Por Kathleen Allen

La Estrella de Tucsón

En “American Mariachi”, la obra montada en Tucsón por Arizona Theatre Company, un grupo de mujeres jóvenes se reúne para formar un mariachi.

Se sitúa a principios de la década de los 70s, cuando lo masculino, lo femenino y el mariachi no se mezclaban. Se trata también de cuando Leonor Xóchitl Pérez, entonces estudiante de secundaria, se enamoró por primera vez de esa música.

“Para mí, mis papás eran inmigrantes y no les gustaba la idea de que yo fuera músico de mariachi”, dice Pérez, maestra establecido en San Diego y fundador del Festival de Mariachis Femeniles (el cual vendrá a Tucsón en mayo).

“Mis padres no comprendían el concepto. … Querían que yo fuera violinista concertista. Lo tomaban como si yo estuviera retrocediendo”.

Pero ella siguió tocando en el mariachi de la escuela hasta los 16 años. Entonces, “ellos me quitaron mi violín y el mariachi”.

Después de que graduó de la preparatoria, Pérez ganó la oportunidad de un trabajo temporal (internship) y se fue a Washington D.C. Su madre no sabía que se mantendría como integrante del Mariachi de las Américas.

Cuando luego de varios años volvió a su casa de Los Ángeles dejó atrás el mariachi, pero lo retomó 10 años después, mientras trabajaba en su doctorado en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

Para entonces, no era inusual que hubiera mujeres en los mariachis, gracias a los mariachis escolares que se desarrollaron en los años en que ella descubrió su pasión por el mariachi.

En Tucsón, fueron Los Changuitos Feos, un mariachi integrado por puros niños en 1064, los que dieron un alto perfil al género en el Viejo Pueblo.

“A pesar de la presencia de un mariachi en (el restaurante) La Fuente a partir de 1960 y del surgimiento por ese mismo tiempo del grupo local Mariachi Los Tucsonenses, fueron Los Changuitos Feos, por mucho, los que tuvieron el mayor impacto en la escena del mariachi en Tucsón”, dice Daniel Buckley, cuyo documental “The Mariachi Musical” se espera que se presente el próximo año.

“Abarcaron la gran comunidad y realmente trajeron mucha más atención que nadie más a este arte, por lo menos al principio”.

Pero fue hasta los años ochentas, cuando las clases de mariachi se ofrecían en escuelas, que Los Changuitos Feos aceptaron niñas, dice Buckley. Eso fue seis meses después de que el grupo juvenil Mariachi Nuevo aceptara niñas, agrega.

“Las niñas eran las mejores violinistas”, dice Buckley. “Era difícil hacer que los niños tocaran el violín; era considerado un instrumento de mujeres”.

Los mariachis mixtos cambiaron esa dinámica, dice Buckley.

La tucsonense Mónica Treviño, de quien Bucley dice que “tiene voz de diosa”, descubrió el mariachi aquí en un programa escolar. Pero cuando se fue a Los Ángeles para seguir su sueño de cantar con mariachi, se encontró con obstáculos.

Estaba tocando con un grupo y adquiriendo experiencia cuando llamó al grupo más famosos de la zona, Mariachi Los Camperos de Nati Cano, con el deseo de integrarse al hasta entonces mariachi de puros hombres.

“No respondieron”, dice Treviño, quien después hizo una gira con Linda Ronstadt.

“Pero seguí llamando”.

Su persistencia rindió frutos. Se integró al grupo y cantó con ellos durante ocho años.

“Me sentía en casa”, dice. “Estaba en donde había nacido para estar. El escenario era mi hogar, los muchachos eran como mi familia. Fue un tiempo increíble”.

Contacta a Kathleen Allen en kallen@tucson.com o e 573-4128. En Twitter: @kallenStar.

Traducido por Liliana López Ruelas.