Mientras platica en un café al aire libre, Anel Schmidt actúa cuando narra los papeles que ha interpretado, le habla a un pájaro al que agradece por posarse tan cerca y canta cuando recuerda los musicales en los que ha trabajado. También voltea, sonríe a la gente que pasa detrás y cuando se reincorpora pregunta, “¿qué te estaba diciendo?”.

Ah, y se ríe a carcajadas y te llama “mija”.

Anel es actriz, es madre, es esposa y es una orgullosa latina en Tucsón.

Nació hace 42 años en Huatabampo, Sonora, con el nombre de Anel Cota Camacho y se mudó con su familia a Hermosillo justo antes de la adolescencia. Ahí nutrió su vocación por la actuación cuando se inscribió a los Talleres Libres del Teatro Emiliana de Zubeldía y recibió la primera invitación a audicionar para una obra.

“Entré con el pie derecho, mija”, dice sobre su papel en Casa de Soltero, donde se codeó con artistas reconocidos de Sonora como Alicia Vidales, Marco Antonio López, Alfredo García Márquez y César Arturo Velázquez. “Ese fue mi primer chequecito. Yo tenía 18 años, y creo que tenía la chispa ideal para ser la vecina que entraba con una energía muy alta, que era distraída y coqueta”.

La ahora actriz de Stories that Soar!, compañía que representa cuentos escritos por niños de las escuelas de Tucsón, formó parte de la primera generación de la Licenciatura en Artes de la Universidad de Sonora. Allá participó en varias puestas en escena, como Las Divinas Garzas, donde hacía de novia del famoso actor de telenovelas nogalense David Zepeda.

En el 2002 ganó el premio estatal Profesor Alberto Estrella a la mejor actriz de Sonora con un papel controversial en el que hacía voz de hombre y seducía a un cura, y en 2004 se casó y se mudó a Tucsón “trayendo nada más que mis tres trapos y todo mi amor por mi esposo”, Karl Schmidt.

Su carrera

Aunque Tucsón está cerca de Hermosillo y había venido muchas veces, instalarse para empezar una vida aquí no fue precisamente sencillo. “Dejé a mi familia, mi país, mi lengua, mis amigos, y a comenzar de cero y rascarme con mis propias uñas, mijita”.

Lo primero que hizo fue vencer sus miedos. Había aprendido un poco de inglés en Harmon Hall, en Hermosillo, y en el Colegio Comunitario Pima, en Tucsón, pero sabía que hacer un papel en una segunda lengua era otra cosa. “Tuve el coraje, y con mi acento, con palabras que quizá nadie entendía, audicioné con Borderlands Theater”, dice.

Su primera obra con esta compañía tucsonense fue “Living Out”. Después participó en una adaptación de “El Ausente”, del escritor mexicano Víctor Hugo Rascón Banda, y el año pasado fue parte de Standing With Saguaros Project, “un experimento hermosísimo”, describe Anel, “que empezó parándonos frente al saguaro para sentir qué te dice y hacerlo parte de ti”.

A Stories that Soar! llegó hace 10 años a través de un amigo suyo, un sonorense que pertenecía al grupo y la invitó a verlos. “Cuando finalmente fui, me quería subir al escenario en ese mismo momento”, cuenta Anel. “No sabía si hacerle marometas o qué a Sharon (O’Brien, la directora de la compañía) para que me contratara”. Al parecer no fue necesario. Sharon se siente feliz de tener a esta sonorense entre su elenco.

“No sólo nos ofrece su amor por la danza, el canto, la acrobacia y su maravillosa gama de personajes, también nos brinda un talento bilingüe y sus experiencias únicas como inmigrante latina”, escribió la directora y fundadora de Stories that Soar! en un correo electrónico.

Es sorprendente, dice Sharon, la cantidad de historias que los niños escriben para la “Caja Mágica” sobre sus experiencias y familias en ambos lados de la frontera, “y me encanta que Anel pueda ser un modelo tan positivo para todos los niños de nuestro público, pero especialmente para las niñas latinas que también quieren seguir sus sueños”.

Anel es uno de los 21 actores que integran la compañía y que cada año se presentan en varias escuelas de Tucsón y en eventos de la comunidad. Uno de esos eventos es Procession of Little Angels, la parte dedicada a los niños de All Souls Procession. Esta vez se realiza el sábado 4 de noviembre en Armory Park desde las 3:00 p.m. Es gratis e incluye talleres para que los niños creen sus alas, exhibición de altares y una pequeña procesión que cierra con la presentación de Stories that Soar! en colaboración con artistas de Tucson Circus Arts.

Este año también participan los actores de Día de los Muertos: El Musical, una obra infantil de Michael Martínez en la que se unen los mundos de los vivos y los muertos a través del viaje de una niña que busca a su fallecida mascota.

Anel interpreta a tres ancestros, llevando las otras dos cabezas en sus manos y alternando las tres voces. Son una especie de villanos cómicos de la historia, con un toque norteño. Hasta piden “shamoyadas” y de repente algo se les “chispotea”.

“Anel Schmidt es una actriz increíble para el teatro infantil porque tiene la capacidad de transformar físicamente toda su energía en momentos y acciones precisas que la ayudan a transformase en su personaje”, dijo Martínez, dramaturgo y compositor tucsonense. “Me siento honrado de tener a una actriz latina en este papel. Me encanta que todos los niños latinos que vienen a ver la obra puedan verse a sí mismos en Anel”.

La última función de Día de los Muertos es el domingo 5 de noviembre a las 12:30 p.m. en Live Theatre Workshop, 5317 E. Speedway Blvd.

Su familia

Anel y Karl, descendiente de alemanes y dedicado a la asesoría en inversiones, tienen tres hijos: Renée, “su güerita hermosa” de 12 años y a quien también le gusta la danza y la actuación, y Liam, un chico de 11 con una habilidad especial para las matemáticas. Además está Brandon, del primer matrimonio de Karl.

Aunque ha podido pasar tiempo en casa con sus hijos entre una actuación y otra, Anel dice que combinar la maternidad con la actuación a veces es difícil. “Me pierdo de muchos eventos familiares. Mi frase siempre es ‘no puedo, tengo ensayo’, pero la respuesta que muchas veces me dan el público y mis hijos paga por todo”, dice. “Me gusta mi familia y me gusta lo que hago aquí”.

Muchas veces, cuenta Anel, la gente le pregunta si hubiera preferido irse a alguna ciudad grande de Estados Unidos o a la Ciudad de México. Y a pesar de que alguna vez esos planes estuvieron en la mira, su respuesta es que no se arrepiente de haber tomado el camino que la trajo a Tucsón.

Siente que el pararse frente al público en un escenario le da la posibilidad de representar a la comunidad latina en esta ciudad, “y eso me hace totalmente feliz”, dice.

“Alguien tiene que darle voz a toda esa gente que quiere hablar”.

Contacta a Liliana López Ruelas en llopez@tucson.com o al 807-8479.