Toda familia trabajadora, sin discriminar ocupación o tipo de trabajo, debe de prestar mucha atención al debate sobre el acuerdo del tratado de comercio llamado Asociación Transpacífico (Trans-Pacific Partnership, TPP).

Este tratado será tan grande como el Tratado de Libre Comercio de Norte América (NAFTA) y tendrá un impacto fuerte en nuestra economía. Sea cual sea la versión aprobada por nuestro congreso, permanecerá con nosotros por mucho tiempo.

Hay dos temas relacionados de los cuales hay que preocuparse. El primero es el acuerdo por sí mismo, que fue escrito por abogados defensores de empresas con un enfoque en ganancias corporativas a expensas de nuestro pueblo. Además, daña al medio ambiente, debilita protecciones laborales e incrementa los precios de medicinas en Estados Unidos.

El segundo tema es la autoridad de promoción del tratado, referido como el “camino rápido”. Si ambas cámaras del congreso aprueban el “camino rápido”, los miembros del congreso no podrán ofrecer cambios al tratado antes de ser aprobado. Hoy existen propuestas de ley en el Senado y la Cámara de Diputados que harían eso mismo: limitar el debate sobre el tema e impedir cambios al tratado. Sería un acuerdo del congreso estilo “a mi manera o nada”.

Yo no sé por qué mis colegas quieren negar su poder de influencia a un tratado tan importante y delicado. Desafortunadamente, el presidente Obama apoya el “camino rápido”, porque sería más fácil de lograr un tratado. Yo no lo apoyo. En seguida les explico.

TPP es un mal acuerdo para nuestro país. Habrá mucha discusión sobre cómo los tratados de libre comercio crean trabajos, pero no se deje engañar. La primera pregunta que se debe hacer es: “¿Quién se hará rico con este tratado?”. La respuesta corta es: “Usted no”.

Este acuerdo es otro ejemplo de cómo las grandes corporaciones se unen contra el trabajador.

¿Cómo lo sabemos? Considere la crítica de la Campaña del Futuro de América sobre los primeros 20 años de NAFTA: “En 1993, el diálogo de aficionados de NAFTA- entre ellos el presidente Clinton y casi todos los republicanos- era que se crearían empleos mediante la ampliación de comercio que compartíamos con México… Ahora Estados Unidos sufre un déficit comercial de 60 a 70 mil millones de dólares con México, y este verano Estados Unidos tendrá una pérdida de más de 100 mil millones con México”.

Será el mismo cuento con nuestros asociados si el TPP es aprobado. Nuestra política de comercio internacional tiene un impacto directo en la necesidad de emigrar a este país. Si desplazamos el mismo número de trabajadores en el Pacifico así como lo hicimos con NAFTA en Latinoamérica, podremos repetir nuestras batallas de inmigración de nuevo. Esto merece mucha más consideración de lo que ha recibido.

El congresista Dave Camp, republicano por Michigan, y el senador Max Baucus, demócrata por Montana, han presentado propuestas de ley para establecer “el camino rápido.” A la Cámara de Comercio le encanta tanto el camino rápido que su declaración oficial dice que el TPP dejará tremendos “beneficios”, sin decir específicamente a quién. Muchos de mis colegas republicanos quieren darle esta autoridad al presidente Obama a pesar de no estar de acuerdo con él en casi todo lo demás. Quisiera saber por qué.

La vieja manera de reducir la supervisión del público y de facilitar a compañías multinacionales ha fracasado tan evidentemente que estos tratados nunca tendrán el apoyo del público. Los promotores de TPP y estos tratos saben que no pueden fomentar apoyo basado en sus propios méritos. Por eso escucharemos frases como “romper barreras económicas”, “el futuro es hoy” y “todos debemos hacerlo ya”.

Ya sabemos lo que pasó con NAFTA hace 20 años. ¿Qué beneficios nos brindaron? ¿Quién se hizo rico? Usted no. Nunca es usted. Nunca será usted hasta que el pueblo trabajador escriba nuestros acuerdos de comercio, y no los abogados corporativos.

Raúl M. Grijalva es diputado federal demócrata por Arizona, representante del Distrito 3.