SAN DIEGO.– Esto es algo que ya saben: el Congreso es un lío. Ambas cámaras, sin importar qué partido las controla, alternan entre incompetencia obstinada y artilugios cínicos.

Los legisladores pasan años evitando temas espinosos porque tienen miedo de recibir críticas de los electores. Luego, de pronto, están apurados y no ven la hora de que una idea tenga gran acogida.

Ese es el caso de la reforma inmigratoria, la que algunos legisladores quieren que creamos que ha milagrosamente resucitado de entre los muertos. Ustedes se acuerdan cuando murió. En la Cámara Baja, el grupo bipartidario que trató de forjar un compromiso se desintegró. El Congreso silenciosamente continuó con otros asuntos.

Ahora la reforma inmigratoria está de vuelta, o al menos eso nos dicen. Los demócratas de la Cámara baja recientemente revelaron su propio proyecto de ley para una reforma inmigratoria amplia. Esta es una versión más moderada, más suave de la que aprobó el Senado en junio, porque da marcha atrás con respecto a las ideas ya casi resueltas de agregar 700 millas de cerca en la frontera y duplicar el tamaño de la Patrulla Fronteriza de 20 mil a 40 mil agentes.

En cambio, requiere que el Departamento de Seguridad Nacional elabore un plan para aprehender al 90 por ciento de los que cruzan la frontera ilegalmente en zonas de alto tráfico dentro de los dos años siguientes y a lo largo de toda la frontera entre Estados Unidos y México para dentro de cinco años.

Pero recordemos que el lenguaje duro original fue insertado en el proyecto de ley del Senado para atraer votos republicanos. El hecho de que ha desaparecido significa que los demócratas de la Cámara baja se han dado por vencidos en tratar de obtener apoyo del otro lado del pasillo y que todo esto es sólo para el espectáculo.

Algunas personas se están dando cuenta. Un grupo llamado DREAM Action Coalition, percibiendo que el nuevo proyecto de ley estaba muerto al llegar, ha dicho que espera que los demócratas no “estén simplemente jugando a la política de inmigraciones”.

Mientras tanto, el presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, Bob Goodlatte, de Virginia, y uno de los líderes republicanos en el debate de inmigraciones, está impulsando lo que se podría llamar “amnistía ligera”. Bajo su propuesta, las personas jóvenes indocumentadas que fueron traídas a los Estados Unidos por sus padres y van a la universidad o se unen a las fuerzas armadas recibirían un camino merecido a la ciudadanía. Los inmigrantes indocumentados que no cumplan con estas especificaciones recibirían un estatus inmigratorio legal sin ciudadanía. Goodlatte insiste en que él aún se opone a “un camino especial hacia la ciudadanía,” pero que apoyaría un “camino merecido hacia la ciudadanía”. En otras palabras, exactamente lo que los defensores de la reforma inmigratoria han estado impulsando, y que él y otros republicanos han estado vociferando en contra en los últimos varios meses.

¿Cómo se llama este baile? Todavía creo que la reforma inmigratoria está muerta porque ningún partido quiere que viva. También pienso que ambos partidos tienen un interés en hacer creer que ese no es el caso.

Los republicanos saben que están enfrentando a un pelotón de fusilamiento demográfico con los latinos que apoyan la reforma inmigratoria amplia de manera abrumadora y constituirán un cuarto de la población de Estados Unidos para el 2030.

Los republicanos no quieren darle a cada inmigrante ilegal en Estados Unidos un pasaje a la ciudadanía, porque ciudadanía significa votar. Y votar significa revancha por cada cosa tonta que haya dicho un republicano electo sobre los inmigrantes, que es una larga lista.

Pero el Partido Republicano no quiere ser castigado por no hacer nada tampoco. Entonces el truco es ver cuán poco pueden ofrecerles a los latinos y que ellos aún lo acepten.

Mientras tanto, los demócratas se divierten mucho observando cómo el Partido Republicano se derrumba desde adentro sobre el tema, con nacionalistas que quieren menos inmigración luchando a brazo partido con empresas que quieren más. Así que cada vez que los republicanos parecen estar listos para colgar la toalla de este debate, los demócratas la levantan otra vez y se la echan en la cara como si estuvieran diciendo: “Ah, no. No se van a salir de esta tan fácil. Vuelvan aquí y reciban la golpiza”.

Este el tipo de política inmigratoria sobre el que DREAM Action Coalition está legítimamente preocupado; y los demócratas están jugando este juego a todo vapor. No se trata de mejorar las vidas de los inmigrantes sino de hacerles la vida imposible a los republicanos.

Los de DREAM y otros reformistas de inmigraciones necesitan empezar a pensar sensatamente y tomar la media rebanada que Goodlatte y otros republicanos están ofreciendo. No es todo. Pero es mejor que nada, que es con lo que los reformistas van a terminar cuando todo esto se acabe si siguen el camino que los demócratas han trazado para ellos.

En este momento del debate inmigratorio, los republicanos parecen querer avanzar. Los demócratas simplemente quieren hacer jugarretas.

El correo electrónico de Ruben Navarrette es ruben@rubennavarrette.com

(2013), The Washington Post Writers Group.