Si te contara sobre un niño que creció en el Barrio Hollywood en el oeste de la ciudad, donde corría en las calles de terracería y ayudaba a su mamá mexicana a atender su pequeño café, y quien después de graduar de Tucson High School se enlistó en la Fuerza Aérea de Estados Unidos y tras su salida honorable se estableció en Los Ángeles, se casó, empezó una familia y se convirtió en maestro universitario, reportero y ejecutivo pionero de la televisión y quien después fue cofundador de una cadena de televisión en español y participó en un consejo nacional supervisando la televisión pública, ¿me creerías?

Conoce a Frank H. Cruz. Él hizo todo eso y más. Pero antes de que sepas de sus logros, a él le gustaría que conocieras a la persona que estuvo detrás de su éxito: su mamá, Rutilia “Ruth” Osuna Peralta.

“Los valores que ella nos enseñó a mí y a mi hermano han sido los bloques con los que he construido mi vida”, dijo Cruz en una conversación telefónica desde su casa en el área de Los Ángeles el viernes 10 de mayo, Día de las Madres mexicanas y mexicoamericanas.

Cruz, de 79 años, detalló su vida en “Straight Out of Barrio Hollywood”, un libro en coautoría con Rita Joiner Soza. Y en el primer capítulo, Cruz pone a su madre y a su familia al frente y al centro.

“Mi mamá tenía solo 24 años, con dos hijos y un empleo de bajo sueldo que requería que pasara varias horas al día fuera de la casa”, escribió Cruz en su libro.

Ella nació en el estado de Sinaloa, menos de cuatro turbulentos años después de que estallara la Revolución Mexicana de 1910. A ella y a sus hermanas las mandaron a vivir a Nogales, Arizona. Después, la mamá de Cruz y algunas tías se mudaron a Tucsón en los años treinta. Se establecieron en la esquina de West St. Mary’s Road y North Columbia Avenue en el Barrio Hollywood, unas de las primeras familias en el barrio.

Los papás de Cruz se conocieron cuando ambos trabajaban en una lavandería. Pero antes de que Cruz naciera, su papá, Moses Cruz, murió de meningitis en 1939. Su mamá quedó a su libre albedrío… y su espíritu empresarial.

Creó el Colombia Café a un lado de la casa familiar. Cuando Cruz y su hermano mayor, Richard, no estaban en la escuela o haciendo tarea, estaban trabajando en el pequeño restaurante.

“Todos teníamos que entrarle. Donde encontró los medios para abrir el restaurante, tener ese espíritu emprendedor ... podría haberse quedado fácilmente en la lavandería. Ella tuvo la capacidad mental y el espíritu para abrir el café”, dijo.

Fue en la preparatoria cuando a Cruz le entró el gusanito de la televisión. En Tucson High, en una clase de radio impartida por Glenwood Broyles, Cruz y su compañera de clase Gloria Reynaga pasaron el año escolar produciendo un programa de radio de 30 minutos para la primera estación de radio en español de Tucsón, la KEVT, donde trabajaba mi papá, Ernesto V. Portillo. Los dos estudiantes reportaban sobre “cualquier cosa que era de interés para los dos, para nuestros compañeros y nuestras familias”, escribe Cruz en su libro.

“Siempre he tenido claro que las duras circunstancias de mi infancia pudieron haber terminado en una historia más típica de falta de esperanza y potencial desperdiciado”, escribe Cruz.

Pero sus mentores le dijeron lo contrario, primeramente su madre, quien murió en Tucsón en el 2009 a los 95 años.

Cruz piensa en su mamá todos los días, pero en el Día de las Madres sus pensamientos sobre ella fueron más intensos. Debido a la ética de trabajo que les inclulcó a sus dos hijos, Cruz le atribuye a ella su éxito. “Por mi mamá, yo aprendí a estar dispuesto a correr riesgos”, dijo en nuestra conversación.

Después de su alta militar, Cruz se graduó con dos títulos de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles y empezó a dar clases, primero en preparatoria y luego en la universidad. Enseñaba historia mexicoamericana, clase que no se impartía a fines de los años sesenta, cuando empezó a surgir el movimiento por los derechos civiles de los mexicoamericanos. También ayudó a crear una serie de televisión histórica de 20 partes sobre la experiencia y las contribuciones de los chicanos. Esto llevaría a Cruz a la industria de la televisión.

Se convirtió en uno de los primeros reporteros latinos de televisión en Los Ángeles, primero con KABC-TV y después con KNBC-TV. Más adelante en su trayectoria en KNBC fue presentador de noticias de fin de semana, siendo una vez más uno de los primeros chicanos.

Subsecuentemente, en 1985, Cruz fue cofundador de la segunda estación de televisión en español de Los Ángeles, la KVEA-TV, que en 1987 Cruz incorporó a la red nacional de Telemundo que él fundó.

Y en 1994, el presidente Bill Clinton nombró a Cruz como integrante de la junta directiva de Corporation for Public Broadcasting, una posición sin remuneración económica que sostuvo por 13 años, dos de ello como su presidente.

Como la primera persona no anglosajona en la junta directiva, Cruz impulsó la red de televisión pública y de estaciones de radio a ser más incluyente y reflejar los cambios demográficos de Estados Unidos.

En el camino también cofundó la primera empresa nacional de seguros propiedad de un latino, estuvo durante 19 años en el consejo de administración de su alma máter, la USC, y fue inducido al Salón de la Fama de Tucson High School, generación 1957.

Aunque los recuerdos de Cruz se enfocan en sus batallas personales y en sus logros, su historia también se trata del surgimiento y evolución de los mexicoamericanos en el sudoeste de Estados Unidos y en los cambios sociales derivados de ellos. Su historia también nos recuerda los continuos retos que enfrentan las poblaciones mexicoamericanas y latinas, a pesar de sus crecientes números.

Sin embargo, más allá de los hilos sociales y políticos que Cruz teje en su libro, en su esencia hay una historia sobre un hijo y su madre viuda.

“Nunca tuve un padre’, dijo. “Mi madre es realmente especial para mí porque era todo lo que tenía. Amorosa. Disciplinaria. Súper, súper especial”.