Sobre inmigración, demasiada negación

2013-10-03T00:00:00Z Sobre inmigración, demasiada negación Arizona Daily Star
October 03, 2013 12:00 am

SAN DIEGO – Hecho: La reforma inmigratoria está muerta por el resto de este año -y probablemente lo estará también en los años venideros.

Ficción: Murió porque a los republicanos no les gustan los inmigrantes y por lo tanto no tienen interés en darle a aquellos que son indocumentados una vía hacia la ciudadanía. En respuesta, los demócratas, que aman a los inmigrantes y quieren proveerles una vida mejor, están tratando valientemente de reavivar los esfuerzos de reforma.

Esta es la narración contada por los medios de comunicación de la costa Este, a quienes todavía les falta entender el debate sobre inmigración, porque muchos periodistas, productores y columnistas cometen el error de tratarlo simplemente como otro argumento político.

No lo es. Este debate es como un cuarto lleno de espejos donde las cosas no son lo que parecen. Nadie quiere hablar sobre inmigración por lo que realmente es: un juego económico en el que tiran de la cuerda empleadores que tienden a votar republicano y quieren trabajadores que llevan a cabo trabajos que los estadounidenses consideran que están por debajo de ellos, y trabajadores obreros que votan demócrata y que están convencidos de que los trabajadores inmigrantes se llevan los trabajos, socavan los gremios y rebajan los salarios.

Hay mucha negación. Los estadounidenses se niegan a admitir que han criado al menos dos generaciones de gente joven que piensa que tiene derecho a saltearse el trabajo manual –lo que invita a los inmigrantes ilegales a tomar estos trabajos. Los liberales no reconocen que los empleadores no son el problema, y que incluso trabajos que pagan bien son difíciles de cubrir si son pesados, sucios o peligrosos. Los conservadores no admiten que, por al menos una década, les han entregado su parte del debate a los alarmistas que se inquietan sobre cambios demográficos y culturales.

Incluso más molesta es la deshonestidad. Hay que olvidarse de lo que dicen los políticos y observar lo que hacen. Los funcionarios electos se pasan la mayoría del tiempo engañando a sus electores. Los republicanos pretenden ser más estrictos de lo que realmente son para atraer a los nacionalistas; los demócratas pretenden ser más compasivos de lo que realmente son para aplacar a los latinos.

Ninguno de los dos partidos quiere realmente hacer algo con el tema inmigratorio, porque enfrentaría a los electores entre sí. Los demócratas tendrían que hacer de árbitros de la pelea entre los trabajadores obreros que quieren deshacerse de los inmigrantes ilegales y los latinos que quieren acogerlos, los republicanos tendrían que administrar las tensiones entre los intereses empresariales que quieren más inmigrantes y los nacionalistas que piensan que ya tenemos más que demasiado.

Así que realmente no podemos estar seguros de que los republicanos sean los únicos responsables de la muerte de la reforma inmigratoria o de que los demócratas realmente quieran resucitarla.

Es verdad que dos republicanos -John Carter y Sam Johnson, ambos de Texas—recientemente dejaron la bipartidista Pandilla de los Siete, una coalición de la Cámara Baja que busca la reforma, diciendo que no confiaban ni creían que el gobierno de Obama estuviera seriamente comprometido con la reforma de inmigraciones.

¿No me digan? El hecho de que el Presidente no llegó ni siquiera a hablar del tema hasta su segundo término y que ha deportado a cerca de dos millones de inmigrantes ilegales a la fecha debería de haberlos alertado.

Es verdad que los demócratas de la Cámara baja de pronto están hablando de presentar sus propios proyectos de ley sobre inmigración. La líder de la minoría, Nancy Pelosi, y el representante Xavier Becerra, de California, quizás presenten al Senado una versión del proyecto de ley de inmigraciones que combina la imposición de la ley junto con una vía hacia la ciudadanía. Y los representantes Filemón Vela, de Texas, y Raúl Grijalva, de Arizona, han propuesto un proyecto de ley para continuar con las conversaciones sobre la reforma inmigratoria antes de fin de año.

Pero es difícil de creer que lo que motiva a los demócratas es el deseo de arreglar un sistema que está roto.

Si eso fuera verdad, los demócratas habrían actuado a favor de la reforma inmigratoria cuando controlaban ambas cámaras del Congreso de 2007 a 2011. En cambio, la dejaron fuera de su agenda.

Ahora, los demócratas simplemente quieren provocar a los republicanos. También quieren que los latinos y otros proponentes de la reforma piensen que todavía están luchando. Simplemente no tan duro.

¿Se dieron cuenta de que cuando a los demócratas realmente les importa un tema, como aumentar el salario mínimo, la reforma del cuidado de salud, asegurar el pago igualitario para las mujeres, ofrecer una salida a las escuelas de las medidas para que rindan cuentas y otras causas liberales, éstas se llevan a cabo –y a veces sin un solo voto republicano? Y sin embargo, sobre inmigración a la primera señal de resistencia del Partido Republicano los demócratas emprenden la retirada.

¿Por qué, entonces, no voy a pensar que los demócratas no quieren realmente molestarse con la reforma inmigratoria –salvo como un instrumento de tortura para los republicanos? Y no es que algunos en el Partido Republicano no se merezcan ese tipo de tratamiento.

Contacta a Rubén Navarrette al correo electrónico ruben@rubennavarrette.com.

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