Vivir en Tucsón significa que en cualquier fin de semana uno puede encontrar a un mariachi en algún lado. En un restaurante, en una misa católica o en cualquier tipo de celebración disfrutamos el júbilo de los violines, las guitarras, vihuelas, trompetas y el guitarrón.

Durante décadas, la música de mariachi ha sido un componente cultural integral de Tucsón y el sur de Arizona.

Pero en el resto del mundo, incluyendo a México, donde nació este género musical y es considerado parte de su patrimonio, la música de mariachi está desapareciendo lentamente.

Un caso para ilustrar: en la Decimoséptima entrega de los Latin Grammy el 17 de noviembre, la mayor celebración de la música latina a nivel mundial, no se entregó ningún premio en la categoría de mariachi/ranchera. La Academia Latina de la Grabación dijo que hubo insuficientes nominaciones.

“Nosotros empezamos a alertar desde hace años, diciendo ‘Este género está decayendo’”, le dijo a la Associated Press Gabriel Abaroa Jr., presidente de la Academia de la Grabación Latina. “Cuando empezamos a detectar que hay menos y menos y menos inscripciones, lo que hacemos es vociferarlo, sonar la alarma”.

Hay menos demanda comercial por esta música; no vende, en comparación con otros géneros latinos, incluso en México, donde la música norteña y banda es mucho más popular. Y hay muy pocos artistas jóvenes que remplacen a las leyendas de la música ranchera: José Alfredo Jiménez, Lola Beltrán, Javier Solís, Lucha Villa, Pedro Infante.

Y con el retiro de los escenarios de Vicente Fernández, un gigante de la industria, y la reciente muerte de Juan Gabriel, cuyas canciones están en el repertorio de todos los mariachis, el escaparate del género está vacío.

Esto es aún más doloroso debido a que la música de mariachi no es sólo un símbolo de la cultura mexicana, sino que se le considera una joya mundial. Hace cinco años, la UNESCO, el brazo cultural y educativo de las Naciones Unidas, declaró a la música de mariachi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Esta organización mundial exhortó la preservación y promoción de esta música.

El mundo del mariachi dio la bienvenida a ese reconocimiento global con la esperanza de que la lenta desaparición de este tipo de música pudiera revertirse. Aparentemente, su popularidad se sigue erosionando.

Como amante de toda la vida de la música ranchera y de mariachi, me entristece que esta hermosa, significativa y tradicional música se esté tambaleando. Pero como tucsonense, mi espíritu se ensalza por el papel que juega Tucsón en el fomento al crecimiento de esta música y en la ampliación de su alcance.

Tucsón es cuna de grupos juveniles de mariachi y de conferencias. Es la ciudad de músicos, intérpretes y compositores que han contribuido a la estampa musical del mariachi.

Empezando por Eduardo “Lalo” Guerrero, quien nació hace 100 años en el Barrio Viejo. Lalo, como era mejor conocido, fue un cantautor chicano pionero en la promoción de la música mexicana, incluyendo la de mariachi, antes de la Segunda Guerra Mundial. Pero su mayor influencia musical fueron sus composiciones, específicamente la letra de dos canciones. “Nunca Jamás” y “Canción Mexicana” son parte del cancionero mexicano. Ésta última, de hecho, es considerada un himno no oficial de México. La vida y la música de Lalo serán celebradas el 9 de diciembre en el Casino Ballroom.

Después de la guerra, Tony García y Carlos Saldívar Sr. formaron el Mariachi Tucsonense, probablemente el primero en Tucsón. En 1964, Los Changuitos Feos fueron el primer mariachi juvenil. El grupo continúa, y ha impulsado el crecimiento de los programas de mariachi en las escuelas aquí y en muchas otras partes del país.

Y muchos de los egresados de mariachis juveniles se han convertido en mariachis profesionales y maestros de música en Arizona, California, Nevada y otros estados.

En 1983, Tucsón dio vida a un sueño de los amantes del mariachi: un festival anual. La Conferencia Internacional del Mariachi La Frontera ha traído a esta ciudad a miles de estudiantes, maestros, bailarines de folclórico y seguidores del mariachi, además de que ha generado el desarrollo de conferencias similares en México y Estados Unidos.

Cuatro años después, la cantante oriunda de Tucsón Linda Ronstadt cimbró al mundo del mariachi con el disco “Canciones de Mi Padre”, una oda a la música que ella escuchaba de niña con su papá, Gilbert Ronstadt, y con Lalo Guerrero, amigo de la familia. Ese álbum sigue siendo una referencia cultural.

Quizá este sonido esté siendo cada vez menos escuchado en otras partes, pero una nueva generación de músicos y cantantes tucsonenses siguen cultivando la música de mariachi.

Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al 573-4187.