A veces siento que México se puede acabar muy pronto. Pero no precisamente por la suma de los grandes problemas que ciertamente lo agobian, y a los cuales muchos aludimos constantemente. Más bien, a veces siento como si México se fuera a acabar por la falta de información, por la atroz sobre simplificación de sus asuntos, por la tristeza de que sus “élites” hagan un trabajo tan pobre al definir su estado y las posibles soluciones a sus males.

Viene lo anterior al caso ante la reciente portada de la revista Time en su edición internacional, la cual presenta al presidente Enrique Peña Nieto con la favorable leyenda en inglés “Salvando a México”.

Los ataques y las descalificaciones no sólo para el Presidente sino para Time y para el analista Michael Crowley, quien escribió la pieza sobre Peña Nieto, no se han hecho esperar. La embestida –sobre todo en Internet- ha sido incesante, brutal, pero por desgracia absolutamente irrelevante.

El problema no estriba en la virulencia, en la majadería y en el desenfreno de los insultos de tantos mexicanos “indignados” porque Time no les pidió permiso para definir su portada internacional, sino en la absoluta y muy deprimente falta de argumentos de la inmensa mayoría de ellos.

Si quitamos los vituperios y las mofas, no queda mucho. Y eso es muy grave para un país como México, más grave aun que la real o supuesta mala actuación de sus políticos y gobernantes.

De entrada, el que un personaje aparezca en la portada de Time no significa la aprobación de este órgano informativo hacia su actuar, más bien lo que esta revista busca –al igual que muchas otras en todo el mundo- es presentar en ella a personalidades influyentes, para bien o para mal. Además, aun en el caso de que tal presentación sea básicamente favorable, como la que hoy nos ocupa, sería buena idea primero leer el artículo o columna y después argumentar todo lo que se quiera a favor o en contra de éste.

En este modesto espacio hemos en ocasiones anteriores criticado portadas de Time, y hace poco más de un año hicimos lo mismo con una ridícula nota de Bill Richardson sobre el mismo Peña Nieto, en donde ¡lo comparaba con Reagan, Clinton y Obama! ¡Hágame usted el favor!

El debate acerca de lo aparecido en los medios es lo más sano que puede haber, mientras sea eso: debate y no diatriba vacía, insulto sin mayores alcances, burla sin análisis. Entonces no se generó tanto enojo con Time en México, porque esa nota había que leerla en interiores de la revista y no se trataba de una llamativa fotografía en la portada. Saque usted sus propias cuentas, estimado lector.

Si por desgracia Peña Nieto ganó la elección de 2012 –y eso es lo que muchos en la izquierda mexicana aún no pueden digerir- es porque trágicamente en ese momento era la opción menos mala en el papel. ¡Imagine usted!

Aparte de hacernos reír a ratos, porque cierto es que algunas de las ocurrencias para denostar al Presidente son bastante ingeniosas, su aporte es más bien exiguo.

Qué lástima que tantos ciudadanos, “intelectuales”, así como miles y miles de universitarios “inconformes” y muchos de sus profesores pierdan así la oportunidad de crear una mayor conciencia en las clases sociales menos afortunadas de México. Para ello tendrían que discutir con pasión pero también con conocimiento de causa acerca de los grandes retos de México y los desatinos de su gobierno al enfrentarlos. Prefieren – y en muchos casos sólo eso pueden- concederle a los políticos la ventaja de sólo ser insultados en lugar de cuestionados. Hay un mundo de diferencia.

El comportamiento pueril de una muy buena parte de la juventud “con mayor educación” en México, movido en la mayoría de las ocasiones por trasnochadas razones ideológicas, mas no por ideas verdaderamente progresistas en lo económico y en lo social, es un drama mayor para la nación que los mismos malos gobiernos.

Usted sabe, es más fácil crear “memes” en Internet y repetir como zombis desgastadas consignas de los años sesentas (en el mejor de los casos) acompañadas de insultos, que realmente ponerse a leer un poco acerca de todo lo que le duele a México.

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