En una verdadera "chacota" (término común en algunas regiones de México para significar broma) se ha vuelto todo este asunto no sólo de una posible reforma migratoria sino, en general, todo el tema de la inmigración indocumentada.

El foco está totalmente perdido y ya no se sabe bien a bien quién pretende qué.

Está la situación ya convertida en una neurosis social en algunos grupos involucrados. De entrada y sin ir más lejos, algunas organizaciones activistas siguen esforzándose por empujar una legislación que no sólo se conoce que es malísima sino que aún no sabemos qué tanto pueda empeorar en la Cámara de Representantes para llegar a cristalizarse. ¿O en verdad alguien cree que además de aprobarse se va a mejorar aunque sea un poco?

Qué bueno que las voces de denuncia en contra de la misma han ido aumentando, particularmente en las dos o tres últimas semanas. Al mismo tiempo, qué malo que sea precisamente hasta ahora y no hace cinco o seis meses en que ya era claro que la propuesta de los ocho no sólo tenía un trasfondo político (no pudiera ser de otro modo después de todo) sino que estaba siendo secuestrada por intereses facciosos como los del senador Marco Rubio, republicano de Florida.

Qué malo que desde entonces no se detectara que no solamente "no se conseguiría todo lo que se quiere", sino que la solución vendría en la forma de una lista de castigos y obligaciones para el inmigrante.

Qué bueno que se esté objetando ya con fuerza la legislación, qué malo que sea por la menos urgente de las razones.

Sólo para estar seguros, la propuesta de reforzamiento de la seguridad fronteriza es una payasada y un seguro y gigantesco desperdicio de recursos fiscales. Es populista, ignorante y radical, y sin duda alguna no constituye la solución para un problema real.

Sin embargo, no es ni por mucho lo peor de la legislación, por la muy simple razón de que su objeto de actuación (inmigración indocumentada futura) está fuera de la órbita de la mayor urgencia que la reforma estaba supuesta a atender: diseñar una ruta justa para le legalización del inmigrante indocumentado actual. En todo caso, constituye una injusticia futura y ciertamente debatible.

De la misma forma, el desperdicio de recursos fiscales, daños a la ecología, etc., sin ser problemas menores, constituyen daños colaterales de una mala legislación.

En cambio, el abuso y la negación de la dignidad del inmigrante indocumentado constituyen perjuicios, estragos, contra quien se suponía se tomaría una actitud firme y clara pero justa y reconciliadora.

¿Por qué esas condiciones draconianas como los plazos surrealistamente largos para la residencia permanente y para la ciudadanía no parecen molestar tanto a tantos?

¿Por qué la absurda y criminal falta de beneficios médicos para el eventual inmigrante que se acogiera a la reforma no le pone los pelos de punta a nadie?

¿Por qué las reglas relacionadas a no poder dejar de trabajar un determinado número de días que rayan en una propuesta de la práctica de "peonaje" no molestan a los defensores del inmigrante?

Pareciera que mientras la inmigración indocumentada futura sigue siendo moneda de cambio vigente para ambos lados de la disputa migratoria, el inmigrante indocumentado actual no es sino un rehén sin influencia y por lo tanto sin valor político como para arrojar "el resto" en su defensa.

Humildemente, pienso que de la misma forma que muchos grupos y valerosos líderes activistas han ayudado en lo individual a tantísima gente a evitar deportaciones y otro tipo de abusos, tendrían éstos que también comprender que una postura política fuerte en defensa de 11 millones de seres humanos es necesaria, urgente para acabar de frenar el abuso institucionalizado que constituye la propuesta aprobada en el Senado y enviada a la Cámara de Representantes.

Eso es el aquí y el ahora. En este caso el futuro sí puede esperar. De la mima forma, si la legislación se cae, como es muy probable, y hay que empezar a pensar en el 2015 o 2017 para un nuevo intento, hay que preguntarnos no sólo cuál será la postura de la Casa Blanca sino también, y más importante, cuál será la de los liderazgos hispanos.

La continuidad en el alineamiento político incuestionable con el Partido Demócrata sería algo no sólo contraproducente sino bastante triste.

Contacta a Martín Mendoza en el mfmtuc@yahoo.com.