Martin Mendoza (new)
Rick Wiley / La Estrella de Tucsón

Creo necesario hacer una advertencia al amable lector antes de entrar en materia. Este es un tema serio y debemos reprimir cualquier impulso hacia la hilaridad y la ironía.

En otras palabras, favor de no reír….a carcajadas. Resulta que durante el encuentro bilateral Putin-Trump durante la reunión del G-20 en Hamburgo, Alemania, la semana pasada, la conclusión a la que ambos jefes de gobierno llegaron fue “crear entre las dos naciones una unidad de ciber seguridad”, así como usted lo oye/lee. Sus ojos y sus oídos están bien.

¡Ah! Además, claro, de un compromiso de no “interferir una con la otra” en asuntos internos. Cuando veía los reportes televisivos por un momento pensé que estaba sintonizando el canal equivocado y que todo era parte de un sketch cómico tipo Saturday Night Live o algo por el estilo.

El acuerdo fue “alcanzado” después de que Trump, “presionó” a Putin acerca de la “preocupación del pueblo americano” (no la suya propia, claro) por buena parte de las más de dos horas que duró su charla. La narración del encuentro corre a cargo del único otro funcionario americano presente durante el encuentro, el Secretario de Estado, Rex Tillerson. Sí, el más simpático funcionario del gabinete trumpista, quien lo platicó a los medios con su eterna actitud de chamaco obligado a tomarse su sopa.

La puesta en escena no podría ser más mala, aunque al mismo tiempo no podría ser más reveladora.

Al final, lo revelador no está siquiera en la farsa montada por Trump y Putin, de la cual el ruso ya se encuentra presumiendo, pues la ha presentado como una aceptación del gobierno americano de que “no es para tanto” y hay que “moverse hacia el futuro” (como si hubiera futuro que valiera la pena con un gañán como Putin).

No, de hecho hay otro intercambio de aproximadamente 30 segundos de duración captado en cámara justo antes de la charla que es escalofriante, que debe preocupar al máximo a todo aquel que crea en la libertad de prensa y en la libertad de expresión en general. Putin, siendo el manipulador que bien se sabe que es, y ante la insistencia de la prensa enfrente de ellos por cuestionarlos, casi gritando, como suelen hacerlo los reporteros que cubren esos eventos, pregunta a Trump: -¿Esos son los que te han insultado? Éste, obsequioso y deleitado por la, para él obvia, atención que Putin ha puesto a sus sufrimientos, contesta feliz, sonriente: -Sí, esos son, correcto.

Meditemos todo esto por unos segundos.

El Presidente de Estados Unidos -el líder del mundo libre- feliz, siguiéndole una broma acerca de los periodistas y el periodismo a quien encabeza un gobierno a todas luces represivo y en donde el periodismo anti régimen no es precisamente una actividad muy segura que digamos. ¡Vaya! ¡Cosas que hay que ver, y lo que nos falta!

Aun asumiendo que Trump y su gobierno sean todo lo corrupto que aparentemente son, eso es otro asunto cuando de estas pifias gigantescas, descomunales, se trata. Una cosa no tendría por qué traer a la otra.

¿No saben Trump y sus funcionarios lo que están haciendo y lo que le están reflejando al mundo? Horroroso.

¿Sí lo saben y entienden? Aún más horroroso.

Todo ello a horas de que surgiera en la prensa estadounidense un nuevo reporte sobre la última (es fácil perder la cuenta ya) reunión de que se tenga registro entre gente de Trump con actores rusos, el 9 de junio de 2016.

En este caso, nada más y nada menos que uno de sus hijos, su yerno y el entonces presidente de su campaña, Paul Manafort. Este pasado sábado se conocía de ello, y el domingo comenzaban a surgir más detalles al respecto. Pormenores que incluyen que los allegados a Trump acudieron a la reunión con una abogada rusa tras habérseles prometido más información dañina contra Hillary Clinton. ¡Es que son unos angelitos! ¿Verdad?

Después de todo esto, cuando las paredes se empiezan a cerrar alrededor de la corte de Trump, y con esas extrañas señales de proclividad por el despotismo que una vez más mostro Trump en el encuentro con Putin, ¿suenan raros los comentarios y observaciones acerca del disminuido papel de Estados Unidos en esta última reunión del G-20?

“Uno más, y no el líder”, “una nación mucho más aislada”, “Trump solo”, son las expresiones a propósito de ese rol.

¿Se puede culpar de algo a quien las emite? El encuentro Trump-Putin nos volvió a dejar tan claro como el agua que no.

Contacta a Martín F. Mendoza en mfmtuc@yahoo.com.