Martin Mendoza (new)
Rick Wiley / La Estrella de Tucsón

La situación legal y política de Donald Trump se está deteriorando con una velocidad vertiginosa, en buena medida por los “autogoles” a los que el Presidente es tan afecto. Su resistencia a dejar de “defenderse” vía Twitter nos muestra grandemente su personalidad caracterizada por su tozudez e ignorancia.

Es un hecho que muchas de las principales figuras a su alrededor están siendo investigadas y lo peor, para ellos, es que la cosa no para ni parará en lo que se le ha dado en llamar “posible colusión con los rusos para influenciar la elección”. Ni siquiera en lo que tal vez sea el cargo más fácil de imputar a Trump como “obstrucción de justicia”. No, en los hechos esto ya es una investigación en referencia “a lo que resulte”.

Son otros asuntos como delitos financieros, lavado de dinero, etc., los que conforman el camino por donde puede resultar bastante golpeada la Casa Blanca. Ello aun en el caso de que el eje político-legal sobre el que inició todo esto aun no arrojase resultados irrefutables.

Kushner, Stone, Cohen, Manafort, Flynn, Page, todos ellos en su momento colaboradores formales o informales de Trump, están, como suele decirse en México, “poniendo sus barbas a remojar” y “agarrando abogado” o considerando seriamente esto último. Es que el Fiscal Especial, Robert Mueller, viene más afilado aun de lo que ya se esperaba y la investigación se desplaza con toda agilidad y rapidez. Sus contrataciones de abogados altamente especializados y prestigiados en terrenos financieros y lavado de dinero son un aviso claro, contundente, de lo que le espera a la administración Trump. Nada bueno.

Cada vez se manifiesta con mayor claridad un escenario de impeachment o Juicio Político contra el Presidente, pero aun mayor el de su renuncia, y no precisamente muy tarde en su mandato.

Una renuncia le da mayor flexibilidad a sus posibilidades en caso de ser directamente señalado en algún cargo por la investigación de Muller, haciendo que la Cámara de Representantes formule el voto por el impeachment. Por ejemplo, la búsqueda de un perdón presidencial posterior, aunque, claro, todo dependerá de la magnitud de lo encontrado. También una renuncia puede darse precisamente para evitar el doloroso y vergonzoso proceso, como sucedió con la de Richard Nixon en 1974. En fin.

Complicando la situación está el ya transparente disgusto de Trump con su Procurador General y tempranero aliado desde su campana, Jeff Sessions, por haberse excusado de la investigación sobre Rusia, restándole así al Presidente el aún mayor control que seguramente hubiera tratado de ejercer sobre el Departamento de Justicia. Todo ello cuando, por lo visto, no ejerce mayor influencia que la institucional sobre el subprocurador Rod Rosenstein que nombró al fiscal especial Mueller y quien tendría que despedirlo en caso de un berrinche desesperado de Trump. Las opiniones mayoritarias al respecto son que Rosenstein no hará tal cosa y que primero él mismo tendría que ser cesado por Trump.

Mientras, el elefante republicano “no escucha ni ve nada”. La desvergüenza de Paul Ryan en la Cámara de Representantes y de Mitch McConell en el Senado es fuera de serie. Habrá que ver cómo maniobraran si Mueller arroja sobre el Congreso la descomunal responsabilidad de decidir el futuro de Trump y su administración. El punto en donde seguir fingiendo demencia no sea sostenible, puede llegar, y más rápido de lo que ellos lo esperan.

Por lo pronto, es en cierta forma comprensible que estén enfocados en empujar tanto como puedan su extremista agenda, precisamente porque no saben cuándo “se les vendrá el mundo encima”, comenzando con la casi criminal eliminación del Obamacare. Si se trata de ser “prácticos”, ni modo. Pero cuando el cisma político que, todo hace indicar, se avecina esté aquí, será más que interesante observar a los republicanos buscar cobertura. No están haciendo nada al respecto, no parecieran siquiera estar pensando en esa posibilidad o, bien, asumen que todo el costo político quedará en Trump y su primer círculo, lo cual sería más bien solo buenos deseos.

El escándalo está anunciado y el número de posibles temas que lo originen, relacionados todos con Trump, ha crecido enormemente las últimas semanas. No parece que el Partido Republicano esté asumiendo esa realidad brutal, olvidando que al final nada es eterno, mucho menos un partido político.

Ahí está la historia.

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