De la noche a la mañana, los mexicanos se convirtieron en extranjeros en su propia tierra.

Con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, Estados Unidos no sólo se apoderó de aproximadamente el 50 por ciento del territorio mexicano que incluía principalmente las áreas de California, New Mexico, Arizona y Texas, sino que también se creó un nuevo grupo étnico: los méxicoamericanos o chicanos, quienes desde entonces mantienen una lucha por el respeto de sus derechos civiles.

Aunque el tratado, que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos de 1846 a 1848, establecía garantías individuales para los mexicanos residentes del territorio cedido que incluían el derecho de propiedad de sus tierras y ciudadanía, éstos fueron violados.

Uno de los problemas desde 1848 es que algunas personas no creen que los méxicoamericanos o los mexicanos tienen derechos, explica Richard Griswold, profesor de estudios méxicoamericanos en San Diego State University.

"Hubo mucha violencia, a los mexicanos se les veía como extranjeros, esa fue la actitud por muchos años y todavía es en algunas áreas", dice Griswold.

Los mexicanos se convirtieron entonces en una minoría en Estados Unidos, y las minorías en este País han tenido que luchar muchísimo, dice por su parte Óscar Martínez, profesor de historia en University of Arizona.

"Esa ha sido la historia de los méxicoamericanos y los inmigrantes mexicanos que han venido después", comenta Martínez."Por ejemplo, según la ley de naturalización, sólo a los blancos se les permitía la ciudadanía, hubo muchos casos de mexicanos que hacían su solicitud para hacerse ciudadanos y se les negaba".

Había aproximadamente unos 80 mil mexicanos viviendo en el territorio cedido, un 20 por ciento del total de la población mexicana de ese entonces.

Pocos de ellos decidieron conservar su ciudadanía mexicana. La mayoría de los 80 mil mexicanos continuaron viviendo en el para entonces Sudoeste estadounidense, con la creencia de que sus derechos civiles y de terratenientes serían protegidos. Ese no fue el caso. A finales del Siglo 19 la mayoría de ellos perdieron sus tierras por despojo o fraude.

Cuando el Senado estadounidense ratificó el tratado, eliminó el artículo X, que garantizaba la protección de las concesiones de tierras dadas a los mexicanos por los gobiernos de España y de México. También debilitó el artículo IX, que garantizaba los derechos de ciudadanía y lo que creó una atmósfera antimexicana.

Desafortunadamente, explican los expertos, ese ambiente antimexicano y lucha por los derechos civiles que con el tratado inició hace más de 150 años, sigue en la actualidad, y en sitios como Arizona se ha recrudecido.

"En Arizona, tienen el problema de si se debe o no considerar a los inmigrantes criminales o si sus derechos garantizados bajo la Constitución (de Estados Unidos) deben ser o no respetados", explica Griswold.

Ahí esta la nueva ley SB 1070, que busca criminalizar la inmigración ilegal, o la situación que enfrenta Tucsón con la implementación de una ley que prohíbe la enseñanza de estudios méxicoamericanos, añade el profesor quien el próximo 28 de Enero será el orador invitado del evento de apertura de la exhibición del Tratado de Guadalupe Hidalgo en el Arizona State Museum.

Extractos del documento original bilingüe estarán en exhibición del 2 al 28 de Febrero en el museo, evento patrocinado por la organización Amistades, Inc. El tratado completo está en el Archivo Nacional en Washington D.C., pero estarán aquí en exhibición los artículos V, VIII, IX, X y XII.

¿Qué ORIGINÓ el tratado?

Al final de la guerra entre México y Estados Unidos en 1848, ambos países firmaron el Tratado de Guadalupe Hidalgo, que cedía territorio mexicano. Aunque se tiene la idea de que México vendió el territorio, los 15 millones de pesos que recibió por la tierra no fueron un pago, sino "una indemnización por daños a la república y la parte de la deuda que le correspondía a los territorios cedidos, adquirida cuando tenía toda su extensión", según el libro "Historia General de México", publicado por el Colegio de México en su versión del año 2000. "No era pago por las tierras; éstas habían sido conquistadas", agrega el texto.

Una conquista injusta, aseguran los historiadores, pues aunque la guerra entre ambos países comenzó con la disputa sobre la adición de Texas a Estados Unidos, las intenciones del presidente James K. Polk, eran otras.

Polk era un seguidor del Destino Manifiesto, una filosofía estadounidense que sustenta la convicción de que Dios eligió a Estados Unidos para ser una potencia, una nación superior al resto del mundo. Y la forma de demostrarlo era extenderse por todo el continente que había sido asignado por la Divina Providencia.

Polk quería un mayor porcentaje del territorio mexicano del que le fue cedido. La guerra entre ambos países fue vista como injusta incluso por extranjeros. Unos 200 irlandeses se unieron al ejército de México durante la guerra porque no les gustó que Estados Unidos estuviera peleando contra un País más débil y en desventaja. Aún así México resultó perdedor.

Consecuencias del tratado

El tratado en realidad sólo benefició a Estados Unidos porque por poco dinero recibieron la cesión de terrenos que les ayudaría a acelerar su crecimiento industrial, dicen los expertos.

"Un porcentaje muy alto del progreso de Estados Unidos está basado en la producción que se tiene en los territorios que pertenecieron a México, como California y Texas", explica Martínez, quien agrega que por ejemplo, un 42 por ciento del total de la producción de minerales, sin contar el gas natural, petróleo y carbón, se producen en los territorios que perdió México.

"Es la gran pérdida para México y la gran ganancia para Estados Unidos", dice.

Eso es una de las consecuencias económicas del tratado, además de las sociales. En Texas, por ejemplo, a los mexicanos se les restringió el derecho al voto; en New Mexico, fueron víctimas de la violencia y en California, las autoridades aprobaron leyes contra ellos, algunas de las cuales se les conoció como Leyes contra los Grasosos.

En cuanto a la tenencia de la tierra, muchas de las concesiones no fueron reconocidas. En California, cerca del 27 por ciento de ellas fueron rechazadas; en New Mexico el 76 por ciento.

Durante el Movimiento Chicano de los años sesenta, el líder de los derechos a la tierra de New Mexico, Reies López Tijerina, y su grupo Alianza invocaron el Tratado de Guadalupe Hidalgo en su lucha por recobrar las tierras que les fueron despojadas. En 1972, los Brown Berets, o Boinas Café, una organización de activistas chicanos, también invocaron el tratado cuando se apoderaron temporalmente de la Isla Catalina.

A partir de los años sesenta, agrega Martínez, ha habido cierta mejoría con la promulgación de leyes civiles, pero en Arizona pareciera que lo ganado en esa década se está perdiendo.

"Lo de estudios méxicoamericanos, por ejemplo, es una violación a la Constitución, el no permitir que la gente conozca su propia historia", dice.

Es de hecho indispensable que la comunidad entera, y no sólo los méxicoamericanos y mexicanos, aprendan de la historia de este País, agrega por su parte Griswold.

"Es muy importante que las personas entiendan que las raíces de Arizona, Calfornia, New Mexico, Texas, son mexicanas y españolas, así como indígenas. Nuestra cultura actual está fuertemente influenciada por esas raíces", insiste Griswold.

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