Martin Mendoza (new)
Rick Wiley / La Estrella de Tucsón

Escribo esta colaboración a exactamente una semana de haberse llevado a cabo elecciones en varios estados de la República Mexicana el domingo 4 de junio.

De ellas, aquella por la gubernatura del estado de México era y continúa siendo la más observada por considerarse el “laboratorio” cuyo producto sería lo que más pudiera reflejarse en un futuro resultado nacional, como el que habrá de darse en 2018. Entonces se definirá la mismísima Presidencia de la República. Esto es tanto por ser la entidad más poblada del país, como por la dinámica política que la caracteriza, la cual el PRI ha dominado históricamente.

Hasta el momento, el PRI parecía haber resultado vencedor por un reducido margen, unos cuantos puntos porcentuales, pero el proceso presenta tantas irregularidades que pudiera irse a -y ser definido en- los tribunales electorales. En realidad, la falta de limpieza electoral se da tanto del lado del PRI como del lado de MORENA, el partido actual del eterno candidato a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, también conocido como ‘AMLO’ o ‘El Peje’.

Tanto el gobierno federal como el estatal, ambos en manos del PRI, así como el “Grupo Atlacomulco”, poderosa facción dentro del partido, se volcaron a apoyar a su candidato a la gubernatura, Alfredo del Mazo, cuyos méritos no son más que ser un clásico “junior” de la política mexicana. El dinero corrió y la “compra de votos”, pensemos lo que sea acerca de si eso es en verdad posible o no, se dio o al menos se intentó abiertamente.

‘El Peje’, por su parte, impuso a una candidata que se puede calificar como menos que “modesta” también en cuanto a méritos o cualidades para gobernar una entidad como lo es el estado de México, Delfina Gómez. Por supuesto, de eso se trataba.

López Obrador ve todo esto como un paso más, un eslabón político, en su imparable carrera hacia Los Pinos en 2018, además de que, claro, el presupuesto anual del estado de México de más de 260 mil millones de pesos no estorba tampoco, más bien todo lo contrario. De ahí en adelante, el candidato fue él, a su más puro estilo. Dicho de otra manera, Delfina tendría que ceder los reflectores al “mesías” Andrés Manuel.

Pero hoy el punto es hablar no sólo de ganadores y/o perdedores, sino de cómo interpretar qué es una victoria y qué es una derrota para las partes involucradas. Del PAN no hablaré, pues no lo considero parte involucrada en la elección del estado de México. Renunció a tal estatus en el momento que postuló a tan desangelada, insustancial y predecible candidata en la persona de Josefina Vázquez Mota. Mayor ridículo no pudo hacer.

El PRI necesitaba, o mejor dicho, necesita (por aquello de que la última palabra no está dicha aún) la victoria en el también llamado Edomex, ya que el hecho de que el tricolor no sea capaz de sostener esa gubernatura sería fatal no sólo por constituir una muestra de lo que puede venir en 2018, dada su enorme cantidad de votantes (11.3 millones o el 13.4 por ciento del padrón nacional), sino también por su alto simbolismo. Sacarle al PRI la gubernatura más atesorada y, hasta hace poco, segura de todas es dejarlo literalmente tambaleando.

Por su lado, AMLO tiene más opciones y, ojo, digo AMLO y no su partido, MORENA, que en realidad es una plataforma personal del populista líder. Un triunfo en el estado de México lo pone en los cuernos de la luna, ya que fuese como fuese, arrebatárselo al PRI tendría mérito. Aquí tenemos que reparar en el hecho de que aún con irregularidades por parte del PRI, habrá que ver si MORENA cuenta en realidad con la infraestructura humana y las capacidades jurídicas para cambiar en tribunales un resultado. Muchos lo dudan. Es un hecho que esa parte, fundamental para todo partido político moderno, no preocupa mucho a López Obrador, que es bien conocido por apostar el todo por el todo al discurso populista y a la descalificación del rival sin entrar demasiado en aspectos técnicos o legales.

Por otro lado, si su derrota persiste, con o sin acciones legales de su parte, él podrá gritar día y noche por un año completo que el sistema “despojo” a su partido del triunfo en el estado de México, y el tema se constituirá en un soporte más de su estrategia discursiva-mediática. Es decir, se moverá completa y totalmente en su elemento, el cual va desde el señalamiento acusatorio hasta el amago e incluso el desorden social, como lo ha hecho en el pasado.

En realidad es muy posible que todo esto sea lo más deseable para él. Es posible que MORENA no impugne ningún resultado o que lo haga con un esfuerzo a medias, para después tomar vuelo con todo tipo de acusaciones que ya no tendrían ningún impacto legal pero sí propagandístico, y mucho.

Contacta a Martín F. Mendoza en mfmtuc@yahoo.com