido y sigue -ojo- cometiendo, no puede dejarse pasar por alto políticamente hablando.

Claro que si la presión social para que un gobernante se aplique y saque a relucir todo su talento político -si es que lo tiene- se desvanece, entonces le estamos facilitando grandemente esas contradicciones y ese jugarnos el dedo en la boca con politiquería más que con política de principios como debería ser. Humildes espacios como este, que siguen pensando que el tema es fundamental, obviamente no son suficientes.

Por lo anterior, no es tanto que hoy nos preguntemos en donde está la congruencia del Gobierno de Sonora, más bien la pregunta es ¿En dónde está la congruencia de todas aquellas organizaciones e individuos que "exhortaban" a dicho gobierno a mostrar un poco de solidaridad con el inmigrante? ¿O es que la alharaca ya no es tan atractiva hoy como lo fue hace casi tres años? No olvidemos que hasta el día de hoy las cosas, en lo que al estado de Arizona respecta, no han cambiado, al contrario.

Otorgar un pase tan fácilmente para el gobierno de Sonora no nos dice mucho acerca de este (después de todo no se puede esperar mucho de los liderazgos políticos) más bien nos habla de nuestra sinceridad, -o la falta de esta- en 2010.

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