Qué fenómeno tan interesante de observar es esa aparente división que se está dando en el activismo proinmigrante en relación a cuál debe ser la actitud y la respuesta más adecuada a la inacción de la Casa Blanca frente al drama que constituye el problema migratorio.

Parece ser que la cínica actitud del Ejecutivo ya no le resultará tan gratuita, tan sin costo alguno, como lo tenía considerado. Está claro ya que sí hay costos para el presidente Barack Obama y sus colaboradores más cercanos por esa absurda y hasta cierto punto contradictoria estrategia que mantiene respecto al tema. Algo así como “no hagamos enojar a los republicanos tomando acciones de alivio para el inmigrante, mejor continuemos culpándolos solo a ellos por la falta de reforma”.

Ya se vio que esto no va a ninguna parte y que en realidad es una grosera, abusiva estrategia de la administración para quedar bien con casi todo el mundo, menos con quien más necesita una bocanada de oxígeno: el inmigrante indocumentado. Cuidar otras metas políticas, así como el legado de Obama, es lo que en realidad se persigue.

Por un lado están los grupos e individuos más “profesionales”, como Eliseo Medina, de SEIU, para los cuales lo más fácil del mundo es adoptar esa apostura del “todo o nada”, caiga quien caiga y a cualquier costo. Les resulta muy sencillo, por ejemplo, exigir un camino a la ciudadanía, demanda que, aunque totalmente legitima en sí misma, de nada sirve si mientras llega te deportan a tu país de origen.

Como si los arrestos preplaneados, como el sucedido a Medina la semana pasada en Miami, en realidad cambiaran algo ya a estas alturas. La situación es dinámica, y en este momento la coyuntura no da para posturas irreductibles.

Esta gente, a la que ciertamente hay que reconocer su apoyo, en realidad persigue agendas políticas más amplias, a más largo plazo, y nunca permitirán que por contravenir al presidente Obama se les excluya de la mesa del poder político. Jamás tocarán a la Casa Blanca ni con el pétalo de una rosa, porque primero, antes que todo, su compromiso es con el Partido Demócrata.

Del otro lado ubicamos a algunos liderazgos mucho más espontáneos y surgidos del hecho de estar sufriendo el problema en carne propia y/o a través de sus familias inmediatas. Su visión es la promoción de un alivio urgente, por ello, en absoluta congruencia han dejado de hacer –con toda razón- del Partido Republicano su único centro de críticas y ataques para darles también a los demócratas, incluida la Casa Blanca, su ración de dolores de cabeza. Lo que se demanda es acción administrativa por parte del Ejecutivo, la cual con un poco de valor y de compasión –virtudes ambas que mucho dudamos ya que pueda tener el Presidente, al menos en este tema- es perfectamente posible.

Claro, siempre y cuando esté dispuesto a pagar un costo político que puede ser elevado.

Ejemplo perfecto de este liderazgo orgánico es José R. Patiño, joven graduado de la Universidad Estatal de Arizona (ASU) con un diploma de Ingeniería Mecánica.

En días pasados, este destacado miembro de “Arizona Dream Act Coalition”, así como de la Junta Directiva de “Somos América Coalition”, nos comentaba, entre otras cosas, la gran decepción que siente en relación al Presidente.

De ser un entusiasta partidario y activista en 2008, pasó a tener que reconocer una dura realidad, la cual podemos articular como que al presidente Obama y sus principales colaboradores les importan muchas cosas antes que la suerte de las familias destruidas por su bien aceitada maquinaria de deportaciones.

Estos jóvenes deberían estar trabajando, estudiando más, poniendo todo su talento y energía al servicio de este país, que no se los permite porque le parece mejor negocio perseguirlos, a ellos y a sus familias. Es cierto, ¡qué decepción!

Aunque, en realidad, desde que Obama no le metió ganas a este asunto cuando tenía mayoría en ambas cámaras quedó dicho todo.

Ello mientras otros celebran que “sí se puede” y se refugian “en la audacia de la esperanza”, lo crean o no.

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