“Feliz Año Nuevo”, dijo la reconocible voz en mi auricular.

Era mi viejo amigo imaginario, I.K. Bruto, quien de vez en cuando me llama para sermonearme o retarme. Sin embargo, su voz sonaba inusualmente feliz. Por lo general suena como alguien que está comiendo saladito por primera vez.

“Estoy de muy buen humor”, exclamó.

No lo creo. Ahora me va a decir que el vórtice polar se congeló el Río Santa Cruz.

“Vamos a tener un parque”, dijo emocionado, como si estuviera echándole porras a los viejo equipos varonil de basquetbol de los Wildcats que alguna vez arrollaron a los Sun Devils de la Universidad Estatal de Arizona.

¿En serio? Deberíamos platicar, le dije. Le pedí que nos viéramos.

Minutos después, fui en mi carro a la base del Sentinel Peak y me estacioné. Caminé por ahí hacia un sofá abandonado en donde antes estuvo el basurero de la ciudad en la década de los cincuentas y a principios de los sesentas. Bruto se relajaba en el mueble hecho trizas bajo un glorioso cielo brillante y miraba para arriba hacia la “A” como si estuviera dentro de la Misión San Xavier del Bac.

“Quizá ahorita no haya nada aquí”, dijo, extendiendo sus brazos hacia el terreno deshabitado, con algo de escombros, hierba y unos cuantos árboles. En el fondo está el casi terminado edificio subsidiado de Caterpillar y el renacido centro de la ciudad. “Pero será un parque del desierto de Sonora”, agregó, “en el lugar de nacimiento de Tucsón”.

Mi generalmente gruñón amigo ahora era el Señor Sol. Se regocijaba con la decisión tomada a finales de enero por el consejo de Río Nuevo, que controla el futuro de esta tierra, dando su bendición preliminar a la creación de un parque inspirado en el desierto de Sonora en un espacio de casi 12 hectáreas al sur de West Mission Lane y al este de South Grande Avenue, a un lado del Barrio Sin Nombre.

“Es tierra histórica”, dijo Bruto, levantando la voz por encima del ruido de los carros. “Ha estado inhabitada por miles de años”. Y continuó:

“Primero fueron los indígenas quienes empezaron a cultivar a lo largo del río, luego los colonizadores españoles construyeron un convento y granero, seguidos por los agricultores mexicanos, a quienes después se les unieron familias anglosajonas, chinas y afroamericanas. Todo eso pasó aquí, y nosotros no lo valoramos”, dijo, calmándose.

Pero sí lo valoramos, le dije en un tono claro y sarcástico. Permitimos que desaparecieran las estructuras coloniales y años después creamos tres basureros, de los cuales el Cerro de la “A” era el más grande, dije.

Y continué: El futuro se asomó cuando los electores aprobaron en 1999 el plan original de Río Nuevo para la creación de estructuras interpretativas culturales e históricas y museos que contarían la historia de esta tierra y su gente.

Pero todo se vino abajo cuando las autoridades de la ciudad hicieron un mal manejo del primer Río Nuevo y el estado intervino, creando Río Nuevo dos con la encomienda de generar ingresos.

“Así es que qué apropiado que después de 20 años de que los electores dijeron sí a la promoción y preservación de la historia y cultura de Tucsón, quizá podamos empezar a visualizar un parque”, dijo el Señor Optimismo. “Completa el parque con el existente Jardín Misión y la reconstrucción de la Casa Carrillo a lo largo de Mission Lane, y la creación del sitio interpretativo indígena S-cukson y el adyacente complejo Mission, mucho de lo que el plan original de Río Nuevo pudo y debió hacer realidad”, dijo Bruto.

“Me gusta cómo suena eso”, dijo sobre su propia voz.

Bueno, le dije a Bruto, odio nublar tu iluminada perspectiva, pero yo estoy escéptico.

El plan inicial del parque pide que el Distrito de Control de Inundaciones del Condado Pima remueva 85,000 yardas cúbicas de sedimento del río en un proyecto de limpieza y prevención de inundaciones y que esparza el sedimento a lo largo del vertedero. Esto funcionaría como amortiguador para el gas metano subterráneo y permitiría el crecimiento de plantas desérticas.

Al vertedero se le daría forma, se plantaría vegetación y el parque tomaría forma. Mientras tanto, el distrito Río Nuevo, vecinos, preservadores y probablemente funcionarios de la ciudad y del condado pueden hablar y planear el futuro del parque.

Sin embargo, esto depende de un acuerdo final entre Río Nuevo y el condado, le dije a Bruto. Más aún, agregué, aún queda un sentimiento fuerte entre algunos miembros de Río Nuevo de desarrollar comercialmente el basurero. Pero un gran obstáculo para el desarrollo es que el costo de construir más departamentos o comercios o dar al relleno sanitario cualquier otro uso comercial sería prohibitivo. Costaría millones remover el sedimento y el suelo contaminado y reemplazarlo con relleno limpio.

De hecho, la ciudad de Tucsón está rellenando aproximadamente 2.6 hectáreas de terreno de su propiedad en Cushing Street, justo al oeste del edificio regional de Caterpillar ya casi terminado, le expliqué a Bruto. Esa tierra está zonificada como industrial y es muy probable que sea desarrollada, ahora que está llegando más construcción al área comercial y residencial del Mercado San Agustín, al norte del relleno sanitario, por West Congress Street, le dije.

“Así que, Don Entusiasta, ¿usted no cree que el parque sea construido?”, me preguntó Bruto.

No supe qué responder, así es que me alejé, dejando a Bruto en el soleado cielo de invierno.

Digamos simplemente que deseo que el parque llegue antes de que el hielo cubra el Río Santa Cruz.

Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al 573-4187.

Traducido por Liliana López Ruelas.