Ruben Navarrette

SAN DIEGO – Ya casi con dos años de comentarios impertinentes, tuits ofensivos y posturas políticas perjudiciales, se podría describir a Donald Trump con varios adjetivos.

Proteccionista. Nacionalista. Racista. Misógino.

Y ahora podemos agregar a la lista: restriccionista. El sitio web Político recientemente reportó que Trump y su gabinete de la Casa Blanca están trabajando silenciosamente para reducir la inmigración legal. Según el sitio web, Trump tiene pensado impulsar un proyecto de ley que va a ser presentado a fines de este verano por los senadores republicanos, Tom Cotton, de Arkansas, y David Perdue, de Georgia, que reduciría a la mitad el número de inmigrantes legales que se permite ingresen cada año.

Tengo que preguntarme, ¿Qué es lo que no entienden los republicanos de la palabra “legal”? ¿Y alguien del partido todavía se pregunta por qué el partido republicano es considerado por muchos como no solo opuesto a la inmigración ilegal sino simplemente a la inmigración en general?

Pero, como lo demostró el presidente mientras estaba en Europa para la reciente cima del G-20, un adjetivo que no le cuadra bien a Trump es el de aislacionista.

El hecho de que Trump se quede atado a esa descripción tan a menudo es una indicación de cómo los elitistas del globalismo que merodean alrededor de organizaciones insulares, como el Consejo de Relaciones Exteriores, no entienden a este presidente. No tienen ni la más mínima idea de por qué atrae a aquellos alrededor del mundo que conocen la opresión y esperan que Estados Unidos haga algo sobre eso.

Las élites dejan de lado los lanzamientos de misiles en Siria, “la madre de todas las bombas” en Afganistán, sus esfuerzos para reparar la relación entre Estados Unidos e Israel y su retórica amenazante contra Corea del Norte. En cambio, definen el aislacionismo lo más estrechamente posible, concentrándose en las decisiones justificables del presidente de retirarse del Acuerdo de París sobre el cambio climático y de terminar el Acuerdo Transpacífico. También les gusta insistir sobre el tratamiento, ciertamente bravucón, otorgado a líderes extranjeros como la canciller alemana Angela Merkel y el presidente mexicano Enrique Peña Nieto.

Pero solo hace falta fijarse en el discurso inspirador y resuelto en la plaza Krasinski de Varsovia. Si bien nunca se escuchará esto en los medios anti-Trump, el hecho de que un gigante de la historia como el ex presidente de Polonia, Lech Walesa, que lideró el movimiento de Solidaridad en la década del ochenta, estuviera presente, dice mucho.

Los que critican a Trump parecen pensar que el siguiente es el sermón de un aislacionista: “De parte de todos los estadounidenses, déjenme agradecerle a todo el pueblo polaco por la generosidad que han demostrado en darles la bienvenida a nuestros soldados en su país. Estos soldados no sólo son defensores valientes de la libertad sino también símbolo del compromiso de Estados Unidos con respecto a su seguridad y su lugar en una Europa fuerte y democrática”.

Y esto: “Los héroes polacos y los patriotas estadounidenses pelearon lado a lado en nuestra Guerra de la Independencia y en muchas guerras que siguieron. Nuestros soldados todavía sirven juntos en la actualidad en Afganistán y en Irak, combatiendo a los enemigos de toda civilización. En Estados Unidos, nunca nos hemos dado por vencidos con respecto al derecho de libertad e independencia que tiene el pueblo polaco y nunca, nunca lo haremos”.

Y esto: “Estados Unidos y Europa han sufrido un ataque terrorista tras otro. […] Durante un encuentro histórico en Arabia Saudita, convoqué a los líderes de más de 50 naciones musulmanas a que se unan para eliminar juntos a esta amenaza de toda la humanidad. Debemos estar unidos frente a estos enemigos en común para quitarles sus territorios y financiamiento, sus redes y cualquier forma de apoyo ideológico que puedan tener”.

Y esto: “Le imploramos a Rusia que cese sus actividades desestabilizantes en Ucrania y otros lugares –incluyendo Siria e Irán– y en cambio que se unan a la comunidad de naciones responsables en nuestra lucha contra el enemigo en común y en defensa de la civilización misma”.

Y esto: “Nuestros ciudadanos no ganaron la libertad juntos, no sobrevivieron al horror juntos, no enfrentaron el mal juntos para perder la libertad por la falta de orgullo y confianza en nuestros valores. No lo hicimos y no lo haremos. No daremos marcha atrás”.

Y finalmente esto: “Occidente nunca, nunca será quebrado. Nuestros valores prevalecerán. Nuestros pueblos prosperarán. Y nuestra civilización triunfará”.

¡Por Dios! Si estas son las palabras de alguien que quiere retirarse del mundo, no me imagino lo que podría decir alguien que quiere jugársela con todo.

La dirección de correo electrónico de Rubén Navarrette es ruben@rubennavarrette.com

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